Esta semana, en 'La Promesa', la carta que recibió Simona la firmó su hijo, pero esta vez no se trataba de una misiva enviada por el maestro, sino que realmente la escribió el verdadero Antoñito. Y la única con la que pudo compartir su inquietud fue Candela. La desaparición del dinero conseguido con la venta de las mermeladas tardó poco en dejar de ser un misterio para Catalina. La muchacha era consciente de que la sustracción de las ganancias podía resultar ser un duro golpe para el negocio. La memoria de Ramona seguía siendo frágil y, tanto las preguntas de Curro como de Jana, quedaron sin respuesta. Sin embargo, la anciana tuvo un desliz que acarreó graves consecuencias para el muchacho. La situación de Mauro y Lope se agravó por varios motivos, pero siempre con Rómulo detrás de ellos.

Jimena insistió en que no iría al baile de máscaras organizado por la marquesa. Quería dejar en evidencia a Los Luján. Jana se mostró distante con Manuel, mientras Abel pregonaba su historia de amor con la doncella a los cuatro vientos. Pelayo aseguró a Catalina que arreglaría lo de las mermeladas, pero Cruz se lavó las manos cuando él le pidió ayuda. Margarita seguía penando porque Lorenzo boicoteaba todos sus intentos de hacer negocios con su parte de la finca. Así que Catalina le buscó el ayudante más insospechado. Salvador estaba convencido de que Lope ocultaba algo y María Fernández no conseguía sonsacarle. Rómulo seguía irascible y Pía le pidió que se moderara. Petra y Feliciano volvieron del entierro de su padre. Curro volvió a visitar a Ramona, la relación entre los dos era cada vez más estrecha, como la de un nieto con su abuela. Pero en esta última visita Curro descubrió un secreto que cambiaría su vida para siempre.

La carta encontrada por Curro en la cabaña de Ramona contenía información que hizo temblar los cimientos de La Promesa, pero de momento solo hizo temblar los del muchacho, que acababa de descubrir la verdad sobre su origen. Catalina seguía cada vez más enamorada del conde de Añil, quien la agasajaba con atenciones y regalos. Todos los habitantes de La Promesa se disponían a prepararse para la fiesta de disfraces. Aunque intercambios de última hora de los atuendos provocaron las confusiones más terribles. María Fernández seguía erre que erre pretendiendo colarse en la fiesta. La doncella trató de engatusar a Jana, sin ser consciente de que, si lo hacía, podían acabar las dos de patitas en la calle.

Manuel se fue a la playa y no lo hizo solo

La fiesta de disfraces continuó y María Fernández se convirtió en la auténtica reina del baile sin que nadie sospechara que era una doncella. También amparados bajo sus máscaras, Manuel y Jana dieron rienda a su pasión, al igual que Catalina y Pelayo. Enterada de que su marido había estado bailando con una joven rubia durante toda la fiesta, Jimena volvió a enfrentarse a Manuel. Este decidió poner distancia con Jimena.

Manuel se fue a la playa y no lo hizo solo. Jana lo acompañó a ese paraíso donde no solo tenían la posibilidad de dar rienda a su amor sino también de conocerse a fondo. Simona seguía siendo incapaz de dar respuesta a la carta de su hijo. Candela pidió ayuda a un transformado Lope, para ver si él podía conseguir que la cocinera dejara atrás aquello que le impedía responder a Antoñito. Las lecciones de Rómulo a Mauro no habían terminado ni mucho menos. El mayordomo seguía impartiendo clases, pero el lacayo descubrió el terrible secreto que ocultaba su superior.