Las Campos y su trato en los platós de televisión

Las Campos están atravesando un momento mediático difícil por los muchos comentarios, no siempre buenos, de los que fueran sus compañeros hasta hace muy poco.

María Teresa Campos con sus hijas Terelu y Carmen y Edmundo Arrocet
Agencias

El clan de las Campos no está en buen momento mediático. Tras años de dicha y gloria, ahora cualquiera que se sienta en un plató de televisión se siente con derecho de hablar de su vida y profesión.

Resulta que las Campos, Teresa, Terelu y Carmen, ya no son tres mujeres populares de ajetreo, sino un tema de tirón, un titular de gancho, un “telediario” propio. Que si le roban a Carmen en casa, que si Edmundo ha salido demasiado alegre, que si Terelu se cuida o no se cuida, que si Terelu cree o no cree en el amor. En fin.

A algunos nos han llamado a veces de ciertas teles alegres, para que pongamos mugre en las vidas de las Campos, pero yo no voy a hacer nunca eso, porque tengo memoria, y conozco de cerca a Teresa desde que organizaba las mañanas de la tele como una invasión, y también de cerca conozco a Carmen, no a Terelu. De modo que lo que uno opine, que no es malo, no cotiza en los platós del trinque de la infamia.

Es cierto que me hubiera gustado verlas en otros afanes, últimamente, pero cada uno se desvía, o equivoca, como quiere, si es que ellas se hubieran equivocado, que ellas sabrán. Yo diría que han trabajado a veces con gentes mucho peor que ellas, y de eso sólo sales con mayor tristeza y una úlcera, si tienes alma, y ellas la tienen. Ojalá el año, que empieza ahora, les sea amable.

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