Desde que me mudé a un estudio, he descubierto que tener el salón y la cocina en un mismo espacio tiene muchas ventajas, pero también algún que otro inconveniente. Todo está más a mano, sí, pero también es mucho más fácil que las cosas terminen desordenándose. Unos utensilios de cocina por aquí, los cargadores por allá, las llaves encima de cualquier sitio… y al final da la sensación de que siempre falta un lugar donde guardar lo que utilizo a diario.

Por eso, cuando empecé a buscar una solución de almacenaje que aumentara el espacio, tuve claro que no quería añadir un mueble grande que ocupara demasiado. Me parecía mucho más práctico encontrar algo que pudiera utilizar tanto en la cocina como en el salón, y que además pudiera mover fácilmente según lo necesitara. Y así es como este carrito se ha convertido en uno de esos pequeños elementos que, sin llamar demasiado la atención, me han resultado mucho más útiles de lo que habrá imaginado.

Este carrito de Ikea destaca por su versatilidad para el almacenaje

Una de las cosas que más me gustan es precisamente su tamaño. Es estrecho y compacto, así que puedo colocarlo en cualquier rincón y, viviendo en un estudio, tampoco tenía dónde elegir. Además, al tener ruedas, puedo llevarlo de un lado a otro sin esfuerzo. Encima, aunque pienses que es solo útil para mover el carrito cuando lo necesito, si no quiero que se desplace cada vez que cojo algo, las ruedas puedan bloquearse resulta especialmente cómodo. Una vez colocado donde quiero, puedo dejarlo fijo y utilizarlo con tranquilidad. Y me encanta que está disponible en cuatro colores por lo que aumenta su versatilidad.

estante blanco
Cortesía de IKEA

Ahora bien, si estoy cocinando, puedo acercarlo a la encimera y utilizarlo para tener a mano cerca algunas especias, verduras y utensilios de madera que he dejado allí. Después, cuando termino, puedo moverlo hacia la zona del salón y aprovecharlo para guardar otras cosas porque también me está resultando práctico para esas pequeñas cosas que normalmente acaban desperdigadas por casa. Cargadores, accesorios de escritorio, llaves, papeles o cualquier objeto que quiero tener localizado pueden encontrar aquí su sitio. Al final, se trata de ganar un poco de orden sin tener que llenar el estudio de muebles.

Carrito auxiliar

Carrito auxiliar

Carrito auxiliar

Crédito: IKEA

Otro detalle que me parece acertado son las baldas de malla. Al ser abiertas, permiten ver fácilmente lo que hay en cada nivel, algo que agradezco especialmente cuando tengo prisa y no quiero ponerme a buscar entre cajones. También favorecen la circulación del aire, esencial para evitar que los alimentos se pudran, y evitan que el polvo se acumule tanto como podría hacerlo en un espacio cerrado.

En definitiva, este carrito de almacenaje se ha convertido en una de mis grandes compras para el otoño: no ocupa apenas espacio, se puede mover donde haga falta y permite darle diferentes usos según el momento. Para mí, que necesitaba algo que funcionara tanto en la cocina como en el salón, ha sido una forma sencilla de ganar almacenaje sin renunciar a la sensación de amplitud que buscaba.