Hay objetos que llegan a casa para cumplir una función y poco más. Una escoba barre. Una lámpara ilumina. Un sofá sirve para sentarse, dormir la siesta y, en circunstancias especialmente complicadas, acumular ropa durante tres semanas, aunque ya sabemos que no es lo ideal y que la organización es clave para tener un hogar ordenado y limpio con cestas y demás productos muy útiles. Y luego está este reloj de pared de Ikea, que ha decidido que decir la hora también puede hacerse con bastante estilo.
La firma sueca vuelve a demostrar que no hace falta gastarse una fortuna para conseguir una pieza que parezca salida de un catálogo lujo. El protagonista en cuestión es un reloj de pared en chapa de roble, con un aire vintage y un diseño tan limpio que podría mirar por encima del hombro a más de un objeto decorativo bastante más caro.
He comprado este reloj para mi casa y me encanta cómo queda
Pero vayamos a lo importante: da la hora y no hace ruido. Sí, parece una exigencia bastante razonable para un reloj, pero cualquiera que haya intentado dormir en una habitación con un mecanismo especialmente cantarín sabe que el famoso 'tic, tac' puede convertirse en una película de terror a las tres de la mañana. Este modelo de Ikea apuesta por un mecanismo de cuarzo silencioso que elimina el tradicional 'tic, tac'. Es decir, las agujas avanzan discretamente mientras nosotros seguimos con nuestra vida, sin ese metrónomo involuntario que empieza siendo imperceptible y termina pareciendo un episodio de 'Manos a la obra', primero el pico y luego la pala.
Y aquí está una de sus grandes bazas. Puede colocarse en el salón, donde aporta ese toque cálido de la madera, pero también en un dormitorio sin miedo a que su actividad nocturna nos recuerde constantemente que, efectivamente, el tiempo pasa. El mecanismo de cuarzo, además, garantiza un funcionamiento preciso, así que tampoco estamos ante uno de esos relojes puramente decorativos que parecen muy sofisticados hasta que alguien pregunta qué hora es y toca buscar el móvil. Aquí hay diseño, sí, pero también hay trabajo de fondo.
Estéticamente, la chapa de roble juega a favor del conjunto. La madera aporta calidez y ese punto retro que funciona especialmente bien con interiores nórdicos, minimalistas o, sencillamente, con casas donde se intenta que todo parezca ligeramente más ordenado de lo que realmente está. Y eso quizá sea lo más divertido del asunto: Ikea consigue que un objeto tan cotidiano como un reloj de pared vuelva a parecer interesante. No necesita luces, aplicaciones, conexión WiFi ni una pantalla que nos diga la temperatura de Marte. Solo necesita hacer algo tan sencillo como indicar la hora con precisión y permanecer callado.
En un mundo en el que hasta la tostadora parece querer conectarse al móvil, se agradece que haya productos que sepan cuál es su cometido. Este reloj mira al futuro, por supuesto, pero mantiene una estética vintage. En definitiva, Ikea vuelve a jugar con ventaja: diseño atractivo, madera, mecanismo silencioso y una función que todos entendemos sin necesidad de leer un manual de 48 páginas. Para mi gusto, es un reloj que decora, cumple y, probablemente, se convierte en ese pequeño detalle del salón que acaba robándose más miradas de las previstas.













