Máximo Huerta (Utiel, Valencia, 1971) tiene una librería. En 2023 abrió La Librería de Doña Leo en Buñol, Valencia. En poco tiempo ha pasado a ser un centro de convergencia literaria y cultural. Abrir una librería en un pueblo de menos de diez mil habitantes, después de llevar años en televisión como periodista y de publicar diez novelas con Planeta, deja caer que lo que quiere es obrar un espacio donde los libros circulen, donde los lectores se encuentren y donde alguien pueda recomendar a otros. Desde este lugar, la recomendación que hace Huerta en el pódcast Los libros secretos de La Vanguardia sobre un escritor francés Nobel de Literatura tiene una importancia bonita.

Cuando la periodista le señala que la mayoría de los invitados al programa eligen obras de autores fallecidos, libros de biblioteca de toda la vida, Huerta responde con una observación que lo sitúa en una posición editorial que nos interesa. "Si nos vamos solamente a los clásicos, que lo hacemos a lo mejor por un esnobismo, no hay que hablar de obras que están ahora en las librerías y que acaban de ser escritas y que tienen esa pulsión del hoy". Como él defiende, "podría haber dicho 'Moby Dick'", que también le gusta mucho, pero eligió un nombre que sigue vivo, que sigue escribiendo, cuyas novelas se pueden comprar en librerías y que merece que la gente lo descubra ahora y no dentro de cincuenta años como un monumento del siglo XX.

El escritor que recomienda es Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, Francia, 1945), Premio Nobel de Literatura en 2014. El libro que señala se titula 'En el café de la juventud perdida', publicado originalmente en 2007 y disponible en España en Anagrama. "A Modiano lo descubrí por esta obra. A partir de ahí me fui a todas las anteriores". Sin duda, así se producen los mejores descubrimientos literarios.

Anagrama 'En el café de la juventud perdida', de Patrick Modiano

'En el café de la juventud perdida', de Patrick Modiano

Especificaciones

EditorialAnagrama
Número de páginas136
Año de edición2019

Huerta entiende su mecánica. "Modiano tiene algo que puede ser una crítica negativa, pero para mí es un piropazo: consigue que todas las novelas sigan haciendo la misma novela. Si tú has abandonado una novela suya, vuelves a otra y crees que es un siguiente capítulo de otra novela". Existe entonces una coherencia de universo muy sostenida que permite que cada libro sea autónomo y, a la vez, parte de algo mayor. Modiano lleva sesenta años escribiendo siempre sobre lo mismo, sobre la memoria, París, la identidad, la búsqueda de la misma, el pasado... Y en cada libro sus obsesiones rinden una variación de la misma música, con el mismo timbre y melodía distinta.

El Nobel sueco ha descrito a Modiano como alguien que "con el arte de la memoria ha evocado los destinos humanos más inasibles y descubierto el mundo de la ocupación alemana". Pero reducir a Modiano a su obsesión con la ocupación es quedarse con una parte de lo que hace. Sus novelas más tardías, entre ellas 'En el café de la juventud perdida', operan en el territorio del París de los años sesenta, bohemio y melancólico, con personajes sin raíces que deambulan por un escenario urbano interesante. Un París que es también el de Huerta porque ha ambientado varias de sus novelas en distintas épocas de la misma ciudad. Una afinidad geográfica e imaginaria entre los dos escritores que excusa la fascinación que Huerta experimenta al leer a Modiano.

'En el café de la juventud perdida' tiene una estructura narrativa que es en sí misma una declaración de principios sobre cómo Modiano entiende la memoria y la identidad. "Es una novela que marca", dice Huerta. Nos encontramos con cuatro voces distintas que nos cuentan sus encuentros con Louki, una joven enigmática que frecuenta el café Condé en el París de los años sesenta, entre poetas malditos, futuros situacionistas y estudiantes fascinados por la bohemia. Ninguna de las cuatro voces tiene la historia completa de Louki. Ninguna la entiende del todo. La imposibilidad de conocer a alguien enteramente, de poseer la verdad de otra persona aunque hayas pasado tiempo con ella, es el tema real del libro. Estamos ante una novela sobre cómo la memoria distorsiona y selecciona y construye, sobre cómo recordamos a las personas que han pasado por nuestra vida. De hecho, Huerta lo explica en el pódcast a su manera: "Tiene todo lo que luego él trabaja muy bien. Ese paseante francés, ese hombre que recuerda, esa obsesión por el deseo y por el recuerdo del deseo. En esta obra no muy larga, tiene todo". Su compresión (mucho en poco espacio) distingue a Modiano de escritores expansivos. Su economía de medios está ligada a su precisión, a la convicción de que la insinuación y la elipsis producen en el lector una sensación de plenitud que la explicación exhaustiva produce menos.

Huerta es conocido por novelas que hablan del amor, de la identidad, de los lugares y las épocas. Modiano escribe sobre ello también. Nos habla sobre cómo los lugares que hemos habitado nos habitan a nosotros. También sobre el pasado de una ciudad y cómo éste se filtra en el presente de sus habitantes. La sensibilidad compartida, aunque expresada en registros distintos, justifica, en parte, por qué Huerta recomienda este libro como punto de entrada a toda la obra de Modiano. 128 páginas que Huerta describe como obra que posee todos los ingredientes de una novela importante.