Las cosas en 'La Promesa' se están poniendo bastante feas. Por un lado, las finanzas de los marqueses pasan un momento crítico. Los problemas económicos de Alonso tras la suspensión del negocio del aceite han llegado a un punto que la desesperación se apodera de él y de Cruz, deseosos de encontrar una salida y lo peor es que ella está dispuesta a todo para lograrlo, aunque tenga que perjudicar a Martina. Pero este no es el único motivo de tensión en el palacio. Jana, que lidia con los malos modos de Cruz (Eva Martín) casi a diario, intenta no perder los nervios para mantener un embarazo tranquilo y sano, pero otra preocupación está dando al traste con esa deseada paz. Hace tan solo unos días, sus antiguos compañeros criados le revelaron la existencia de una habitación secreta al final de un pasadizo que permanecía oculto. Tras animarse a recorrerlo, comienza a sospechar que ese limitado cubículo puede arrojar luz a su pasado familiar y, tan decidida como siempre, se anima a investigar a fondo. El problema es que lo que puede hallar entre esos muros podría darle el peor disgusto de su vida y lo vamos a comprobar en los capítulos de esta semana.

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    Jana hace un descubrimiento traumático en 'La Promesa' a raíz de su investigación de la habitación secreta del palacio

    Si las tensiones entre Jana y Cruz prometían ser permanentes tras la boda con Manuel, el embarazo solo ha empeorado las cosas. Pero hay algo que aún podía tensar más la cuerda entre ellas. La visita de Ramona a La Promesa ha logrado sacar de quicio a la marquesa. Jana (Ana Garcés) ha hecho muchos avances a la hora de resolver el destino de su madre en el palacio y por ello no ha dudado en comunicárselo a Curro. El joven, convencido de que podría ayudarles, contactó con Ramona y solo con su presencia ya ha puesto en alerta a Cruz.

    jana y teresa en 'la promesa'
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    Pero lo cierto es que la misión de Ramona allí era otra. Entre los hallazgos de la habitación secreta había algunos efectos personales que los dos hermanos sospechaban que podían haber pertenecido a su madre, Dolores, y la única capaz de confirmarlo era, precisamente, Ramona. Al mostrarle alguno de esos objetos, la mujer pudo reconocerlos como propiedades de Dolores y, aunque esta revelación era la reafirmación que necesitaban, no ha llegado a tranquilizar ni a Jana ni a Curro.

    Lo cierto es que esos viejos enseres no eran el peor hallazgo de la habitación, sino otro mucho más preocupante. En una de sus expediciones por la estancia junto a Pía, la esposa de Manuel hace un descubrimiento completamente traumático: una alfombra manchada de sangre aparece ante sus ojos, haciéndole pensar constantemente en aquello en busca de una explicación que no duda en intentar encontrar en manuales de medicina. El disgusto es mayúsculo, más aún si piensa que toda esa sangre pudo pertenecer, precisamente, a su propia madre.