Maggie Civantos se despide de 'Vis a Vis: El Oasis': "Necesitaba un final digno"

La protagonista de 'Vis a Vis: El Oasis' nos cuenta anécdotas de cómo ha sido el rodaje de esta nueva temporada y de cómo ha sido la despedida de Maca.

Maca, de Vis a Vis El Oasis, mira desafiante 

La serie Vis a vis. El Oasis, sigue las andanzas de la expresidiaria, que tras su paso por las cárceles de Cruz del Sur y Cruz del Norte une sus fuerzas a Zulema (Najwa Nimri) para cometer atracos como compañeras.

Nació el día de los Santos Inocentes y su nombre le viene de un personaje de Falcon Crest. Le gusta la acción, las motos, la mitología y la soledad. Y lleva un colibrí tatuado en la nuca a raíz de un viaje a México. Le encanta la música, porque sus padres son cantantes y hace años tenían una orquesta. De pequeña soñó con ser periodista, pero después se hizo bailarina, viajó a Cuba a estudiar danza y allí descubrió que su auténtica vocación es la actuación. El papel que le ha hecho popular es el de Macarena en “Vis a vis”.

¿Cómo estás viviendo el confinamiento?

Estaba en Nueva York y mi plan era bien distinto, pero dadas las circunstancias, me vine para Madrid. Hay días que llevo mejor el aislamiento, porque empiezas a ver un poco de luz y dices: con un poco de suerte, dentro de un mes salimos, pero ha habido días muy duros. Creo que todos pasamos por distintos estados de ánimo en el mismo día: a ratos muy positiva y otros muy negativa. Es una montaña rusa de emociones.

¿Qué va a pasar con el cine y los espectáculos y los puestos de trabajo que están en peligro?

Al final, nuestra industria va a ser la más golpeada porque dicen que esta pandemia se puede repetir y los creadores tenemos que pensar en alternativas, tal vez haciendo teatro para cincuenta o cien personas o generando un cambio a nivel artístico. La gente está encontrando en la cultura un refugio durante la cuarentena, porque es uno de los valores necesarios en este período de aislamiento. No es de primera necesidad, cierto, pero la cultura debería estar más mimada, cuidada y considerada.

¿Qué recomiendas a nuestros lectores en esta días?

En vez de confinarnos a nivel mental, tenemos que expresar lo que sentimos. La gente tiene que poder decir sin miedo si está descontenta. Si somos capaces de estar confinados para salvar vidas, también lo podemos hacer para expresarnos libremente. Que el aislamiento no nos quite la libertad, como ciudadanos, de poder decir lo que pensamos.

Hablemos de la serie. 'Vis a vis: El oasis' se sitúa varios años después del final de la cuarta temporada de la serie original. ¿Te ha sorprendido tu personaje fuera de Cruz del norte?

El desenlace era muy abierto y quedaba pendiente contar qué pasaba con Macarena y Zulema. Era añadir algo a la historia que aún no había sido contado. Además, el fenómeno de la 'Marea amarilla' ha sido tan bonito, que me era imposible negarme a una temporada más.

¿Crees que la serie va a funcionar aunque salga de la cárcel?

Los seguidores de “Vis a vis” demandaban una historia que en la serie no dio tiempo a contar y ahora se cuenta. Además, esta continuación sigue con los ingredientes principales que siempre ha tenido “Vis a vis”, la combinación de la acción con esa parte entrañable que tienen los personajes, esa humanidad que desprenden.

En esta quinta temporada vemos a una Maca dura, pero también cercana, lo más parecido a una amiga de Zulema. ¿Las relaciones personales son lo importante de esta continuación y el atraco, una excusa?

Sí, es verdad que se indaga mucho más en los personajes que en contar una historia de un atraco. Ahora vemos a una Maca más expresiva, más luminosa, más madura y que quiere cambiar de vida. Tienen ganas de verbalizar cosas que ya existían desde el principio, pero que ahora se materializan. Lo más difícil ha sido encontrar el equilibrio. Macarena sigue siendo muy guerrera pero, por primera vez, se mantiene en un punto bastante terrenal, porque es su último atraco y quiere hacer las cosas bien en su vida. Quiere resetear y empezar de nuevo. Está llena de esperanza. También veremos algún flash back en los que veremos a una Maca de épocas anteriores, más oscura, más deprimida y esclava de las decisiones que ha tomado.

Maca dice al principio de esta temporada que quiere una vida normal, pero atraca a un narcotraficante. ¿Le va la marcha?

Creo que tiene gusto por esa adrenalina que simboliza su relación con Zulema. Es un gusto por lo prohibido, por lo peligroso...es una patología que vive en ella y le resulta muy atractivo, aunque no lo ha querido aceptar durante años. Por eso decide dar ese último golpe, como una forma de despedida. Es su última oportunidad de sentir algo que quiere enterrar. Es curioso porque Macarena se despide de esa vida y yo, Maggie, también me despido de Macarena (risas).

Iván Escolar, productor ejecutivo y showrunner de la serie, hablaba de Maca y Zulema como esas parejas que están a punto de separarse pero como solución deciden tener un hijo. ¿Maca Zulema, Zulema-Maca. Funcionaría la una sin la otra?

Son dos personajes que, en esa atracción que tienen, se pierden. En el segundo capítulo hay un encuentro de ellas y yo me preguntaba cómo personaje: ‘¿Qué hago aquí?’. E interpretaba eso. O ella me da un guantazo cuando estamos en el cementerio y Najwa veía que teníamos que pelearnos, pero yo no veía la necesidad de revolverme porque no quería entrar en la energía negativa que habíamos llevado hasta entonces. Y no le devolví el golpe. En realidad, Maca y Zulema se necesitan para no volverse locas. Najwa y yo nos mimetizamos tanto con los personajes que, al pasar texto, empezábamos a discutir. Estábamos trabajando cosas tan distintas que era imposible llegar a un punto en común. Discutíamos por cosas absurdas. Ahora me resulta divertido, pero hubo momentos de mucha tensión absurda.

O sea, que ambas os llevasteis al personaje a casa...

Hay una parte de mí que no quiere trabajar así, que quiere desconectar después del rodaje para no volverme loca, pero siempre te llevas un trozo de esa energía a casa. Es inevitable porque no es tan fácil desconectar cuando estás interpretando a ese personaje durante tres meses y medio seguidos.

En la serie vemos a una Maca embarazada que quiere tener a su hijo. ¿Eso dará sentido a su vida?

Totalmente. El padre y su vida sentimental no importa en esta historia, lo importante es lo que un hijo significa para ella y cómo lo vive. El embarazo cobra un protagonismo muy interesante, más allá de lo convencional porque significa amor con mayúsculas y eso es lo que se trabaja durante toda esta temporada. Amor hacia su hijo y también hacia Zulema; hasta ahora había desarrollado el odio hacia ella y en esta última temporada desarrolla el amor. El embarazo de Maca es algo muy simbólico para el personaje y para la historia en general. Es un caminar hacia la vida, la esperanza y la luz.

¿Cuál ha sido tu reto como actriz en la transformación de tu personaje?

Hacer creíble ese paso del odio al amor. Hemos visto a esos personajes odiarse y hasta intentar matarse –acordémonos que Macarena dejó en coma a Zulema-y Zulema mató a la familia de Maca. Todos sabemos de dónde vienen y el background que tienen y de repente, colocarlas en un espacio común, conviviendo, siendo socias y generando un cariño, era muy complicado de nentender. Y para conseguir ese cambio llegué a la conclusión de que no tenía que entenderlo sino solo sentirlo. Tenía que buscar el equilibrio de esas dos fuerzas y al principio me costó porque mi personaje es muy racional, pero me apoyé mucho en los directores de la serie para conseguirlo.

¿Te ha costado despedirte de Maca?

Ha sido un regalo y también un alivio. Me resultaba inquietante no poder despedirme de Macarena adecuadamente porque la tercera temporada se quedaba en coma sin saber si podría volver o no a la serie; necesitaba cerrar esta historia y darle un final digno al personaje que había marcado mi carrera y mi vida.

¿Sigues manteniendo relación con tus antiguas compañeras de la cárcel?

Sigo teniendo mucho contacto con María Isabel Díaz Lago, que interpretaba a Sole; con Marta Aledo, que daba vida a Tere… Formamos una pandilla muy divertida.

Maggie, a ti de pequeña te llamaban “La Cani”. ¿Por qué?

Me llamaban la cani de canija, no de choni (risas).

¿Eres tan inocente como la fecha de tu nacimiento (el 28 de diciembre) o tan dura como Macarena Ferreiro?

Las dos cosas. Soy mujer de extremos, inocente e ingenua por un lado y al tiempo poseo ese coraje y esa fuerza. Los años pasan factura y te vuelves más escéptica, pero me niego a perder ese punto de inocencia que te hace ver con otros ojos la vida y te permite sorprenderte.

Háblame de nuevos proyectos. ¿Sigues con la intención de escribir guiones y montar tu propia productora? ¿Y con la idea que tenías de montar campamentos culturales en tu tierra y en plena naturaleza?

Ahora mismo, con la situación que ha creado el coronavirus, me es difícil ver mucho más allá de pasado mañana. Se ha parado todo. Tenía proyectos que se estaban cerrando y ahora mismo no se sabe cuándo podremos hacerlos. Pero sigo escribiendo, porque tengo la necesidad de saciar mi inquietud artística y eso me está salvando. Respecto al proyecto de la residencia artística, va cogiendo forma; ahora ya sé que será itinerante.

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