Rodri está a punto de convertirse en nuevo compañero de Lamine Yamal en el Barça y una frase que dijo sobre el joven azulgrana cobra ahora otro sentido: "Si supiera cómo vivía yo a su edad, le explotaría la cabeza". El centrocampista, que pronunció originalmente esta reflexión en plural al hablar de Lamine Yamal y Nico Williams tras la Eurocopa que ganaron juntos en 2024, se refería al contraste entre la madurez competitiva de la nueva generación de España y la vida mucho más discreta que él llevaba cuando tenía esos años.
La última hora del mercado ha colocado a Rodri muy cerca del Barcelona. Según ha publicado El País, el club azulgrana ha atado al centrocampista hasta 2030 y el jugador pasará a compartir vestuario con varios compañeros de la selección española, entre ellos Lamine Yamal, Pedri, Cubarsí, Gavi, Dani Olmo o Joan García. La operación supone uno de los movimientos más importantes del verano. The Guardian ha informado de que el Manchester City aceptó una oferta del Barcelona de 65,4 millones de libras por Rodri. A falta de la confirmación oficial definitiva, Rodri está llamado a reforzar el centro del campo azulgrana y a convertirse en compañero de Lamine Yamal también en el día a día de club.
Rodri y Lamine Yamal, compañeros en la Selección y ahora también en el Barça
La frase sobre Lamine Yamal nace de una reflexión muy personal de Rodri sobre la Eurocopa ganada por España eb 2024. El centrocampista explicaba que, antes del torneo, se retó a sí mismo a ejercer más como líder dentro del vestuario, ya que sentía que podía ayudar a los más jóvenes a gestionar la presión de un gran campeonato. "Tenemos algunos chicos jóvenes, muy jóvenes, de miedo, de una nueva generación, y sentí que podía ayudarles con las presiones de un momento tan grande", contaba. "Cuando pienso en lo que Lamine y Nico lograron este verano, me hace muy feliz", dijo Rodri. "Dar un paso adelante en un momento así, con todo tu país mirando, con 17 y 22 años, es increíble. Si supieran cómo vivía yo a su edad, les explotaría la cabeza".
Rodri siempre ha reconocido que es un chico normal, muy lejos de la imagen que tenemos asociada a los futbolistas, como demuestra su duro camino hasta que conquistó a su novia. "A veces los chicos se meten conmigo por ser 'normal'", contaba en una entrevista a The Player's Tribune, donde también reveló lo que vivió con 14 años en un campamento de Estados Unidos. "Es curioso, porque si le preguntaras a mi mujer o incluso a mi madre, dirían que soy lo más alejado de alguien normal". Para Rodri, esa supuesta normalidad es por su manera de entender el fútbol y la vida. "Si soy normal, probablemente sea en el sentido de que no me importan las redes sociales o las zapatillas de 400 libras", explicaba. Rodri ha construido su imagen pública lejos del tópico del futbolista ostentoso. No presume de coches ni de una vida especialmente exhibicionista, y esa naturalidad también aparece en sus planes fuera del campo. En Madrid, por ejemplo, tiene un restaurante gallego de confianza que se ha convertido en uno de sus favoritos.
Rodri recordaba también que, de niño, su verano era una sucesión de piscina, fútbol, piscina y fútbol en el jardín de su barrio. "Tenía cinco años y había una piscina comunitaria en medio de nuestro vecindario y un pequeño jardín. En verano era: fútbol, piscina, fútbol, piscina. A casa para comer. De vuelta a la piscina. De vuelta al jardín". Su exigencia era máxima. "Con 10 años, si jugaba un partido y no lo hacía bien, no podía hablar con mis padres durante todo el día. Estaba demasiado enfadado conmigo mismo", confesaba.
A los 14 años, Rodri se fue a un campamento de verano en Connecticut, en medio del bosque, porque su padre quería que hiciera una experiencia en Estados Unidos. No aprendió inglés en Manchester ni en Londres, sino allí, rodeado de americanos que no compartían su pasión por el fútbol. Rodri llegó a aquel campamento justo al inicio del Mundial de 2010. No tenía móvil ni wifi y sufría porque no podía seguir bien los partidos de España. Cada día pedía a los monitores que le dijeran los resultados. Cuando España perdió el primer partido contra Suiza, pensó que se estaban burlando de él. "¿Suiza? ¿Seguro? ¿Seguro que lo has buscado bien?", recordaba. Para la final, suplicó al monitor principal que le dejara verla en su ordenador. El aparato era diminuto, pero a Rodri le daba igual. Encontró una retransmisión como pudo y vio el partido rodeado de americanos que no entendían lo que estaba pasando. Cuando Andrés Iniesta marcó, Rodri salió corriendo alrededor del lago. "Empecé a gritar y corrí fuera, alrededor del lago. '¡Vaaaamooooos! ¡Viva España!'", relataba. Los americanos no entendían nada. "Pensaban que estaba loco", recordaba. "Me miraban como diciendo: espera, ¿el chico español está llorando por el soccer?". Para Rodri, en cambio, aquello era mucho más que un partido. "Nunca me sentí tan lejos de casa, pero también tan cerca de casa", explicaba.
La vida de Rodri a la edad de Lamine Yamal
Rodri también ha contado que desde muy joven hubo un pacto implícito con sus padres: si quería perseguir su sueño de ser futbolista, también tenía que ir a la universidad. Por eso, cuando se marchó a Villarreal con 17 años, se matriculó en la Universidad Jaume I. Primero vivió en la residencia de la cantera del Villarreal, pero al cumplir 18 años tuvo que buscar su propio alojamiento. Su madre le propuso mudarse a una residencia universitaria y así lo hizo. Allí llevaba una vida muy distinta a la de un futbolista de élite, hasta el punto de que un día llamó a su padre llorando. "No tenía televisión ni PlayStation. Solo un portátil", contaba. Por la mañana entrenaba con el Villarreal, por la tarde iba a clase y por la noche convivía con otros estudiantes que muchas veces ni siquiera sabían que jugaba al fútbol. Cuando llegaba el viernes, sus compañeros salían de fiesta. Rodri aparecía un rato con agua con gas, se quedaba con ellos y desaparecía antes de ir al club. Al final, alguien le preguntó por qué nunca salía. "Bueno, juego al fútbol. Tengo entrenamiento por la mañana", respondió. Sus compañeros le llamaban aburrido. "Me machacaban por eso", recordaba con humor.
A la edad en la que Lamine Yamal ya decide partidos con España y vive instalado en el primer plano mundial, Rodri era un estudiante que intentaba compaginar entrenamientos, clases, apuntes, residencias universitarias y una carrera que todavía no había explotado del todo. En Villarreal todavía entrenaba con el segundo equipo y no tenía coche. "Era un don nadie. Ni siquiera tenía coche", decía. Como no podía pagar un taxi todos los días, iba en bici hasta la estación de tranvía, subía la bici al tranvía y después pedaleaba hasta el entrenamiento. Cuando por fin se sacó el carné, le dijo a su padre que tenía 3.000 euros para comprar un coche. Su padre encontró un Opel Corsa de segunda mano que costaba 4.000 y le dijo que tenía "un ordenador". Rodri se emocionó, pero al verlo descubrió que la pantalla era diminuta y apenas servía para encender la radio. Aun así, estaba encantado. "Mis compañeros se reían de mí, pero no me importaba. Me encantaba", recordó.

















