Nerea Garmendia no puede ocultar su felicidad desde que sabe que está embarazada de su primer hijo. La actriz espera a su retoño tras mucho intentarlo durante 4 largos años con su pareja, Luis Díaz Núñez. A sus 45 años, Nerea está cumpliendo su sueño, pero mientras piensa en nombres de niño y en nombres de niña, o en los productos que le harán falta para su bebé como madre primeriza, también está teniendo algunos que otros quebraderos de cabeza, y no nos referimos a los primeros síntomas, o a las náuseas de las primeras semanas, sino a anécdotas tan surrealistas como la que le ha tocado vivir en el aeropuerto.

La vasca reside en Madrid, pero debido a su trabajo en la cadena ETB para sus colaboraciones con el programa 'Vaya semanita', tiene que coger un avión cada semana a Donosti para las grabaciones. Sin embargo, desde que está embarazada está teniendo problemas con el control de seguridad. ¿Y el motivo? Nada menos que el aceite de almendras de Mercadona. La intérprete y humorista confesó que, desde que le está creciendo la barriga, se 'embadurna' en aceite de almendras para evitar que le salgan las antiestéticas estrías, pero desde que se lo pone no para de pitar en el arco de seguridad, pero estos días, además, ha vivido una increíble experiencia que la dejaba atónita: "Por qué me pasan estas cosas", terminaba diciendo.

"Cuando vayáis a viajar en avión y paséis por un detector de metales, si lleváis aceite de almendras de Mercadona, os va a pitar", afirmaba con contundencia, aunque también se lo tomaba con humor: "La piña del Mercadona, para ligar; y el aceite de almendras, para que te detengan en el aeropuerto como si fueses una terrorista". En esta ocasión, además, le ha tocado el control aleatorio de explosivos, lo que sumado al pitido del arco ha hecho que aparecieran tanto los responsables de aduanas como la Guardia Civil, pero parece que se ha resignado: "Siempre tengo que venir media hora antes al aeropuerto para el test de explosivos... porque ahora soy la bomba", ha señalado entre risas señalando su creciente barriga. ¡Menos mal que con sentido del humor la vida se hace menos dura!