Mi amiga Carmen es de esas personas que parecen tenerlo todo bajo control: rubia ideal, siempre impecable y con ese estilo 'effortless' que hace que hasta llegar a la oficina con una bolsa de comida parezca parte del look. Esta semana, además, ha comenzado una nueva etapa profesional en pleno corazón de Madrid y, entre reuniones, llamadas, correos y el inevitable "¿comemos algo rápido?", ha descubierto una verdad universal: a las 14.00 también hay que tener un plan.
Porque sí, salir a comer todos los días está muy bien… hasta que ves lo que has gastado cuando llega el final de mes. Y comer cualquier cosa delante del ordenador tampoco es exactamente el plan de vida saludable que Carmen tenía en mente. Por eso ha encontrado un aliado inesperado para organizar sus comidas de oficina: unas fiambreras Duralex que combinan practicidad, resistencia y ese punto clásico que nunca pasa de moda. Esta opción se suma a la moda de llevar fiambreras de aluminio estilo años 60 para comer fuera de casa.
Las fiambreras de Duralex para la comida del trabajo
Hay objetos que parecen sencillos hasta que empiezas a utilizarlos a diario y te das cuenta de que te solucionan la vida. Eso es exactamente lo que le ha pasado a Carmen con este lote de tres fiambreras Duralex, pensadas para guardar, transportar y organizar sus comidas sin ocupar media cocina. Y es que si hay algo que caracteriza a Duralex es su resistencia y durabilidad, y que recuerda a momentos nostálgicos del pasado en los que las mismísimas Lola Flores y Rocío Jurado usaban esta marca.
El popular vidrio templado que las catapultó a la fama es 2,5 veces más resistente que el vidrio convencional, por lo que estas fiambreras están preparadas para acompañarla durante mucho tiempo, incluso en esas jornadas en las que el bolso acaba convertido en un cajón de sastre. Además, son resistentes a golpes y arañazos y aptas para el lavavajillas, un detalle que Carmen agradece especialmente después de una jornada de trabajo. Porque preparar la comida del día siguiente está fenomenal, pero pasar media hora fregando los restos de pasta de la fiambrera eso ya es otra historia.
El lote incluye tres tamaños diferentes: 20, 17 y 14 cm, así que Carmen puede elegir la que mejor se adapte a cada comida. Da igual una ensalada completa, un plato de pasta, unas verduras con pollo o incluso algo para picar durante la tarde; ¡cada receta tiene su fiambrera! Y aquí llega otro de sus puntos fuertes: se pueden apilar entre ellas, lo que permite mantenerlas perfectamente organizadas y ahorrar espacio en la cocina. Porque tener muchos recipientes está bien; tenerlos desperdigados por todos los armarios como si hubieran decidido independizarse, no tanto.
Pero lo mejor es que estas fiambreras no tienen por qué vivir exclusivamente en la nevera. Sin la tapa también pueden utilizarse como boles o ensaladeras, por lo que Carmen puede preparar directamente en ellas una ensalada, servirla en la mesa y después guardarla sin necesidad de cambiar de recipiente. Otro detalle que convierte estas fiambreras en una opción especialmente práctica para el día a día es la resistencia del vidrio Duralex a los cambios de temperatura.
No perdamos de vista que el vidrio templado está preparado para soportar temperaturas extremas repentinas de -20 ºC a 100 ºC, por lo que resulta adecuado tanto para alimentos calientes como fríos. Así que no importa si Carmen se lleva una ensalada fresquita para los días de calor o ese plato de cuchara que apetece especialmente cuando bajan las temperaturas. Y, por supuesto, las fiambreras cuentan con cierre hermético, algo imprescindible cuando la comida tiene que viajar desde casa hasta la oficina. Porque pocas cosas arruinan más una mañana de trabajo que abrir el bolso y descubrir que la salsa de la comida ha decidido explorar nuevos territorios.
Carmen lo tiene claro: comer de fiambrera no significa renunciar a las cosas bonitas. El diseño en vidrio templado y color verde aporta ese aire clásico y cuidado que hace que estas fiambreras puedan pasar directamente de la cocina a la mesa. Ya ha sobrevivido a reuniones eternas, trayectos en metro y mañanas de locura, tiene ahora una nueva prioridad a las 14,00: abrir su fiambrera, sentarse a comer y disfrutar de esos 30 minutos como se merece.













