Hay objetos que trascienden el tiempo, las modas y el mismísimo sentido común: las pirámides de Egipto, la imprenta de Gutenberg, la energía nuclear y, por supuesto, la mítica lata azul de Nivea ¿Sabes ese artefacto metálico, redondo y pesado que habita en absolutamente todos los hogares del planeta y que, con total seguridad, ya estaba ahí acumulando polvo en el baño cuando te mudaste o cuando construyeron tu edificio? Lo fascinante de esta crema no es solo su mítica capacidad para hidratar hasta el pellejo de un lagarto en pleno desierto de Atacama, sino la ingente cantidad de superpoderes clandestinos que acumula gracias a la tradición oral y al boca a boca intergeneracional. Y así lo cuentan expertos en materiales de construcción de Jicasa: "Hace que los muebles de madera parezcan recién barnizados".

Porque, reconozcámoslo, todos la tenemos, todos la usamos, pero en el fondo no tenemos ni la más remota idea de las cosas para las que sirve. ¿Qué tienes los codos que parecen dos trozos de lija de obra? Lata azul. ¿Que tus talones rascan las sábanas por la noche, aterrorizando a tu pareja? Lata azul. Pero lo que la mayoría ignora es que esa misma pasta blanca, densa y de aroma inconfundible puede salvarte la vida, y la decoración de tu casa, de maneras totalmente insospechadas. El secreto de este milagro cosmético reconvertido en herramienta de limpieza se llama glicerina. Y resulta que, si bien a tu piel le sienta de maravilla, a tus muebles les da una segunda juventud digna de estudio.

Desde la empresa Jicasa aseguran que "es muy efectiva para limpiar y cuidar la piel y la falsa piel". Para ello, recomiendan aplicarla con un paño suave, dejar reposar unos minutos y después, con otro paño limpio, retirar el exceso de crema que persista. Esto es muy práctico para sofás o sillones de piel, pero también para muebles de madera, contraventanas o puertas. "Así recuperarán el brillo como si estuvieran recién barnizados", explican. Y recomiendan probar en una zona poco visible para asegurarte que el mueble lo tolera.

Así uso yo la lata azul de Nivea para los muebles

Si tienes un sofá o un sillón que ha perdido toda la dignidad, luce completamente mate, está reseco y parece haber sobrevivido a tres guerras mundiales o a una mudanza catastrófica, no corras a gastarte el sueldo en una tapicería nueva. Agarra la lata azul de la abuela. El proceso es tan sencillo que hasta el más torpe del mundo puede hacerlo sin romper nada: aplicas un poco de crema con un paño sobre la zona castigada, dejas reposar unos minutos para que la superficie absorba la hidratación y, con otro paño limpio, retiras el exceso que no haya querido desaparecer.

salon con cortinas
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El resultado es un acabado impecable, elástico y brillante, como si el mueble acabase de salir del escaparate de la tienda. Los expertos en la materia casera recomiendan hacer esto cuando veas que el asiento pierde luminosidad, o bien de manera preventiva cada dos o tres meses para evitar el deterioro. Pero espera, que la cosa mejora todavía más. ¿Tus puertas de madera, contraventanas o mesillas de noche parecen sacadas de una película de terror abandonada? Antes de dejarte el sueldo en ceras, barnices o productos químicos carísimos con nombres impronunciables, vuelve a mirar hacia el botiquín.

Aplicar una pizca de Nivea sobre la madera hace que recupere el brillo de inmediato, imitando el efecto de un barnizado profesional. Eso sí, un consejo de amigo para evitar una tragedia estética: prueba primero en una zona poco visible. Así calcularás la cantidad exacta de producto que tolera tu mueble y evitarás convertir la puerta del salón en una superficie peligrosamente grasienta. Al final, la lata azul de Nivea es la prueba definitiva de que la química y la sabiduría popular se llevan de cine. Ahora bien, confiesa: ¿cuántos años lleva la lata que rula por tu casa y a qué siglo pertenece?