Aitana Sánchez-Gijón, unas de las actrices más reconocidas y versátiles del cine español, tuvo una infancia de lo más entrañable. Es académica de honor de la Academia de las Artes Escénicas de España de 2022. En febrero de 2025 le fue concedido el Premio Goya de Honor. Recibió ese mismo año la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y la mención especial Amiga de Honor de la Alhambra de la Fundación Amigos de la Alhambra. Toda una carrera de logros pero, ¿Cómo fue la vida de la actriz cuando era tan solo una niña?

Su vida en Italia

La actriz nació en Roma el 5 de noviembre de 1968. Por aquellos años, su padre, Ángel Sánchez-Gijón, se había exiliado en la capital de Italia durante el franquismo. "Allí conoció a mi madre (Fiorella de Angelis). Mi madre era una italiana normal que, en ese momento, no tenía ningún tipo de implicación política", confesó en una entrevista con la revista ELLE. Aitana tiene un hermano menor, Eloy, que es músico y técnico de sonido.

Los primeros años de Aitana Sánchez-Gijón fueron como los de cualquier niña normal de mediados de los 70 en España. Muchos de los recuerdos de infancia de Aitana Sánchez-Gijón no tienen que ver con escenarios ni focos, sino con conversaciones interminables, visitas constantes y una sensación permanente de puertas abiertas. “Recuerdo mi casa siempre llena de gente, por ahí pasó todo el mundo. Yo eso lo he heredado de mis padres. Tengo una casa muy abierta y siempre está llena de amigos”, explicó en el podcast ‘Por el principio’.

aitana sanchez gijon
Pablo Cuadra//Getty Images

Sus eternos veranos

Pescara, una región de Abruzos frente al mar Adriático, es donde pasó todos sus veranos, ya que su madre nació allí. La actriz recuerda aquellos viajes con una nostalgia luminosa, asociada a la sencillez de los pequeños placeres infantiles. “Para nosotros era una fantasía porque llegabas ahí, te comías tu pizzeta, después un helado y por la tarde todo mar, mar, mar”, expresó la actriz en dicho podcast.

Su vocación de actriz

Una vez que terminó la dictadura, la actriz empezó a interesarse por las artes escénicas. "No recuerdo un momento en el que no quisiera ser actriz. A los ocho años, tuve algo parecido a una revelación cuando entré en una escuela de teatro infantil: entendí que aquel territorio de juego, imaginación y libertad podía ser mucho más que un pasatiempo. Descubrí un lugar donde inventarlo todo era posible, donde cambiar de piel formaba parte de la vida. Y supe, con una certeza precoz, que quería quedarme ahí para siempre", dijo a ELLE.