Hay días en los que una abre el periódico, escucha las noticias o enciende el telediario y siente unas ganas enormes de escapar. No hace falta irse muy lejos. A veces basta con abrir un libro y trasladarse a otro lugar y, sobre todo, a otro tiempo. Quizás por eso las novelas de época siguen teniendo tantos lectores: nos permiten alejarnos durante unas horas del presente y asomarnos a la vida de quienes estuvieron aquí mucho antes que nosotros. Aunque, en realidad, ese viaje tiene algo de trampa. Nos vamos buscando otros tiempos y terminamos encontrándonos con problemas que nos resultan demasiado familiares. El amor, la desigualdad, la ambición, los prejuicios, la identidad o la lucha de las mujeres por decidir sobre su propia vida estaban ya allí.
He pensado bastante en ello leyendo 'El baile de las criadas', la segunda novela de Marta Platel, ganadora del último Premio Fernando Lara de Novela. Y hay una forma bastante sencilla de saber si este libro puede ser para ti: si eres de las que no se pierde 'La Promesa', probablemente vas a entrar en su universo con mucha facilidad. Hay casas señoriales, criadas que saben mucho más de lo que cuentan, secretos, diferencias de clase y amores complicados. La historia nos lleva hasta la Barcelona de 1941. España acaba de salir de la Guerra Civil y hasta allí llega Melisa Arranz, una joven procedente del mundo rural que comienza a trabajar como criada para una familia acomodada. Y es al cruzar la puerta de esa casa cuando empieza realmente la historia. Melisa descubre un universo gobernado por unas reglas que poco tienen que ver con las que conocía hasta entonces. Secretos familiares, amores prohibidos, traiciones e intrigas se van cruzando en su camino mientras ella intenta encontrar su propio lugar.
Pero lo que más me interesa de la novela no sucede necesariamente entre los personajes más poderosos. Al contrario, Platel coloca en primer plano a unas mujeres que durante mucho tiempo apenas ocuparon unas líneas en los libros de historia: las criadas. Miles de jóvenes dejaron sus pueblos y sus familias para entrar a servir en casas ajenas, sometidas a largas jornadas de trabajo y a una jerarquía que marcaba incluso qué espacios podían ocupar. Estaban presentes en prácticamente todos los momentos importantes de aquellas casas, conocían sus intimidades y sus secretos, pero socialmente eran casi invisibles.
La comparación de libro 'El baile de las criadas' con 'Las hijas de la criada' de Sonsoles Ónega
Mientras avanzaba en la lectura, hubo otra referencia que me vino inevitablemente a la cabeza: 'Las hijas de la criada', de Sonsoles Ónega. La comparación resulta casi automática, y no solo por la palabra 'criada'. Las dos autoras recurren a la novela histórica para recuperar las vidas de mujeres condicionadas por su origen, su clase social y unas normas que las dejaban muy poco margen para decidir. En la novela de Marta Platel, las protagonistas pertenecen sobre todo a las clases populares y trabajan al servicio de otras familias; en la de Sonsoles Ónega, el conflicto se desarrolla principalmente dentro de una familia burguesa y poderosa. Dejando las novelas a un lado, además, ambas autoras tienen relación con el periodismo y han recibido el Premio Fernando Lara: Ónega lo ganó en el año 2017 por 'Después del amor', y Platel el pasado mes de mayo de 2026 por 'El baile de las criadas'.
No parece casualidad que estas historias estén encontrando ahora un público tan amplio. El reciente estreno televisivo de 'Las hijas de la criada' en Antena 3, ha vuelto a demostrar el interés que despiertan las grandes historias ambientadas en nuestro pasado. Sabemos qué ocurrió durante la posguerra, quién gobernaba o qué estaba pasando en Europa, pero sabemos mucho menos de aquella joven que dejó su pueblo para servir en una casa de Barcelona, de lo que soñaba mientras hacía una cama que no era la suya o de lo que esperaba encontrar cuando, por fin, llegaba su día libre y podía salir a bailar. Y ahí es donde 'El baile de las criadas' encuentra su sitio.














