El caso de Borja Iglesias pone a debate una realidad de la que apenas se habla en una competición internacional, como es el Mundial de Fútbol: la de los jugadores que cumplen el sueño de ser convocados y no jugar minutos. Disputar un Mundial representa el mayor sueño para cualquier futbolista. Sin embargo, no todos los convocados viven esa experiencia de la misma manera. Mientras algunos se convierten en protagonistas sobre el césped, otros apenas disfrutan de minutos y deben enfrentarse a cómo gestionar la frustración sin dejar de sentirse parte del equipo. A propósito del caso de Borja Iglesias, la psiquiatra Ana Isabel Sanz, directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias y del departamento de Psiquiatría del Centro de Rehabilitación Dionisia Plaza de Madrid, explica por qué es posible sentirse orgulloso por haber sido convocado y, al mismo tiempo, experimentar decepción por no tener el protagonismo esperado. "Es compatible sentirse agradecido por haber sido convocado y frustrado por no tener el protagonismo esperado", asegura la experta en salud mental.
Ser convocado para una cita tan especial genera un "aturdimiento" inicial donde se mezclan la alegría y la tensión. "Una llamada inesperada para una convocatoria tan especial produce una reacción emocional intensa en la que se mezclan la alegría, la incredulidad, una sensación de shock o aturdimiento, así como nerviosismo y tensión", explica la experta. Incluso cuando el jugador intuía que iba a entrar en la lista, la convocatoria "también implica una carga de responsabilidad que, en ocasiones, puede llegar a ser muy pesada". La especialista advierte además de que un reconocimiento de este nivel puede reforzar la autoestima y aumentar la motivación, pero también incrementar la presión y la autoexigencia hasta el punto de bloquear el rendimiento del deportista.
"Un equipo es mucho más de lo que se ve sobre el campo", asegura la experta
Para Ana Isabel Sanz, cuando un futbolista cumple su sueño de disputar un Mundial, pero el jugador apenas, "si no realiza un análisis más realista, que le permita comprender que ser convocado no implica necesariamente formar parte del equipo titular, puede acabar viviendo un auténtico infierno psicológico. La mente comienza a rumiar de forma constante qué debe hacer para romper una barrera que atribuye a una supuesta insuficiencia personal". Lo que puede acabar convirtiéndose en un 'castigo' para el jugador. "Lo que inicialmente era una oportunidad acaba convirtiéndose en un castigo. No porque la convocatoria lo sea en sí misma, sino porque las expectativas se han sobredimensionado y no se están valorando otros aspectos positivos ligados a formar parte de un equipo. Un equipo es mucho más que lo que se ve sobre el campo. Formar parte de él significa integrarse en un proyecto común y realizar contribuciones que, en muchas ocasiones, son mucho menos visibles que los minutos de juego", asegura la experta.
Una de las recomendaciones más importantes de Sanz es hablar de los sentimientos y emociones. "Poder hablar de ello, con el cuerpo técnico, el entrenador o los compañeros, y naturalizar esas emociones no debería generar reacciones negativas por parte del grupo. Al contrario, probablemente contribuirá a evitar un mal ambiente y la sensación de aislamiento que puede experimentar un deportista que siente que no está aprovechando todo su potencial o que no está siendo reconocido como considera que merece", expone la experta.
El papel del entrenador es decisivo en las emociones de los jugadores
El entrenador debería explicar al futbolista que "no todos los jugadores desempeñan el mismo papel y que eso no guarda relación con su valor profesional, sino con el diseño de una determinada estructura de equipo, en la que todos resultan importantes para alcanzar el objetivo común". No todos los roles dentro de un equipo son iguales. "Es importante dedicar un espacio a la reflexión personal sobre cuál es el papel que cada uno desempeña dentro del grupo. En ocasiones, lo que se vive como invisibilidad no es más que la ocupación de un lugar diferente. No es lo mismo ser titular, como Lamine Yamal, que ser un suplente que anima a sus compañeros en los momentos difíciles, y ambos papeles pueden ser igualmente importantes para el funcionamiento del equipo", comenta Sanz.
Para la doctora, "el deportista es competitivo por naturaleza y, como cualquier persona, busca explicaciones cuando sus expectativas no se cumplen. Si ha sido convocado, pero no juega, necesita respuestas que él mismo no puede darse; solo puede ofrecérselas quien toma las decisiones".
Borja Iglesas, las claves para evitar la sensación de fracaso
Sobre si es peor para el futbolista jugar unos minutos o no participar en el encuentro, Ana Isabel Sanz explica: "Jugar solo unos pocos minutos puede ser más difícil de gestionar que permanecer todo el partido en el banquillo. Siente que, en muy poco tiempo, tiene que demostrar todo su talento y justificar por qué merece estar ahí. Además, cualquier acción discutible o cualquier error se vive de forma mucho más intensa, sin apenas margen para corregirlo o compensarlo a lo largo del partido. Esta situación puede tener un impacto sobre la autoestima incluso más negativo que el hecho de no jugar".
Para la directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias, la clave está en no ver esta situación como un fracaso. "Si el deportista es capaz de replantearse dónde está, cuál es el momento en el que llega al equipo, qué puede aportar en esa etapa y comparte esa reflexión con los demás, comprenderá que su valor no equivale únicamente a jugar o, siquiera, a disputar unos minutos sobre el terreno de juego. Su aportación también consiste en formar parte de una unidad con una historia y un recorrido que se prolongarán en el tiempo", concluye.
















