Mikel Oyarzabal jugará este domingo con España la final del Mundial 2026 después de haber sido decisivo ante Francia, a la que acudirá la Familia Real al completo. El delantero de la Real Sociedad abrió el marcador de penalti en la semifinal que la selección ganó por 0-2, antes del gol de Pedro Porro, y volvió a confirmar que es uno de esos jugadores que aparecen en los días importantes. La historia de Oyarzabal no ha construido su carrera desde el ruido ni desde la exposición excesiva. Su historia empieza en Eibar, donde nació el 21 de abril de 1997, en una familia que siempre aparece en sus declaraciones como una de las claves de su forma de ser. "De niño he tenido muchas broncas con mis padres". Sus padres, Ernesto Oyarzabal y Dorleta Ugarte, y su hermana Elene forman parte de ese entorno discreto que ha acompañado su carrera desde los primeros años.

Antes de convertirse en capitán de la Real Sociedad y en uno de los futbolistas más importantes de la selección española, Oyarzabal fue un niño que no podía dejar de jugar al fútbol, algo que ha tenido en común con Pedri, Pedro Porro, Unai Simón o Álex Baena. Lo hacía en la calle, en el parque, en el campo y también dentro de casa. De ahí viene la frase de las broncas familiares. "He tenido muchas broncas con mis padres por romper cosas en el pasillo de casa por estar jugando a fútbol. Jugaba en casa, en el parque, en el campo…", recordó el propio jugador en declaraciones recogidas por El Español y La Razón.

"Mis padres me han inculcado que el talento sin trabajo y esfuerzo no sirve para nada". Esa idea aparece una y otra vez cuando se repasa su trayectoria. En una entrevista con El País Semanal, desarrolló esa misma idea: "Creo que las cosas hay que hacerlas con esfuerzo, con empeño, con cabezonería, con competitividad, y sí, esperando que salga el talento..., pero si solo hay talento, no hay mucho que hacer".

Mikel Oyarzábal, el futbolista que podía haberse dedicado al judo o a la natación

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David Ramos//Getty Images
El español Mikel Oyarzabal antes del saque inicial de un partido amistoso internacional entre España y Bosnia en el AFG Arena, el 29 de mayo de 2016, en St. Gallen, Suiza.

De pequeño no solo probó con el fútbol. En su etapa escolar también hizo judo y natación. Pero el fútbol acabó ocupando el espacio principal. Su formación empezó cerca de casa y después dio el salto a la cantera de la Real Sociedad. El club donostiarra recoge en su ficha histórica que llegó procedente del Sanse y que debutó con el primer equipo el 25 de octubre de 2015 ante el Levante. Tenía 18 años y comenzaba una carrera que, con el tiempo, le convertiría en una de las grandes referencias de Anoeta. Oyarzabal se consolidó en la Real Sociedad hasta convertirse en capitán, símbolo del club y uno de los futbolistas más respetados del vestuario. Su crecimiento no fue solo deportivo. Mientras avanzaba en la élite, también continuó estudiando. Se graduó en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Deusto, algo poco habitual en un futbolista asentado en Primera División.

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Juan Manuel Serrano Arce//Getty Images

La forma en la que lo compatibilizó dice mucho de su carácter. "Fácil. En los viajes, mientras mis compañeros juegan a cosas y escuchan música y se ríen, yo estoy con los apuntes". Esa normalidad también aparece en la gestión de su carrera. Oyarzabal no tiene un representante externo al uso. Sus padres han seguido muy de cerca sus decisiones profesionales, algo que pasa con otros jugadores como contó el abuelo de Pedro Porro. En la misma entrevista, cuando le preguntaron por ese aspecto, respondió con naturalidad: "Sí, sí, sigo sin representante. Son ellos".

El propio jugador ha explicado quiénes le han ayudado a mantenerse con los pies en el suelo. "Mis padres, la educación que me dieron, mi grupo de amigos que sigo manteniendo y con los que hablo casi todos los días, y obviamente mi pareja y mi hijo son las personas que me han dado la estabilidad que tengo", dijo en El País Semanal. "El orden en mi vida es mi hijo y mi mujer, mi familia, mis amigos... y luego el fútbol".

Mikel Oyarzábal, un delantero clave para España

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Mikel Oyarzabal y los jugadores de la selección española celebran con el trofeo tras ganar la final de la Eurocopa 2024 entre España e Inglaterra, disputada en el Olympiastadion de Berlín, Alemania, el 14 de julio de 2024.

Esa manera de vivir el fútbol no le ha impedido ser decisivo en los grandes momentos. Oyarzabal se ha especializado en aparecer cuando más pesa la responsabilidad. Marcó el gol de la victoria en la final de la Eurocopa 2024 ante Inglaterra y ahora ha vuelto a ser protagonista en una semifinal mundialista. Frente a Francia, asumió el lanzamiento de penalti que abrió el camino de España hacia la final del Mundial 2026. La selección ganó 0-2 en Dallas, con goles de Oyarzabal y Pedro Porro, y jugará este domingo en Nueva York la final en busca de su segunda estrella.

Su relación con la selección española ha estado marcada por momentos decisivos. Ha sido importante para diferentes entrenadores, pero con Luis de la Fuente ha encontrado un papel especialmente relevante. El seleccionador ha confiado en él en citas de máxima exigencia y Oyarzabal ha respondido con goles en escenarios donde no todos soportan la presión. Este domingo, cuando la selección busque su segunda estrella, Oyarzabal volverá a estar en el centro. El mismo jugador que de pequeño recibía broncas por jugar en el pasillo fue quien marcó el primer gol ante Francia para meter a España en la final.