El autor de 'Reina Roja' recomienda la primera novela de Salvador Perpiñá, uno de los guionistas de la adaptación televisiva de su exitoso universo literario. "Seguirá contigo después de leer la última página". La frase aparece destacada en la portada y en el dosier de prensa de la novela, publicada por HarperCollins Ibérica, y resume muy bien el tipo de lectura que propone Perpiñá, una historia de intriga que ha conquistado al autor superventas en España, que este 2026 ha publicado 'Mentira'. "Intenso, arrebatador, profundamente humano. Un thriller intoxicante, de una rara hondura", ha dicho Juan Gómez-Jurado.
'El prisionero de la planta 15' arranca en Madrid, 1966. Su protagonista, Víctor Cano, es un excombatiente de la División Azul, antiguo investigador privado y morfinómano que vive prácticamente recluido en un apartamento del Edificio España. La llamada que lo saca de su encierro es breve y desesperada: "Necesito que vengas a verme. Quiero que encuentres a mi hija. Virginia". Con esas palabras, Víctor se ve empujado a buscar a Dolores Rivera, joven de la alta sociedad madrileña que ha desaparecido sin dejar rastro. En su investigación contará con la ayuda de Estela, una actriz de provincias sin suerte. Juntos se adentrarán en una ciudad inclemente, atravesada por pandilleros, mentiras, salones donde se respira poder y almas que parecen haber perdido el camino de regreso. El resultado es una novela que se mueve entre el thriller, el noir, el descenso psicológico y una atmósfera casi febril.
Salvador Perpiñá: de los guiones de televisión a su primera novela
El nombre de Salvador Perpiñá resultará familiar a los espectadores que se fijan en los créditos. Lleva años trabajando como guionista y ha escrito capítulos de series tan populares como 'Periodistas', 'Los Serrano', 'Pelotas', 'Isabel' o 'Reina Roja'. Antes de esta novela había publicado los libros de relatos 'Prácticas de Tiro', 'Contradiós' y 'Koniec', pero 'El prisionero de la planta 15' supone su debut en la novela.
Ese oficio audiovisual se nota en su narración. Perpiñá construye escenas con ritmo, imágenes poderosas y una ciudad que parece diseñada para atrapar al lector. Pero su ambición va más allá de la eficacia del suspense. "Una novela que el aficionado al género podrá devorar como un thriller absorbente, pero en la que el lector más inquieto podrá encontrar el calorcillo de la literatura", dice el autor.
Uno de los grandes aciertos de la novela es convertir el Edificio España en algo más que una localización. En el libro, ese símbolo de la arquitectura franquista se transforma en una especie de torre infernal, un lugar que parece guardar tanto misterio como el propio Víctor Cano. Perpiñá lo explica así: "Lo es. Un personaje más, un laberinto, una montaña, un hormiguero con algo de zigurat mesopotámico. Es una metáfora de la mente fragmentada del héroe/antihéroe de la historia, pero también podría interpretarse como una metáfora del régimen franquista".
Un protagonista carismático y clásico de la novela negra
Víctor Cano es el tipo de personaje que sostiene una novela negra porque está lleno de zonas oscuras. Excombatiente, investigador retirado, adicto a los opiáceos y encerrado en sí mismo, su búsqueda de Dolores Rivera también es una búsqueda personal. Cada paso en la investigación lo obliga a enfrentarse a su pasado y a preguntarse quién es realmente. "La figura del excombatiente con traumas es un arquetipo de la cultura popular. ¿Cómo es que nunca se había pensado en emplear ese arquetipo con un superviviente de la División Azul? Que fuera adicto era una manera de hacerlo más interesante y superar el cliché de señor falangista con bigotillo".
Perpiñá no esconde quiénes han sido sus referentes: "Agitamos en la coctelera un poco de la poética urbana de Marsé, un poco de decadencia La Dolce Vita, un poco de David Lynch y unas gotas de psicodelia, a lo Philip K. Dick. Bébase y disfrútese con calma". El propio autor ofrece tres motivos para acercarse al libro: porque es "una novela atractiva y con un magnetismo especial"; porque "no se parece a nada que se haya escrito antes sobre el Madrid de esa época"; y porque puede funcionar como una "base sólida para la resiliencia y la acción".
Perpiñá desea que el lector llegue al final con la sensación de haber atravesado algo más que una trama: "Me gustaría que sientan que han terminado un viaje fascinante, que experimenten el mismo desbordamiento de emociones que sentí al escribir el último capítulo". Y parece que lo ha conseguido, porque según Juan Gómez-Jurado, 'El prisionero de la planta 15' "seguirá contigo después de leer la última página".










