Tener un buen colchón es muy importante para un descanso óptimo, pero, aunque tengas el colchón ideal, no durará para siempre. Y es que, con el paso del tiempo, su forma y soporte irán cediendo y puede ser el responsable de que tengas que lidiar con noches inquietas o algunos dolores de espalda. Por eso hemos respondido a la pregunta que muchos nos hacemos: ¿con qué frecuencia deberías cambiar realmente tu colchón y qué puedes hacer para que dure más?

Antes de entrar en detalles, debemos recalcar que no existe una regla única que sirva para saber con exactitud cuándo debes cambiar el colchón, ya que su durabilidad dependerá del diseño y del uso que le des. No es lo mismo el de la cama en la que duermes cada día que el de tu casa de veraneo, que usas un par de meses al año. Si empieza a resultarte incómodo; notas una hendidura visible en su superficie o se hunde fácilmente al aplicar peso, ha llegado la hora de reemplazarlo porque ya no ofrecerá la comodidad que tenía al principio.

Según los expertos de Pikolín, deberías cambiar tu colchón cada 8-10 años. Esperar más tiempo podría provocar que se deteriore demasiado. Y no te olvides del somier o canapé. Lo ideal es cambiarlo al mismo tiempo que el colchón porque de esa manera estará diseñado específicamente para tu nuevo colchón y no afectará a su rendimiento.

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Un colchón en mal estado puede ser el responsable de tus dolores de espalda.

Los mejores consejos para que tu colchón dure más

1. Si puedes, gira el colchón y dale la vuelta

No todos los colchones están diseñados para que los puedas girar. Algunos están hechos con diseños en capas que solo pueden colocarse en una dirección. Pero, si tu colchón se puede mover (consulta con el fabricante si no estás seguro), gíralo y voltéalo cada tres meses. Debes voltearlo de arriba abajo y girarlo de derecha a izquierda para asegurarte de que el desgaste sea progresivo y homogéneo en todas sus dimensiones si es de doble cara. Un colchón de muelles debe rotarse y voltearse cada semana durante tres meses cuando es nuevo y reducirlo a una vez cada 3-4 meses. Pero recuerda siempre seguir las recomendaciones del fabricante para no tener problemas con la garantía.

2. Cambia tu posición para repartir el peso

Somos criaturas de costumbres y la mayoría dormimos en el mismo lado de la cama y en la misma postura. Si duermes solo, intenta cambiar de lado regularmente para redistribuir el peso. Si duermes en pareja, intenta cambiar de lado cada cierto tiempo para variar el peso. Y es que si eres de los que duermen de lado, es más probable que en tu colchón aparezcan hendiduras por la presión de caderas y hombros que si duermes boca arriba, ya que así ejerces menos presión.

3. Aumenta la comodidad con un topper o sobrecolchón

Si empiezas a sentirte incómodo en tu colchón, pero aún no crees que necesitas un reemplazo, un topper para colchón puede ser la solución. Este sobrecolchón se coloca encima del colchón para dar mayor comodidad y están disponibles en todo tipo de materiales, desde espuma viscoelástica hasta plumón. Pero ten en cuenta que, si el colchón presenta hundimientos notables, el topper no lo arreglará y deberás cambiar el colchón.

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Un colchón en perfecto estado te ayudará a disfrutar de un buen descanso.

4. Utiliza un protector de colchón para evitar manchas

Para que tu colchón dure, es imprescindible que lo protejas al máximo y el protector cumple a la perfección con esa función. Esta ‘capa’ lo protege de manchas, aunque hayatrucos para eliminarlas, y derrames, ya que algunos son impermeables, ideales para las camas de los más pequeños; otros son acolchados que aportan más comodidad e incluso los hay que prometen ayudarte a regular tu temperatura. Escoge el que mejor se adapte a tus necesidades y recuerda lo difícil que es quitar las manchas de un colchón. Protegiéndolo con un protector, será este el que se manche y, además, ayuda a que los ácaros no lleguen a tu colchón, lo que alivia las alergias.

5. Hay que dejar que se ventile

Es importante no hacer la cama nada más levantarte. Mientras dormimos, segregamos sudor y calor corporal, y toda esa humedad necesita tiempo para evaporarse de nuestra cama. Por eso, lo primero es apartar el edredón o las sábanas (según la época del año), ahuecar las almohadas y dejar la ventana de la habitación abierta durante unas horas. Así reducirás las bacterias que pueden aparecer en tu cama y colchón.

6. Encuentra el colchón que mejor se adapte a tus necesidades

Es fundamental que elijas el colchón que más se adecue a tu tipología y necesidades. No te dejes guiar solo por su precio y escojas el que está en oferta. Debes buscar uno que te ofrezca, sobre todo, comodidad y soporte. Es mejor probar el colchón en persona e intenta que no sea a última hora del día cuando estás más cansado y todo te parecerá cómodo. También debes tener en cuenta la almohada que vayas a elegir, así como el tamaño de tu habitación. A la hora de comprar un colchón nuevo, asegúrate de que entra bien en tu habitación y que algunos fabricantes no utilizan medidas estándar.