Llevar el apellido Simeone en el mundo del fútbol puede ser una bendición o una gran mochila. Para Giuliano Simeone, el hijo menor del "Cholo" Simeone, su apellido nunca fue una carga, sino un motor. Hoy, se ha consolidado en la élite de fútbol con su debut por todo lo alto con la Selección Argentina. El joven delantero, que lleva el fútbol en el ADN, ha demostrado durante el Mundial que el apellido se hereda, pero el lugar en la cancha se gana. Giuliano nació en Roma en 2002, durante la etapa de su padre como jugador de la Lazio, donde paso la mayor parte de su infancia. Sus primeros pasos en el fútbol los dio en la cantera de River Plate. Sin emnbargo, en 2019 su vida dio un giro de 180 grados. Con apenas 16 años, tomó la difícil decisión de dejar Argentina para mudarse a Madrid y unirse a las categorías inferiores del Atlético de Madrid. No fue una decisión fácil ni libre de burocracia -hubo cierta controversia por su salida de River-, pero el 'Cholito' tenía un objetivo claro, quería estar cerca de su padre, pero sobre todo, quería competir al máximo nivel europeo.
El peso del apellido
A diferencia de lo que muchos prejuiciosos podrían pensar, a Giuliano nadie le regaló una camiseta de titular. Su debut en el fútbol profesional no fue un camino de rosas alfombrado por su padre. Empezó desde abajo, anotando goles en la Tercera División de España con el Atlético B. Para demostrar que valía por sí mismo, salió cedido al Real Zaragoza en la Segunda División. Allí se ganó a la afición a base de pulmón, presión asfixiante y goles importantes. Cuando dio el salto a Primera con el Alavés, sufrió una gravísima lesión de peroné en la pretemporada. Muchos se habrían venido abajo; Giuliano volvió antes de tiempo, demostrando esa famosa "resiliencia mental" de la que tanto habla su sangre.
"Mi papá es el entrenador, pero en la cancha yo soy un jugador más que quiere romperse el alma por el equipo"
¿Cómo se juega sin que el apellido pese? La respuesta de Giuliano fue simple: correr más que el resto. Quien lo ve jugar no ve a un "hijo de papá". Ve a un delantero moderno, punzante, que puede jugar por banda o por el centro, y que tiene un despliegue físico brutal. Comparte con el "Cholo" esa intensidad competitiva innegociable, pero con una identidad futbolística propia. El apellido no pesa cuando es el rendimiento en el campo es el que habla por él. El propio Diego Simeone lo ha gestionado con una profesionalidad extrema, exigiéndole incluso más que a los demás.
El verdadero punto de inflexión que borró cualquier rastro de duda sobre su valía fue su convocatoria a la Selección Argentina. Tras brillar en los Juegos Olímpicos de París con la Sub-23 (donde anotó un golazo ante Marruecos), Lionel Scaloni puso sus ojos en él para la selección mayor. Scaloni, un técnico que no regala absolutamente nada, lo citó por sus condiciones, su polivalencia y su momento de forma. Vestir la camiseta de la Scaloneta es la prueba definitiva: Giuliano ya no es solo "el hijo del Cholo", es Giuliano Simeone, el jugador de la Selección. A sus 23 años, su historia es la de un chico que entendió que los privilegios no meten goles, y que para honrar un apellido tan grande, primero hay que saber sudar la camiseta por cuenta propia.


















