- 4 novelas históricas españolas que están entre las más vendidas de La Casa del Libro y son realmente adictivas
- "De una belleza irresistible": la prensa internacional señala este libro de época de 2025 como una de las novelas más adictivas del año
- La novela de Julia Quinn inspirada en 'La Cenicienta' que adapta la temporada 4 de 'Los Bridgerton'
En mi familia, como imagino que en todas, hay tradiciones preciosas. Por ejemplo, comer cada dos domingos las croquetas de mi abuela, escuchar villancicos en el coche con mis primos de camino al pueblo aunque no sea diciembre, planear noches karaoke con mis tías una vez al mes... Y hablar de un apellido que se cuela en los cajones de mi casa desde hace décadas: Rubio. Si me pongo a rebuscar en la habitación donde estudiaba de niña, seguro que todavía aparecen cuadernillos finos, de tapas claras, con problemas de matemáticas y caligrafía que han marcado todos mis veranos de mi época cole. Mi madre hizo los suyos, mi abuela vigiló que se cumplieran, y yo juré que de mayor nadie volvería a mandarme "deberes" con su nombre en la portada.
Pues, chicas, sin querer caer en frases clichés, os lo tengo que decir: nunca digáis nunca. Me he aficionado a los nuevos míticos cuadernos Rubio de los años 90 (ahora para adultos). Cuando los descubrí por primera vez, de entrada, me sonó a karma. Los mismos que me hacían repetir la "m" mil veces me han regalado ahora un rato de letras bonitas. Cuando me llegó, reconocí el mimo de siempre en el papel y en las explicaciones. Admito que tuve una idea bastante gamberra (y tierna)... Devolver a mi madre y a mi abuela todas las tardes de cuaderno en versión placer, sin exámenes, sin notas y con bolis de colores (en lugar de lápices mordidos). Lo envolví dos veces, puse un lazo sencillo y lo dejé caer como quien no quiere la cosa en una sobremesa de domingo.
El libro se llama 'Más que lettering: ideas y proyectos con letras bonitas' y, detrás del título, esconde una propuesta que entendieron al minuto incluso ellas, que no pasaron precisamente el día en Pinterest. Lo que ofrece, con toda la naturalidad del mundo, es un montón de ideas para hacer cosas bonitas con las manos: láminas, decoración de zapatillas, tarjetas de cumpleaños, portadas para cuadernos, etiquetas para regalos, decoraciones pequeñas para fiestas o para Navidad. Todo construido a partir de letras trabajadas con calma. Son proyectos reales que se pueden usar, regalar y presumir después.
La editorial Rubio nació hace más de 65 años gracias a Ramón Rubio, un maestro que se obsesionó con la idea de que el cerebro podía entrenarse a través de ejercicios sencillos de escritura y cálculo. Convirtió estos ejercicios en cuadernos que han vendido cientos de millones de ejemplares y han pasado por las mochilas de media España. Con el tiempo, el "hacer la letra bien" ha evolucionado hasta algo distinto para disfrutar escribiendo. De ahí salen sus colecciones de caligrafía creativa y lettering, su apuesta por materiales que ayudan a concentrarse, a afinar la mano y a despertar nuestra parte creativa que suele quedarse dormida entre facturas, grupos de WhatsApp y listas de la compra interminables. 'Más que lettering' recoge todo lo aprendido y lo empaqueta en un formato muy sencillo.
La escena en casa estos días de fiesta ha sido más o menos así: salón con la calefacción justa, mantel navideño que ya ha visto demasiadas comidas, tele apagada por decisión histórica y el libro en medio de la mesa. Mi madre lo abre por un proyecto de tarjetas de felicitación y empieza a leer en voz alta, como cuando ayudaba con los deberes. Se ríe con la parte en la que te animan a no obsesionarte con la perfección, repasa el listado de materiales (rotuladores de punta de pincel, papel un poco más grueso, lápiz, goma, tijeras) y enseguida empieza a seleccionar colores. Mi abuela, más prudente, se queda primero mirando las fotos paso a paso, toca el papel con los dedos, comprueba que los trazos están bien explicados y acaba pidiendo "uno de esos bolis verdes buenos".
El libro está diseñado para que alguien que lleva años sin escribir a mano (más que la lista del súper) se pueda poner delante de un proyecto y saber por dónde empezar. Cada idea viene desglosada con cariño, con fotos del resultado final, recuadros, a veces con el tiempo orientativo, el listado de materiales y con una secuencia de pasos clara, imágenes grandes y textos breves que marcan el ritmo.
Uno de los detalles que más juego está dando en casa son los códigos QR que se esconden en las páginas. Para cada proyecto, el libro ofrece plantillas y videotutoriales a los que se accede con el móvil. Se escanea, se abre un vídeo corto y de pronto la persona que enseñaba en papel cobra vida en la pantalla y muestra el trazo, el giro de muñeca, el orden en que conviene construir la palabra. Mi abuela, que con los códigos se lleva regular, se aprovecha de mi madre. Ella abre el vídeo, deja el móvil apoyado en una taza y las dos imitan el movimiento como si estuvieran en una clase particular en el comedor. El resultado no es idéntico al del libro (y menos mal) pero el proceso lo disfrutan.
Mi madre, que pasa muchas horas sola entre semana al volver del trabajo y suele rellenar huecos con series de televisión que ni le interesan demasiado, ha encontrado en estos proyectos una excusa perfecta para bajar revoluciones. Pone música, coloca el libro abierto, se prepara el material y se da una especie de cita con ella misma, con mano y mente ocupadas en algo que le exige atención y no agobia.
Mi abuela, que siempre ha sido de rosario y costura, ha descubierto en estas letras una manera distinta de rezar calma, repetir un trazo hasta que el cuerpo se lo aprenda, respirar al ritmo del rotulador y dejar que la cabeza se quede en blanco mientras la mano dibuja. La foto que os adjunto a continuación es del último ejercicio que ha completado.
Durante las fiestas hemos tenido en casa un pequeño catálogo de pruebas, puntos de libro con los nombres de los nietos, etiquetas para los tuppers que mi abuela manda a media familia, una guirnalda de Navidad improvisada con cartulinas y letras grandes que, sinceramente, se ha convertido en la mejor decoración de este año. Lo bonito es que, si miras de cerca, nada ha salido perfecto, las líneas se tuercen, los grosores varían y alguna "r" sale más grande de la cuenta. Y aún así el resultado no podría ser mejor.
'Más que lettering' no se queda corto si a mitad de camino te pica el gusanillo y quieres complicarte un poco más. Las primeras páginas proponen propuestas muy sencillas (escribir palabras grandes, jugar con rellenos, probar combinaciones de dos colores). A medida que se avanza, aparecen proyectos que ya incluyen composiciones más complejas, fondos, efectos de sombra, cambios de tamaño y de ritmo. Se puede avanzar siguiendo el orden del libro o ir saltando según el ánimo.
Quien haya tenido en sus manos otros materiales de Rubio reconocerá lo didáctico y lo bonito. Ahora lo habitual es que todo pase por una pantalla.. Es muy enriquecedor encontrar un libro que pide sentarte, apoyar el codo en la mesa, mancharte un poco los dedos y ver cómo el tiempo pasa de otra manera. Y, como regalo, tiene una ventaja enorme. Como es un libro de actividades, no te vas a complicar porque no hace falta saber si la talla es la correcta, si el perfume gustará, si la crema encaja con la piel. Basta con conocer a tu madre, tía o abuela que lleva meses diciendo "me aburro" o "debería hacer algo para mí" y colocarle este libro delante con un "prueba, y si no, lo usamos para apuntar recetas".
Desde fuera puede parecer un libro más en la estantería de ocio (aunque es precioso estéticamente, la verdad). Pero desde dentro, visto lo que ha provocado en mi casa estas Navidades, se siente como una puerta pequeña a un tipo de calma muy necesaria. Mi madre y mi abuela han llenado varias tardes de tinta y risas, han rescatado recuerdos de sus cuadernos Rubio de niñas y han descubierto que, a su edad, todavía pueden aprender un gesto nuevo con la mano. Un libro bien pensado es el mejor regalo que se puede hacer en fiestas… y cualquier otro mes del año.













