El día que Adriana Ugarte (Madrid, 1985) eligió tres libros para recomendar su lectura en Instagram (en su perfil @adrianaurgarte10) hace tiempo, los ordenó. Primero mencionó 'Tus zonas erróneas', de Wayne Dyer, obra describe como un libro para "detectar lo que te impide ser feliz". Luego, 'El fantasma de Canterville', de Oscar Wilde, para reírse antes de dormir. Y al final, el más oscuro de los tres, el que requiere más de quien lo lee: 'La balada de la cárcel de Reading', de Oscar Wilde, también. Lo definió así: "Es un libro para viajar, para aprender el poder curativo del arte, cómo puede dignificar un camino de sufrimiento". Parece haber encontrado en él un tema resuena con alguna experiencia implícita.

Ugarte, a lo largo de toda su carrera, ha interpretado a personajes que atraviesan asuntos difíciles. Con Sira, de 'El tiempo entre costuras', pierde a su amor en la guerra y aprende a sobrevivir en la clandestinidad del Protectorado de Marruecos. Con la protagonista de 'Julieta', película de Almodóvar, carga con una culpa que la paraliza durante décadas. Con la madre de 'Durante la tormenta', pierde a su hija y tiene que aprender a vivir con tal pérdida de maneras que no puede controlar. Es una actriz que ha personificado el sufrimiento desde el artificio, y cuando recomienda un libro describiendo su capacidad de dignificar el dolor, consideramos que no está siendo, precisamente, retórica.

Random House 'La balada de la cárcel de Reading', de Oscar Wilde

'La balada de la cárcel de Reading', de Oscar Wilde

Especificaciones

EditorialRandom House
Número de páginas72
Año de edición2017

El libro se titula 'La balada de la cárcel de Reading', escrito por Oscar Wilde (Dublín, Irlanda, 1854) en 1897, meses después de salir de la prisión de Reading donde había cumplido dos años de trabajos forzados. En mayo de 1895, cuando 'La importancia de llamarse Ernesto' seguía representándose en los escenarios de Londres, Wilde fue declarado culpable de indecencia grave y condenado a dos años de trabajos forzados por su relación con Lord Alfred Douglas, hijo del marqués de Queensberry. Salió de la cárcel en mayo de 1897 arruinado, con la reputación destruida, incapaz de volver a Inglaterra y sin acceso a sus hijos. Inició la escritura del poema en Berneval-le-Grand, en la costa normanda, y lo completó en Nápoles en septiembre de 1897. Se publicó el 13 de febrero de 1898. Fue el último poema que publicó en vida. Murió tres años después en París, en una habitación de hotel barata, con cuarenta y seis años.

Antes de 1895, Wilde era el hombre más brillante y más celebrado de Londres. Un dramaturgo que llenaba teatros, el conversador cuyas frases se repetían en los salones. Tenía dinero, fama, una red de amistades que abarcaba toda la clase alta inglesa y tenía, también, una relación con Douglas que llevaba cuatro años manteniendo con la discreción justa para que nadie lo forzara a nombrarla. Todo aquello desapareció en pocas semanas. El juicio lo convirtió en el protagonista del escándalo más sonado de la Inglaterra victoriana. Sus amigos desaparecieron, su mujer le cerró el acceso a sus hijos y la sociedad se dio la vuelta.

Wilde también escribió 'De Profundis', la larga carta a Douglas donde ajustaba cuentas con su propia vida, y luego, ya en libertad, este poema largo sobre el ahorcamiento de un soldado que había matado a su mujer, al que Wilde vio caminar hacia la muerte en el patio de la prisión sin poder hacer nada. También Wilde se veía a sí mismo condenado y sentía que la sociedad lo había ejecutado. Consigue una piedad universal por todos los que sufren. La frase más famosa del poema (Y todos los hombres matan lo que aman, que lo oiga todo el mundo) es, de hecho, una observación.

Por qué Ugarte opina que el libro de Oscar Wilde es "para aprender"

La descripción que hace Ugarte (que el libro enseña el poder curativo del arte, cómo puede dignificar un camino de sufrimiento) señala lo más extraordinario del texto. Wilde, en el peor momento de su vida, con todo perdido y sin ningún futuro visible, escribe un poema que no habla de la condición humana. Utilizar el dolor personal para algo que trasciende al individuo, es lo que el arte debería hacer para calar.

Los poemas largos con forma de balada tienen una tradición que Wilde conocía perfectamente. 'La balada de la cárcel de Reading' trabaja dentro de ella. El ritmo es regular, hipnótico. El contenido, por su parte, es brutal y descarnado. Las celdas, el frío, el patio, los guardias, los demás presos. Wilde lo describe siendo el hombre de los epigramas brillantes y las comedias elegantes, que también escribió, al final de su vida, un texto como este. Aun si no te suele atraer este estilo de lectura, este libro te va a conmover.