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Lo de que yo sea una amante de las vajillas y el menaje del hogar es algo que me viene de generaciones anteriores. Tengo la suerte de tener en casa algunos platos antiguos que pertenecieron a mi bisabuela y, aunque espero se sigan quedando mucho tiempo en mi familia, yo ya voy haciendo la colección nueva que (espero) conozcan las venideras.
Es verdad que a lo largo de los años he encontrado piezas de coleccionista. Y también es verdad que siempre tiendo a lo mismo: a buscar en cada pieza de menaje, en cada plato o en cada vaso, la conexión que me permita seguir recurriendo a mis raíces. Así que, evidentemente, en mi alacena de casa hay una vajilla Duralex, una vajilla de La Cartuja y platos que inspiran al más puro folklore andaluz.
Tengo platos para ocasiones especiales y platos para el día a día. Y, precisamente, estos últimos son los que estoy pensando en renovar con un lote de cuatro platos que parecen hechos y pintados a mano por alguno de los pocos artesanos que siguen dedicándose a esta labor en Andalucía. Son platos de formas irregulares, con un estampado floral que parece de acuarela, que mezclan con todo el mimo del mundo el verde y el amarillo y que no llegan a los 9 euros (cada plato, hay que tener en cuenta que vienen en lotes de 4). Lo más curioso es dónde los he encontrado: aunque parecen sacados de un pequeño taller de alguna región alfarera, lo cierto es que son de La Redoute y creo que los voy a añadir ya a mi colección.
Platos pintados a mano: una compra para guardar toda la vida
Más allá de la estética rural de las piezas pintadas a mano, la razón para hacerse con ellos es que su atemporalidad permitirá que se utilicen durante muchos años. En mi caso, gran parte de los detalles que conforman mi vida están conectados, de una u otra manera, con la nostalgia.
Rendir homenaje a esa nostalgia es la razón que muchas veces necesitamos para cuidar como si fuera un tesoro alguna pieza que nos recuerde a que un tiempo pasado fue mejor. Y esto es, precisamente, lo que ocurre con este lote de 4 platos de La Redoute.
Aunque decimos que parecen hechos y pintados a mano, su producción es industrial. Eso sí, están fabricados en Portugal así que, evidentemente, están avalados por la porcelana de más alta calidad.
Además, son compatibles con lavavajillas y con microondas, recordándonos que, aunque parezcan antiguos, tienen esa modernidad que todos necesitamos en el día a día.
Yo me voy a hacer con el set de cuatro platos llanos pero, quizás, dentro de no mucho tiempo complete la vajilla con el set de platos de postre la misma colección que, en ese caso, vienen pintados con tonos amarillos y detalles en verde (justo al contrario que los llanos).
Son perfectos para presentar la mesa de forma conjunta, pero también por sí mismos. Además, si tenemos un poco de imaginación y creatividad, estos platos pueden combinar perfectamente con vajillas más clásicas y atemporales e, incluso, con las cotizadas vajillas Duralex.














