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Esta semana en 'La Promesa', la salud de la pequeña Rafaela se debilita con cada hora que pasa, y la inquietud se adueña de los muros de La Promesa como una niebla densa e implacable. Catalina y Adriano recorren los pasillos con el alma en vilo, aferrados a la esperanza de hallar una cura que les devuelva la paz. Alonso, por su parte, emprende una búsqueda frenética, moviendo cielo y tierra con tal de dar con un médico dispuesto a socorrer a la niña. Pero todos sus esfuerzos chocan con una barrera de miedo: ningún doctor del pueblo osa contrariar la voluntad del barón de Valladares. Así, el palacio se sume en un silencio cargado de presagios. Lorenzo, impasible, sentencia el destino de la criatura, convencido de su muerte. Leocadia, en cambio, se rebela contra la fatalidad: si Rafaela recibe el tratamiento adecuado, aún hay esperanza, como vimos en los capítulos anteriores de 'La Promesa'.
Toño observa a Manuel y Enora en 'La Promesa'
Entretanto, Ricardo intenta en vano recomponer el vínculo roto con su hijo. Cada palabra, cada gesto, parecen alejarle más. El nuevo ayudante del marqués observa en silencio... y pronto descubre que Santos ha vuelto a las andadas, y lo ha hecho del peor modo imaginable. Pía, deseosa de restablecer la armonía, se atreve a intervenir, pero su intento solo consigue el rechazo del lacayo, que ya ni disimula su desprecio.
En otra ala del palacio, el aire se llena de una electricidad distinta. Enora ha logrado lo impensable: convencer a Manuel de volar una vez más. El joven rompe su promesa y sube al aerostato junto a ella, regalándole a la muchacha una experiencia mágica, casi etérea. La conexión entre ambos es tan evidente como el murmullo del viento en lo alto. Pero Toño, siempre discreto, observa en silencio, atrapado entre el deseo y la resignación. ¿Tendrá el valor de luchar por su amor?
Curro y Ángela viven su amor en 'La Promesa'
Mientras tanto, la cocina recupera a su alma mater: Lope ha vuelto. Sin embargo, el recuerdo de su paso por casa del duque de Carril le persigue. Su amigo Curro no olvida las afrentas sufridas y aguarda su momento de justicia. Y como si fuera poco, Cristóbal continúa imponiendo su voluntad, ordenando transformaciones arbitrarias en el despacho de Ricardo y Santos. El nuevo mayordomo se siente amo del lugar, para desesperación del servicio, especialmente de Simona y Candela, cuando osa menospreciar uno de sus platos más preciados. Mientras, Ángela y Curro viven su amor intensamente.














