Los mejores consejos para mantener tus deudas a raya

Poquitas cosas hay más caras que deber dinero por culpa de los créditos rápidos, el fraccionamiento de los pagos con tarjetas de crédito y otras plataformas de pago alternativas que también nos animan a eternizar el pago de nuestras compras. Esto es todo lo que tienes que conocer si debes dinero o vas a pedirlo prestado.

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        Endeudarse se ha vuelto tan fácil, tan terriblemente cómodo que, para mucha gente, las cuotas de sus préstamos suponen más del 40% de sus ingresos, un umbral que, sin embargo, es peligroso sobrepasar, y ya hemos visto a personas dilapidar todo su dinero.

        No es que endeudarse esté mal. Al contrario, la deuda es un instrumento financiero, tan digno como cualquier otro, que nos permite cosas tan fetén como comprar una casa o montar un negocio, siempre que sea un crédito acorde a nuestras necesidades. El problema de la deuda es como el del chocolate: la dosis. Mientras que un poquito de deuda puede ser sano, y hasta recomendable para poder acceder a la compra de bienes que de otra manera sería imposible, un exceso de deuda puede ser letal para nuestra salud financiera. No poder hacer frente a nuestras deudas es algo muy serio que nos puede llevar a la ruina.

        El problema de no pagar una deuda es que se empiezan a acumular los intereses y las comisiones de impago y demora que, encima, van a generar más intereses todavía, de manera que el montante de nuestra deuda no hace más que crecer a una velocidad de vértigo como una bola de nieve que cada vez es más grande y avanza más rápido. Por eso no es recomendable que las cuotas de todos nuestros préstamos superen el 40% de nuestros ingresos netos mensuales, para que, aunque tengamos problema o imprevisto económico, podamos seguir pagándolas sin demasiados agobios. Por eso te contamos los mejores consejos sobre ahorro y consumo para poder hacer frente a la subida de precios y a la crisis energética de este 2023.

        Conocer tus deudas

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        Lo primero que tenemos que hacer para mantener nuestra deuda a raya es conocerla. Para eso debemos hacer una lista de todos nuestros préstamos, incluyendo la hipoteca, el préstamo del coche, los créditos al consumo y las tarjetas de crédito o cualquier otro pago fraccionado que podamos tener.

        De cada préstamo tenemos que saber cuál es la cuota mensual, el importe de lo que nos queda por pagar (ojo, esto no es el dinero que pedimos en su día, sino lo que nos queda por devolver), el interés que estamos pagando, que puede ir desde el interés modesto de una hipoteca hasta salvajadas del veintitantos por ciento que cobran algunas tarjetas, y si hay alguna comisión por cancelación anticipada o alguna cláusula que nos impida hacerlo. Si nos falta algún dato, lo más fácil es llamar al banco o a quienquiera que no esté prestando el dinero y preguntar.

        Cancelar el primer crédito

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        Una vez tengamos la lista con toda la información de nuestras deudas, tenemos que decidir qué cantidad extra mensual podemos dedicar a ir cancelando nuestras deudas, además de las cuotas que pagamos religiosamente todos los meses, y qué crédito queremos cancelar primero.

        Lo suyo es empezar amortizando la deuda que tenga un tipo de interés (menos la comisión por cancelación anticipada si la hubiera) más alto, pero a veces, para animarnos, puede ser recomendable empezar por la deuda más pequeña para tener el aliciente extra de ir tachando deudas de nuestra lista. Esto ya a gusto del consumidor.

        Una vez hayamos decidido qué deuda vamos a finiquitar antes, lo suyo es hablar con el banco o la entidad que nos haya concedido el crédito para cambiar la cuota al nuevo importe que hayamos decidido para ir cancelando las deuda más rápido. Muchas veces esto se puede hacer online.

        Dedicar el dinero ahorrado en cancelar deuda

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        Y ahora viene la gracia de este sistema. Una vez que hayamos cancelado la primera deuda, lo que tenemos que hacer es dedicar lo que estábamos pagando mensualmente —la cuota original más ese extra— a pagar la segunda de nuestra lista para ir amortizándola más rápido. Y así sucesivamente de forma que, cada vez que cancelamos una deuda, aumentamos el ritmo al que vamos a cargarnos la siguiente y, de esta manera, en cascada, podemos reducir el montante de nuestra deuda en menos que canta un gallo. Esto es una forma estupenda de ahorrar porque, cuanto menos tiempo tardemos en pagar una deuda, menos intereses vamos a pagar.

        Buscar una solución con el banco

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        Si, por la razón que sea, nos vemos incapaces de hacer frente a los pagos de nuestra deuda, lo mejor que podemos hacer es hablar con nuestro banco cuanto antes para buscar una solución entre todos. Los bancos están preparados para este tipo de situaciones y pueden ayudarnos a encontrar una salida, ya sea refinanciando nuestra deuda, con una moratoria o como sea. Pero, ojo, una cosa es refinanciar tus deudas, de manera que el importe total de lo que debes no varía, y otra muy distinta es pedir un préstamo para pagar otro préstamo.

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