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Hemos captado una imagen en el pódcast Qué estás leyendo de El País que vale más que cualquier descripción que se pueda hacer de Julia Navarro (Madrid, 1953) como lectora. Ella ha querido contar cómo marca los libros que está leyendo. "Yo me pongo en la página 148 y hago nada, pongo una línea para saber", dice. No dobla las páginas, no escribe en los márgenes. Hace una rayita. Y la rayita, dice, le indica que ahí hay algo que le va a servir en algún momento. La entrevistadora le pregunta si entonces no es tan caótica como dice, y Navarro ríe y responde: "Pienso, es que es un libro tan apasionante y tan interesante que yo he aprendido tanto que pienso, bueno, a mí esto seguro que me puede servir en algún momento". La escritora lo dice sobre uno de los libros de su lista en ese pódcast. Un ensayo de historia que admite haber tenido atascado. A pesar de ello, le ha tenido tomando notas durante semanas porque cada capítulo le daba material que quería guardar para usarlo después. Es un libro complicado, advierte. Se trata de una obra que exige atención y que recompensa a quienes se la dan con la moneda de haber aprendido algo que una desconocía.
Habla de 'Primavera revolucionaria', de Christopher Clark (Sídney, 1960), catedrático de Historia en la Universidad de Cambridge, conocido en España por 'Sonámbulos', su brillante reconstrucción de las tensiones internacionales que desembocaron en la Primera Guerra Mundial. En este monumental trabajo, Clark demuestra que la "primavera revolucionaria" que sacudió a buena parte de las sociedades europeas a mediados del siglo XIX jugó un papel determinante en la gestación de la modernidad que cobra forma en la segunda mitad de esa centuria y definirá el siglo XX. Es un libro muy largo, de 984 páginas, que cubre los años 1848 y 1849 en toda Europa, desde Palermo hasta Budapest, desde París hasta Praga. Navarro lo califica como "libro académico y difícil". También como "apasionante" e "interesante".
Las revoluciones de 1848 ocupan un lugar secundario en el imaginario histórico general, algo que lleva detrás un razonamiento que Clark aborda en el libro. Estas revoluciones ocurrieron en los albores del despertar de los movimientos nacionales europeos y aceleraron el crecimiento de los movimientos patrióticos y nacionalistas. Como consecuencia, su recuerdo se fue apagando. Fueron reemplazadas por una secuencia de revoluciones y trayectorias nacionales. La dimensión europea se perdió de vista. Clark, en lugar de contar las revoluciones de 1848 como una serie de episodios nacionales separados (la revolución francesa de febrero, el Risorgimento italiano, el movimiento húngaro de Kossuth, los levantamientos alemanes), las cuenta como un solo fenómeno europeo que se propagó de ciudad en ciudad con una velocidad que en 1848, sin teléfono ni telégrafo masivo, resultaba inexplicable. Como por arte de magia, en una ciudad tras otra, de Palermo a París, de Berlín a Viena, de Roma a Praga y Budapest, enormes multitudes se reunieron y el orden político que había prevalecido desde la derrota de Napoleón simplemente se derrumbó.
Dice Navarro: "Todo el impulso de mujeres que son, yo creo, para mí eran auténticas desconocidas y yo creo que para la mayoría lo son, y sin embargo tuvieron un papel fundamental en esos avances, en ese ensanchamiento de la búsqueda". Clark cuenta 1848 como la historia de un movimiento donde la participación femenina fue determinante y donde se debatieron por primera vez, a escala europea, cuestiones que entonces parecían radicales y que hoy nos parecen elementales, como el papel de la mujer en la sociedad, el fin de la esclavitud, el derecho al trabajo, la propiedad de la tierra o la emancipación de los judíos.
Clark ha explicado alguna vez que estamos lejos de una solución no revolucionaria a nuestros problemas y que cuando el proyecto moderno parece encaminarse a un callejón sin salida aparente, el ejemplo de aquellas revoluciones puede servirnos de referencia. Su observación conecta con lo que hace que 'Primavera revolucionaria' sea un libro del momento.
Clark entrega una historia total de las revoluciones de 1848-1849 que está llamada a cambiar el modo en que se contemplará el siglo XIX de ahora en adelante. Ya con 'Sonámbulos' logró publicar un libro que ha cambiado genuinamente la manera en que los historiadores y los lectores generales entienden el origen de la Primera Guerra Mundial. 'Primavera revolucionaria' tiene la misma ambición y la misma solidez académica.
Las reseñas en medios especializados y en la prensa cultural han sido extraordinarias en todos los países donde se ha publicado, con críticos que opinan en que es una obra monumental. Estamos de acuerdo.












