Bernardo Atxaga no existe. Es un nombre inventado. Es un seudónimo que José Irazu Garmendia (Asteasu, Gipuzkoa, 1951) se apropió en 1972, cuando tenía 20 años y quería firmar sus primeros textos literarios con algo que no fuera su nombre oficial. Lo hizo por razones prácticas en su momento: el nombre real tenía demasiadas sílabas para firmar. Lo que no podía anticipar es que aquel nombre inventado iba a convertirse en el escritor en euskera más traducido y premiado de la historia y en una referencia de la literatura española reconocida en 32 idiomas. Tampoco que sería alguien cuya obra sería descrita por el jurado del Premio Nacional de las Letras Españolas (al concedérselo en 2019) como "una narrativa impregnada de poesía en la que ha combinado de una manera brillante realidad y ficción". José Irazu es Bernardo Atxaga. Lo ha sido durante 50 años. Y ha utilizado esta dualidad brillante como tema de su última novela.

La cita que el material promocional de Alfaguara atribuye The New York Times sobre la obra de Atxaga ("recrea un mundo nuevo y fresco con una originalidad poco común en la literatura española contemporánea") pertenece a la recepción de 'Obabakoak', la obra que en 1989 ganó el Premio Nacional de Narrativa y que el jurado describió como incluida entre los 100 mejores universos literarios. Este hecho sitúa al Atxaga que acaba de publicar 'Golondrinas' en una posición importante dentro de la literatura española. Su palabra lleva detrás una de las voces más singulares de la narrativa en lengua española.

'Golondrinas' empieza su historia en 1992, en el cementerio de Arroa Goia, con el entierro de José Manuel Ibar Azpiazu, conocido como Urtain, el levantador de piedras y boxeador vasco campeón de Europa de los pesos pesados en 1970, figura pública de proporciones míticas en el País Vasco de los años sesenta y setenta, que murió en 1992 en circunstancias que la novela describe como suicidio, tal vez incapaz de sostener el peso de la máscara que él mismo y el franquismo habían construido alrededor de su persona. Urtain y su historia fueron reales. Atxaga la usa como el punto de partida de una novela que atraviesa tres momentos distintos: 1992, 2017, 2042.

Especificaciones

EditorialAlfaguara
Número de páginas256
Año de edición2026

Pero, ¿quién fue Urtain en la cultura vasca y española de los años sesenta y setenta? Urtain era un hombre de campo, levantador de piedras, que de repente se convirtió en boxeador profesional y llegó a ser campeón de Europa de los pesos pesados en 1970, reconociéndose como símbolo de la virilidad vasca que el franquismo utilizó con entusiasmo propagandístico. Era enorme, fotogénico, capaz de hazañas físicas que parecían legendarias. Tenía la desgracia de que su imagen de gigante vasco invencible pasara a ser algo que lo aplastara después. Fuera del ring y fuera de los pesos, Urtain era un hombre sencillo que no sabía manejar la fama, ni el dinero, ni las expectativas ajenas. Murió en la pobreza, olvidado, a los 46 años, en circunstancias extrañas y poco investigadas.

Estructura y orden de 'Golondrinas', de Bernardo Atxaga

'Golondrinas' es formalmente distinto a la mayor parte de la novela española contemporánea. El narrador es Uzariel, un ser inmaterial ("un ángel militar", dice la novela) que todo lo ve y todo lo oye. Narra la historia con su lenguaje y su irreverente sentido del humor. Su voz, perteneciente a una tradición literaria de la fantasía y el realismo mágico (pero que Atxaga adapta con su propia lógica) permite que la historia de Urtain y de los personajes que gravitan a su alrededor sea contada desde fuera del tiempo y con una libertad de movimiento entre el pasado, el presente y el futuro de 2042.

Santos Sanz Villanueva, en El Cultural, ha señalado que al servicio de esta fábula "tan original e inventiva, como rara y sorprendente, incluso no poco caprichosa y bromista, pone Atxaga un aparataje literario bien variado", con una "discreta dosis de intriga" y un "aliento poético" que envuelve el paisaje vasco "tintado de emoción autobiográfica". José María Pozuelo Yvancos, en ABC, ha escrito que la novela alcanza "soberbias páginas con ese estilo poético y fabulador típico de este excelente escritor". J. A. Masoliver Ródenas, en La Vanguardia, ha opinado que Atxaga "se alimenta de la realidad y de su propia biografía, pero puede decirse que escribe con una varita mágica". Todos estos juicios de críticos (recopilados por el material editorial de la obra) que conocen la obra entera de Atxaga y que leen 'Golondrinas' desde su contexto. Han entendido que se trata de una novela que sintetiza las obsesiones de toda su carrera, como la identidad, la memoria, el País Vasco, lo real y lo inventado.

Se trata también de una novela sobre lo que les pasa a aquellos que pasan a ser símbolos antes de saber si quieren serlo. Urtain fue un símbolo del franquismo (y sin pedirlo). Los personajes que lo rodean son arrastrados por esa sombra. Y Uzariel, el ángel que lo narra todo desde fuera del tiempo, observa su proceso con humor y melancolía, cualidades que caracterizan la mirada de Atxaga sobre todo lo que escribe. Recomendamos honestamente su lectura. Porque lo dice The New York Times y porque consideramos que existen pocos escritores en activo en lengua española que lleven tantos años sosteniendo un universo tan propio y tan difícil de imitar.