El primer cumpleaños, la primera Navidad y también las primeras vacaciones. Después de la muerte de un ser querido llegan inevitablemente fechas y momentos que antes compartíamos con esa persona y que pueden hacer que su ausencia vuelva a sentirse con mayor intensidad. Este es el primer verano que la reina Sofía pasa en Mallorca tras la muerte de su hermana Irene, a quien estaba muy unida y con quien compartió durante años numerosos momentos en la isla. Rodearse de Felipe VI, la reina Letizia y sus nietas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, puede ser fundamental. La psicóloga Silvia García, directora del centro Razón y Emoción, explica cómo el acompañamiento familiar puede ayudar durante esta etapa, por qué volver a lugares cargados de recuerdos puede despertar emociones contradictorias y algo especialmente importante: estar de vacaciones no significa tener que dejar de estar triste. "El apoyo familiar no debe centrarse en intentar que la persona deje de estar triste, sino en hacerle sentir que no tiene que atravesar el dolor a solas", nos explica.
Las vacaciones suelen estar asociadas al descanso, los encuentros y los momentos felices. Pero cuando existe una pérdida reciente, esos mismos escenarios pueden hacer todavía más evidente que alguien ya no está. En esos momentos, Silvia García considera especialmente importante el papel de la familia. "El acompañamiento familiar es un factor importantísimo durante el duelo, especialmente en esos momentos en los que la ausencia se hace más evidente", destaca la experta.
Acompañar no significa intentar conseguir que desaparezca la tristeza. La especialista señala que muchas veces basta con algo tan sencillo como compartir una comida o salir a pasear juntos, o el caso de la reina Sofía, continuar con tradiciones como salir a cenar en familia en uno de los restaurantes de Portixol. Ni siquiera resulta necesario hablar constantemente de lo ocurrido: la mera presencia de las personas queridas puede aportar seguridad emocional.
Una psicóloga sobre las primeras vacaciones sin un ser querido
En el caso de la reina Sofía existe además otro componente: Mallorca ha formado parte durante muchos años de sus vacaciones y de numerosos momentos compartidos con su hermana. Silvia García señala que "los lugares tienen memoria emocional. Eso quiere decir que no solo recordamos a las personas de manera consciente, sino con olores, canciones, rutinas… que activan recuerdos de una manera muy intensa; por eso un lugar compartido puede generar diferentes emociones de mucha intensidad, alegría, tristeza, nostalgia, pudiendo coexistir todas a la vez".
Convivir con estas emociones no significa tener que cambiar de destino, ni tener que estar vinculado para siempre a los lugares en los que viviste experiencias con la persona que ya no está. "Volver no es ni bueno ni malo; lo importante es que la persona pueda decidir cuándo y cómo quiere hacerlo, ya que para algunas personas regresar puede suponer conectar con una historia compartida, para otras puede ser una forma de construir un nuevo comienzo y, en otro caso, para otras puede resultar muy doloroso al principio. Lo importante es ir incorporando experiencias poco a poco para que los lugares puedan dejar de pertenecer exclusivamente a los recuerdos con la persona fallecida", destaca la experta.
Salir a cenar, pasear, reunirse con la familia o conservar determinadas costumbres también puede ayudar. La psicóloga explica que una pérdida rompe profundamente nuestra normalidad. No solo desaparece una persona, sino que tenemos que aprender a relacionarnos con una vida en la que esa persona ya no está; por eso mantener algunas rutinas puede aportar estructura y continuidad. "Puedes salir a dar un paseo y estar profundamente triste, pero poco a poco se podrá recuperar la capacidad de disfrute", mantiene Silvia García.
La psicóloga insiste en la presión que existe alrededor de las vacaciones. El verano parece exigirnos estar felices: viajar, descansar, reunirnos con amigos y disfrutar continuamente. Para alguien que atraviesa un duelo, como Blanca Romero cuyo padre falleció hace unos días o la actriz Paula Echevarría, rota de dolor por la muerte de su padre, esa expectativa puede convertirse en una carga adicional. "El duelo no entiende de calendarios ni de temporadas; podemos estar de vacaciones y estar tristes, podemos llorar por la mañana y disfrutar de una comida por la tarde. No tenemos que elegir entre el duelo y disfrutar; ambas experiencias pueden coexistir", expone.
Frases que deberíamos evitar decir a alguien que acaba de perder a un ser querido
El entorno tiende muchas veces a medir el duelo utilizando el calendario, algo que Silvia García considera un error. "Cada duelo depende de muchos factores: el vínculo con la persona fallecida, las circunstancias de la muerte, la propia historia de la persona… Me gusta explicar que el objetivo no debería ser 'superar' a la persona o dejar de echarla de menos; una pérdida importante puede formar parte de nuestra vida para siempre, pero lo que sí cambia es la manera de relacionarnos con esa ausencia. De hecho, habrá momentos en los que la tristeza vuelva, incluso años después, y eso no significa que hayamos retrocedido", apunta la psicóloga.
Una comida familiar, una canción o simplemente un lugar pueden provocar inesperadamente una emoción muy intensa. En esos momentos, la primera recomendación de Silvia García es no asustarse ni intentar eliminar inmediatamente lo que estamos sintiendo. Parar, respirar, reconocer la emoción e incluso alejarse durante unos minutos del grupo puede ser necesario. "Si necesitamos llorar, alejarnos un momento del grupo, podemos hacerlo y preguntarnos qué necesitamos en ese momento", dice.
También hablamos con la psicóloga sobre aquellas frases que muchas veces decimos a la persona en duelo, con nuestra mejor intención, y que sería mejor evitar. "'Ya ha pasado mucho tiempo', 'tienes que pasar página' son expresiones que evitaría. Por el contrario, sí podemos transmitir claramente el mensaje de 'estoy aquí y no tienes que estar de ninguna manera para estar conmigo'. Acompañar un duelo no consiste en conseguir que la persona olvide su dolor, sino en ayudarla a descubrir que puede seguir viviendo mientras aprende a convivir con dicha ausencia".


















