Cuando vi ‘El Turco’, supe que no estaba ante "otra serie más" de Can Yaman. Lo digo con plena conciencia de lo que implica afirmarlo en un medio digital y ante una audiencia que lo ha seguido desde sus comedias románticas hasta sus proyectos internacionales. Pero después de analizar su trayectoria, sostengo —sin tibieza— que 'El Turco' es la mejor serie de su carrera. Y no lo es por popularidad, ni por fandom, ni por estrategia de marketing. Lo es por riesgo, por construcción de personaje y por madurez interpretativa.

Durante años, Can Yaman construyó su imagen pública sobre el carisma, la presencia física y el magnetismo ligero que explotó en títulos como 'Erkenci Kuş' o 'Dolunay'. Series eficaces, exitosas, diseñadas para el consumo masivo. Pero también, siendo honestos, cómodas. En ellas funcionaba el arquetipo del galán impulsivo, encantador y temperamental.

can yaman el turco
Productora

'El Turco' rompe con eso. Aquí no hay espacio para el gesto fácil ni para la sonrisa seductora que resuelve conflictos. El personaje exige contención, densidad emocional y una presencia dramática sostenida. Y por primera vez veo a Yaman desaparecer detrás del rol. No veo a la celebridad. Veo al personaje. Eso, para un actor que ha cargado con una etiqueta tan potente de ídolo romántico, es un logro enorme. Lo que más valoro —y aquí hablo tanto como espectador como periodista cultural— es el riesgo estratégico. En un momento donde podía seguir capitalizando la fórmula que le funcionaba, decidió cambiar de registro. Y cambiar de registro implica perder parte del público cómodo para intentar ganar legitimidad.

Can Yaman hace su mejor papel en 'El Turco' que se convierte en su mejor serie

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Daniele Venturelli

En 'El Turco' no se apoya en el romanticismo ni en la química ligera. Se apoya en el conflicto interno, en la épica y en la construcción física del personaje. Hay una corporalidad distinta: la forma de caminar, de sostener la mirada, incluso el silencio pesa más que en cualquier otro proyecto anterior. En 'Bay Yanlış' el ritmo era dinámico y juguetón; aquí la narrativa exige pausa y gravedad. Y él responde con una interpretación mucho más medida. Eso, en términos de evolución profesional, es crecimiento real.

También hay que hablar del contexto. 'El Turco' no es una serie diseñada únicamente para el mercado local. Tiene una ambición internacional clara, una escala visual más amplia y una narrativa menos dependiente del melodrama clásico turco. Can Yaman entiende que su carrera ya no es exclusivamente nacional. Está construyendo una identidad global.

Y 'El Turco' funciona como carta de presentación madura, más sólida, menos dependiente del fenómeno fan. No es una serie perfecta —ninguna lo es—, pero es la primera en la que siento que el proyecto está al servicio de la evolución del actor y no al revés. Y por eso, para mí, es su mejor trabajo hasta ahora. Porque no se limita a confirmar lo que ya sabíamos que podía hacer, sino que amplía el rango. Porque lo expone. Porque lo desafía. Porque lo obliga a sostener una narrativa desde un lugar más complejo.