Antes de que Irene Rosales revolucionase el mundo del marketing con su particular anuncio de maíz frito (de kikos, vaya), hubo una España en la que llenar la despensa también podía convertirse en la manera de renovar la vajilla de casa. Durante décadas, los supermercados se instalaron y popularizaron a través un sistema de promociones que hoy nos resulta casi entrañable: acumular puntos con las compras para conseguir regalos que, en muchas ocasiones, acababan directamente en la cocina.
La mecánica era sencilla. Con cada compra realizada en el supermercado se obtenían puntos, sellos o cupones que había que ir reuniendo en una cartilla. Cuando se alcanzaba la cantidad necesaria, podían canjearse por distintos productos para el hogar: desde pequeños electrodomésticos y menaje hasta, por supuesto, vajillas que muchas familias acabaron incorporando a sus casas sin necesidad de comprarlas directamente. Y entre aquellas promociones, las piezas fabricadas por Arcopal se convirtieron en uno de esos recuerdos que han sobrevivido al paso del tiempo.
La vajilla más yeyé de los años 70 está de vuelta en los supermercados españoles
No es de extrañar. Arcopal se hizo famosa por fabricar vajillas de vidrio opalino especialmente resistentes, pensadas para soportar el uso diario y convertirse en esas piezas que pasaban de una generación a otra. Eran platos destinados a trabajar, a entrar y salir del lavavajillas y a sobrevivir a algún que otro golpe sin dejar de lucir bien en la mesa. Con el tiempo, aquellas promociones de puntos desaparecieron, pero el concepto permanece en la memoria de quienes recuerdan esas cartillas que se iban llenando compra tras compra.
Y también permanece algo todavía más importante: las vajillas Arcopal siguen siendo sinónimo de resistencia, practicidad y diseño atemporal. Por eso, al encontrarnos hoy con una vajilla como esta en Alcampo, es inevitable pensar en aquellas promociones de supermercado y en ese momento en el que conseguir una vajilla nueva podía ser casi un pequeño acontecimiento familiar. Al fin y al cabo, está fabricada en vidrio opal de alta durabilidad y sus piezas son tres veces más resistentes a golpes y rayaduras que otros materiales. Y tiene un precio muy asequible, 20,99 euros.
Además, sus piezas son perfectamente apilables y cómodamente lavables en el lavavajillas, dos detalles que hoy valoramos especialmente y que convierten a esta vajilla en una opción práctica para utilizar a diario. En cuanto al diseño, estamos ante una vajilla que no necesita grandes artificios. Sus líneas suaves y atemporales hacen que funcione igual de bien en una comida cotidiana que cuando queremos vestir un poco más la mesa. Es precisamente esa sencillez la que hace que resulte tan fácil imaginarla en una cocina actual, pero también entender por qué Arcopal lleva décadas asociándose a las vajillas de batalla que nunca pasan de moda.
La vajilla está compuesta por 18 piezas: seis platos hondos, seis platos llanos y seis platos de postre. Es decir, incluye todo lo necesario para montar una mesa completa para seis personas sin complicaciones. Los platos hondos para sopas, cremas o pasta; los llanos para los platos principales y los de postre para rematar cualquier comida. Y ahí está precisamente su encanto. No intenta ser una vajilla delicada que haya que reservar para ocasiones especiales, sino todo lo contrario: está pensada para utilizarse. Para ponerla un martes cualquiera, para una comida familiar de domingo y para esa cena improvisada en la que terminan sentándose seis personas a la mesa.
A día de hoy, yo ya no necesito llenar una cartilla de puntos cada vez que hacemos la compra para conseguir unos platos. Ahora bien, la idea de encontrar una vajilla resistente, bonita y preparada para durar sigue teniendo exactamente el mismo atractivo. Porque hay objetos de cocina que pasan de moda y otros que, décadas después, vuelven a demostrar que lo práctico, cuando además está bien diseñado, nunca deja de funcionar.













