Esta semana, en 'La Promesa', incendio en La Promesa. Todos se afanaron en extinguirlo. Catalina fue la más perjudicada, porque inhaló demasiado humo; aunque logró explicar que fue Jimena quien lo originó. Rómulo también salió perjudicado por el incendio y decidieron que el médico lo examinara por si hubiera complicaciones por su reciente enfermedad pulmonar. Abel determinó que Catalina necesitaba oxígeno y que había que ir a buscarlo a otro pueblo lejano. Cruz sobornó al chófer para que se retrasara todo lo que pudo. Jimena seguía enajenada y decía no recordar cómo se originó el incendio. Y los Luján decidieron que ya había llegado el momento de llamar a los padres de la mujer.

Estos se presentaron de inmediato en La Promesa y cuando vieron el estado en el que se encontraba su querida hija se plantearon tomar medidas drásticas contra los Lujan. Rómulo tuvo una recaída y Abel confirmó que debía cuidarse pero que no corría peligro. La suerte opuesta a Catalina. Curro tenía dudas sobre su futuro, le daba vuelta a las palabras envenenadas de Lorenzo para convencerlo de que se alistara en el ejército, y le planteaba sus cuitas al marqués. Toda estratagema era válida para Valentín a la hora de intentar conquistar a María Fernández, para disgusto de Salvador. Lo que ninguno sabía era que alguien que cambiaría las tornas estaba a punto de llegar a La Promesa.

Los Luján expusieron a los Duques de los Infantes la deriva de locura de Jimena, y estos optaron por llevársela a su casa para que allí se recuperara. A solas, Manuel le reconoció a Jana que esto supuso un punto de inflexión en su matrimonio. Petra por fin pudo hablar con Feliciano de sus verdaderos orígenes y este volvió a rechazarla. En la intimidad, Feliciano le confesó a Teresa que su vida era una mentira y que no debió haber nacido; Teresa lo animó, nada de su pasado era culpa suya y no debía hundirse. Lope agradeció a los Marqueses haberlo traído de vuelta y se enteró de que fue Mauro quien lo logró. Catalina cada vez estaba peor, necesitaba cuanto antes el oxígeno. Pelayo y Mauro fueron a buscarlo.

María Fernández consiguió dejar claro a Lope que su corazón no le pertenecía

Afortunadamente ambos hombres llegaron a tiempo con el oxígeno. Catalina respondió bien al tratamiento para felicidad de todos excepto Cruz. El interés de Curro por Alonso, y viceversa, siguió en aumento. Tío y sobrino tuvieron un encuentro del que Jana fue testigo, sacando conclusiones nada desencaminadas. Pero no fue lo único que ocupó a Jana… Ahora que Jimena estaba fuera, en el palacio de sus padres, quedaba más patente que nunca que su romance con Manuel era una quimera y los dos pactaron poner distancia entre ellos. Gracias a la intervención de Feliciano, Salvador empezó a darse cuenta de que la tregua amorosa entre María Fernández, Lope y él no llevaba a ningún sitio. Teresa enfrentó a Feliciano a la realidad, no podía hundirse a consecuencia de su pasado, y más si él ni siquiera era responsable.

María Fernández consiguió dejar claro a Lope que su corazón no le pertenecía, pero no veía el momento de declarar su amor a Salvador. Aliviado por la recuperación de Catalina, Alonso intentó tomar cartas en el asunto del retraso del chófer, pero Cruz ya se le había adelantado despidiendo al empleado y mandándolo bien lejos. Por su parte, Mauro compartió con Manuel su sospecha de que la avería en el sidecar fue intencionada y no accidental. Cruz esperaba con angustia que la marcha de Jimena de La Promesa no trascendiera entre sus amistades, algo difícil según Margarita. Jana y Manuel seguían sin poder evitar encontrarse a solas y Abel seguía sin asumir que Jana había roto definitivamente con él.