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Dolores Redondo (San Sebastián, 1 de febrero de 1969) creció en Pasajes, un puerto industrial del País Vasco. De niña lo odiaba. Esta historia no es la versión suavizada de una escritora que recuerda su infancia con nostalgia desde la madurez. Redondo la cuenta con toda la contundencia del mundo en el pódcast Los libros secretos de La Vanguardia. Allí lo describe así: "Aborrecía el lugar donde había nacido. Lo odiaba. Lo odiaba porque era un sitio ligado al esfuerzo, al trabajo. Era un sitio feo, era un sitio contaminado, era un sitio que olía mal. Era un sitio lleno de gente tosca y burda que trabajaba muy duramente". Y continúa: "Yo era una niña bastante pedante y leía mucho. Encontraba que el lugar donde yo había tenido la desgracia de nacer nunca iba a ser lugar para una novela". La niña que leía a Mario Puzo y quería irse a vivir a Boston, que miraba las viudas de los marineros muertos y los funerales desde su ventana, que pensaba que la gran literatura ocurría en otras partes, en lugares con glamour y con historia y que su puerto gris y trabajador no tenía nada que ofrecer a la ficción es la misma niñaque años después escribió la 'Trilogía del Baztán' y transfiguró el norte rural y húmedo del País Vasco y Navarra en el escenario de uno de los fenómenos literarios más grandes de la narrativa española contemporánea.
La Trilogía del Baztán incluye: 'El guardián invisible', 'Legado en los huesos' y 'Ofrenda a la tormenta'. Dolores Redondo también fue Premio Planeta 2016 con 'Todo esto te daré'. Es una de las escritoras en lengua española más vendidas del mundo, con sus libros traducidos a 39 idiomas. Las tres películas basadas en la trilogía están disponibles en Netflix. Pero todo su recorrido, desde la inspectora Amaia Salazar, el valle del Baztán hasta la mitología vasca como elemento central de una novela negra, tuvo que superar una resistencia editorial que Redondo recuerda en el pódcast. Le decían que 'El guardián invisible' no iba a funcionar porque era demasiado localista, porque "tenía palabras en euskera que limitarían el libro a una zona del norte", porque "usaba mitología que nadie entendería" fuera de esa geografía concreta. Y Redondo ya sabía, porque había leído a Ana María Matute, que tal objeción no tenía ningún fundamento.
El libro que recomienda es 'Pequeño Teatro', de Ana María Matute (Barcelona, 1925-2014), una de las grandes escritoras españolas del siglo XX, Premio Cervantes 2010 y Premio Nacional de las Letras Españolas. Publicó esta novela en 1954 y ganó con ella el Premio Planeta de su año. Lo publica Austral. Es la historia de un pequeño puerto del norte de España (que podría ser, dice Redondo, Getaria, o cualquiera de esos puertecillos del País Vasco) construida alrededor de un teatro de títeres, de un anciano que da vida a unos muñecos y de toda la galería de personajes que orbitan alrededor del pequeño teatro con sus miserias, ambiciones, mezquindades y sueños fracasados. Matute la escribió con veintitrés años y ya tiene dentro todo lo que le haría enorme: la dureza, lo sucio de la vida, la magia oscura, la prosa poética.
"Vivía frente a una iglesia en la que casi cada día se celebraban misas funeral, cabos de año, de todos los marinos que morían en el mar, de toda la gente que moría trabajando en el puerto. Yo vivía en aquel ambiente de viudas, de negritud, de luto, de paseos al cementerio y leía y leía muchísimo y desde muy pequeña", cuenta Redondo, una niña que leía mucho rodeada de muerte y de trabajo duro y que soñaba con irse a vivir a lugares donde ocurrieran cosas mejores. Cuando leyó 'Pequeño Teatro', algo cambió. "Esta novela me hizo ponerme en paz con el lugar donde yo había nacido porque entendí que se podía escribir una gran novela en un lugar que incluso en algún momento había soñado, y llegar a amarlo, como me ha ocurrido con el tiempo, y llegar a descubrir que aquello que era sordidez realmente era el esfuerzo y la vida que se estaba dejando allí muchísima gente".
La obra le enseñó que la dureza, la sordidez, el trabajo pesado y las vidas ordinarias tenían tanto valor literario como cualquier ciudad con glamour. Matute escribía sobre lo sucio de la vida con una mirada que Redondo describe así: "Ana María no tenía miedo de hablar de lo sucio, de la vida, de las partes sórdidas y de cómo a veces incluso nos vemos atraídos hacia esa parte".
Ana María Matute como referente
La relación de Redondo con Matute nos demuestra algo activo y cotidiano. Redondo habla en el pódcast de su amistad con Paz Ortuño, la correctora de Ana María Matute durante toda su carrera y que ahora es también la suya. "A menudo, cuando nos juntamos, surge el tema de Ana María y de las múltiples anécdotas sobre su carácter, porque, bueno, a pesar de que ha trascendido una Ana María Matute como ese hada blanca maravillosa, Ana María tenía mucha retranca, Ana María tenía un sentido del humor muy fino". Y añade: "Solemos hablar de ella casi como si en cualquier momento fuese a venirse a tomar una copa con nosotras".
Redondo describe, además, la conexión entre 'Pequeño Teatro' y la 'Trilogía del Baztán' de esta manera: "En esta novela hay un pequeño teatro, es un teatro de títeres y tiene que ver con el mundo de cómo se entremezla la ficción y casi la personalidad de esos muñecos. Y esa vida que se mueve entre los que en teoría los mueven y esos muñecos que son los únicos verdaderamente libres y que desde su estantería nos están juzgando". La viva imagen de los muñecos que juzgan a los humanos que los manejan es también una imagen de Matute en su esencia de escritora que ponía a sus personajes a mirar a las personas reales con una lucidez que las personas reales raramente tenían sobre sí mismas.
Redondo ha terminado siendo lo que aquella niña pedante de Pasajes nunca habría imaginado poder ser: la escritora que ha puesto en el mapa literario mundial un valle del norte de España con leyendas, lluvia, palabras en euskera y gente dura y trabajadora. Lo que le enseñó Matute fue que la literatura necesita miradas. También, en relación a esto, que una mirada honesta sobre un puerto que huele a pescado y a funeral puede guiar hacia una gran novela, igual que le pasó a Matute con aquel pequeño puerto del norte, igual que le pasó a Redondo sobre el Baztán.











