Economía en tiempos de pandemia I

Todo lo que necesitas saber sobre el coronavirus para entender cómo va a afectar a la economía.

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Westend61Getty Images
  • Son días extraordinarios, seamos personas extraordinarias
  • Los gobiernos, las empresas y los ciudadanos tenemos la capacidad de cambiar la trayectoria del virus

    Son, y vienen, tiempos difíciles. Y en momentos de incertidumbre e inseguridad lo que necesitamos es información, a ser posible de fiar. Es cierto que quedan muchas incógnitas por despejar, pero también es verdad que todo lo que nos esforcemos por entender mejor la situación nos permitirá hacerle frente con más y mejores y armas.

    Y eso precisamente es lo que tiene a los economistas y analistas financieros ocupadísimos ahora mismo: intentar conocer lo mejor posible a este bicho que ha puesto el mundo patas arribas para hacerse una composición de lugar lo más ajustada a la realidad posible.

    El coronavirus ha venido para quedarse

    Con casos confirmados en prácticamente todos países del mundo, el virus está ya demasiado extendido para pensar en una posible erradicación. Tengamos en cuenta que en la historia de la humanidad solo se han conseguido erradicar dos virus, la peste bovina y la viruela, y que pasaron 20 años desde el descubrimiento de la vacuna moderna de la viruela hasta que se pudo cantar victoria.

    Otra estrategia que se podría considerar es alcanzar la inmunidad de grupo. Es decir, que haya tanta gente inmune que no pueda haber contagios masivos. Cuánta gente inmune se necesita para conseguir esta inmunidad colectiva depende del ratio de contagio de cada virus y, con los datos del coronavirus en la mano, se estima que por lo menos el 70% de la población tendría que estar inmunizada antes de poder bajar la guardia.

    La forma cowboy de hacer esto, la que barajó brevemente Boris Johnson hasta que la cordura se impuso, sería dejar al virus propagarse libremente hasta que haya una cantidad suficiente de gente que lo haya pasado. Esto con virus de difícil contagio o sintomatología leve sería factible, pero ya hemos visto los estragos que el coronavirus campando a sus anchas puede suponer para el sistema sanitario. Hasta que no haya un tratamiento efectivo y asequible esto no es una opción viable. Para más inri, tampoco se sabe todavía si la inmunidad obtenida tras haber pasado el virus es permanente o solo temporal.

    La solución ideal es una vacuna. Los expertos confían en encontrar la vacuna rápido, pero “rápido” significa un año, posiblemente más.

    Así que de momento, y hasta que la medicina pueda ofrecernos soluciones viables en cantidad suficiente, solo nos queda una opción: contener el virus con las medidas que sean necesarias, alargando la curva de propagación para que en ningún momento el número de enfermos graves supere la capacidad del sistema sanitario, porque además el tiempo de hospitalización es largo y se necesitan muchos medios para atender a cada paciente adecuadamente.

    Esto va para largo

    Para contener la pandemia tenemos que aumentar la capacidad del sistema sanitario, que ya hemos visto que no es tan fácil a corto plazo, y ralentizar todo lo posible la velocidad de propagación del virus con las medidas que por desgracia conocemos ya de sobra, como también sabemos de sobra que el confinamiento más extremo no se puede mantener eternamente sin colapsar la economía.

    ¿Qué significa esto? Que aunque se levanten las medidas más estrictas, se va a tener que seguir controlando la pandemia activamente y que puede haber otras oleadas, en las mismas regiones o en otras, que puedan volver a requerir medidas más duras de manera intermitente.

    Los epidemiólogos del Instituto Robert Koch en Alemania cuentan con convivir con este inquilino indeseado e indeseable hasta dos años.

    Cuando pase esta fase inicial de confinamiento, tendremos que pasar a una estrategia de mitigación, ralentizando la propagación del virus lo máximo posible para encontrar un equilibrio que nos permita minimizar los efectos en la sanidad, la vida de los ciudadanos y la economía. Vamos a tener que encontrar un new normal más flexible que tendremos que ir adaptando a medida que vaya cambiando la situación.

    Primero se protege la vida y luego, cuando se pueda, la forma de vida.

    O sea que sí, va a haber crisis, y gorda. Hay que contar con sectores afectados a largo plazo y con posibles cierres intermitentes y cuarentenas totales o parciales. Pero eso no significa que no podamos hacer nada para evitar consecuencias mayores y garantizar que la recuperación sea lo más rápida e indolora posible.

    Todos contamos. Y mucho.

    Como dijo la OMS cuando declaró oficialmente la pandemia, los gobiernos, las empresas y los ciudadanos tenemos la capacidad de cambiar la trayectoria del virus. Para que la segunda fase de control de la pandemia funcione lo mejor posible nuestro comportamiento, el de cada uno de nosotros, es más importante que nunca.

    Hasta ahora las medidas que mejor resultado han dado son una estrategia agresiva de tests para localizar cuanto antes los casos asintomáticos y leves, el seguimiento exhaustivo de los contagios y su entorno, la protección proactiva de población de riesgo, el aislamiento y seguimiento de los focos de infección, y medidas para evitar lo que llaman “superspreaders” como evitar las congregaciones de mucha gente donde el ratio de contagio puede multiplicarse exponencialmente.

    Todas estas medidas dependen de la colaboración ciudadana. Implican que la gente joven cambie sus hábitos para proteger a los mayores, que un empleado decida no acudir a su puesto de trabajo si sospecha que puede estar contagiado, que nos ocupemos de proveer de comida y otros servicios a los más vulnerables, que comuniquemos con honestidad y rigor cualquier síntoma relevante, y mucho más.

    Esto se puede hacer con monitorización a lo Gran Hermano y sanciones pero también, por qué no, con estímulos positivos, apelando a la solidaridad y el sentido del deber de cada uno.

    Parece que tenemos que elegir entre nuestra privacidad y nuestra salud. No tiene por qué ser así. Si todos colaboramos podemos proteger las dos cosas al mismo tiempo. Pero para eso necesitamos ciudadanos informados y motivados. Para eso tenemos que poder confiar en la información que nos dan y en los medios y personas que nos la brindan.

    Son días extraordinarios, seamos personas extraordinarias.


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