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Los seguidores de 'La Promesa' deben estar en shock. Apenas unos días después de ser testigos del salto temporal que ha sometido a un cambio radical a todos los personajes, hemos comenzado a ver algunas tramas que nos descolocaban por completo. Entre ellas, comenzaron a entreverse varias tragedias. Una de las más impactantes ha sido la decadencia de Pía (María Castro). Condenada a sentirse denostada por los Marqueses al haber colocado a Petra como ama de llaves, Pía quedó relegada a mera sirvienta, menospreciada y acosada constantemente por la mujer que ahora ocupa su puesto. Pero esta no ha sido su única desgracia, porque la puntilla la ha puesto Gregorio, su marido, que llegó al Palacio decidido a llevársela consigo más pronto que tarde y obligarla a vivir una vida familiar sometida a él, a su servicio e incluso avisándola de que tendrá que darle un hijo. Esta situación ha ido menguando la fe de Pía en salir de esa situación y, acorralada, hundida y desesperada, ha optado por beber la cicuta que encontró en su habitación dejando una nota a sus compañeros en una durísima despedida que nos ha dejado conmocionados con la repentina muerte de Pía.
La inesperada muerte de Pía, el personaje de María Castro, conmociona a todo el palacio de 'La Promesa' y a los seguidores de la serie de TVE
Sabíamos que María Castro dejaría 'La Promesa' con motivo de su maternidad, pero dábamos por hecho que sería una baja temporal, y no definitiva. La sorpresa de los últimos capítulos ha sido tremenda para los seguidores, pero también para los personajes. El impacto de los actos de Pía Adarre ha sido atroz, dejando desoladas a Jana y Vera, quienes encontraron su cuerpo tendido en el suelo de su habitación. Pero el disgusto no ha sido menor para Rómulo, María Fernández y los demás, que han sufrido junto a su amiga las consecuencias de las acciones de Petra y Gregorio en su vida. El dolor ha roto por completo a cada uno de ellos, más aún al saber que ha sido la propia Pía quien ha tomado la decisión de acabar con su tortura de la forma más drástica posible.
Pero lo peor ha llegado después, cuando todo el personal de la finca ha sido convocada por el Marqués para recibir instrucciones muy directas de cómo gestionarían el asunto. Al tratarse de un suicidio, una muerte considerada tabú y pecado en la época, supondría una mancha en el prestigio de los Luján, por lo que aunque se asegurarán de que el cuerpo de Pía reciba sepultura en su pueblo, don Alonso no autoriza que ninguno de sus empleados acuda a despedirla para que no se pueda relacionar a la familia con su fallecimiento, lo que ha dejado completamente rotos a todos sus compañeros.











