Aless Lequio, la vida de un joven que no quiso ser solo "hijo de..."

El hijo de Ana Obregón y Alessandro Lequio siempre quiso tener una vida alejada de la fama de sus padres, a los que adoraba,

aless lequio de pequeño en brazos de su madre
Aless LequioInstagram

Aless Lequio fue una persona que tuvo que convivir con la fama desde antes de su nacimiento. Sus padres, Ana Obregón y Alessandro Lequio, eran dos de los personajes más conocidos del panorama social en España. Y es que juntos formaban una de las parejas más mediáticas de nuestro país.

Su padre venía de una sonora separación de la modelo italiana Antonia Dell’Atte y con la que tenía un hijo, Clemente. Aless nació el 23 de junio de 1992 y desde pequeño tuvo que lidiar con paparazzis que perseguían a su famosísimos padres.

En la retina de todos quedaron aquellas imágenes en las que un pequeño Aless mordía los micrófonos de los periodistas que preguntaban a su madre. Sin embargo, aquel niño que estuvo en el foco mediático desde que nació, supo hacerse una vida al margen de la fama de sus padres y se convirtió en un joven querido por ser él mismo.

Su infancia fue tremendamente feliz, pese a la separación de sus padres y es que Aless creció rodeado de una gran familia que le daba todo el amor del mundo.

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Adoraba a su primos y abuelos y siempre tenía palabras de cariño hacia todos ellos.

La relación con sus padres era excelente y por ellos siempre ha sentido profunda admiración y adoración.

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Aunque hay que reconocer que con Ana tenía un vínculo especial ya que además de madre e hijo eran amigos y cómplices.

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Pese a su separación, Ana y Alessandro siempre han intentado que su hijo llevara una vida de lo más normal con la familia como centro de todo.

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No suelen ser objeto de interés mis cuatro años en ultramar, donde tuve el placer de succionar conocimiento de mentes brillantes, cantinas indomables y como no, de los altibajos y vaivenes que todo joven adulto experiencia durante su época universitaria. Nunca los he compartido por pensar que quizás no os resultan interesantes, pero la realidad es, amig@s mi@s, que reúno una batería de recuerdos que dejan a Spielberg como a un novato de la ciencia ficción. Esta foto que veis, es una foto de mi primer día de universidad. El primer momento de tantos y que tanto esfuerzo supuso conseguir durante los años de agogé en Madrid (sigo pensando que la liaron y me dieron la plaza por equivocación 😂). El caso es que ese mismo año fue surrealista para un joven español que no tenía ni pajorera idea de lo que estaba a punto de vivir. Los acontecimientos fueron varios y asombrosamente extraños. Entre estos, destacaron: disputarle a Stiglitz algo que no tenía mucho sentido, vivir el acceso a una hermandad (aquí no puedo hablar mucho), publicar 1 ensayo, hacer un mini proyecto de fin de temario con Kyrie Irving, partirme la pierna, ganar un certamen por hacer soniditos con la boca (no por guapo, obviamente) y por último, confundirme al rellenar la solicitud de alojamiento en el campus y terminar viviendo en una especie de comuna extraña donde llegaron a pensar que estaba un poco zumbado (la personalidad española puede llegar a contrastar mucho 😂😂). En cualquier caso, eso sólo fue el primer año. No tiene mucho sentido contar estas cosas aquí, igual no interesa... pero ya que por X o por Y soy conocido, vamos a conocernos bien #UnEspañolEnUltramar

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Aless nunca quiso vivir de ser "hijo de..." y demostró querer tener un gran futuro profesional. Se marchó a Estados Unidos a estudiar en la prestigiosa universidad de Duke donde se graduó en 2014.

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Hoy me gustaría dar un poco de protagonismo a tod@s esos alumn@s valientes que, al igual que yo, estudiaron disciplinas en la universidad siguiendo sus pasiones, a diferencia de aquell@s que siguieron caminos sentenciados por cifras de empleabilidad, reputación etc... Desafortunadamente, siempre está de moda el estereotipo. Parece que algunas especialidades son de palmadita en la espalda y otras son de ‘ah, pues bien.’ A veces, incluso tenemos miedo a compartirlas si somos nosotros los ‘especialitos’ - cosa que me parece completamente absurdo. Gracias a ‘dios,’ todos somos y opinamos diferente. No puedo llegar a imaginar el coñazo - disculpen la palabra - que sería participar en una sociedad donde todas nuestras aportaciones siempre guardaran algo en común. Yo sería de los que comprarían un coco para discutir con el 😂. El mensaje que pretendo trasladar es que yo, al igual que muchas otras personas, tuvimos reparo a la hora de escoger lo que queríamos estudiar, pero lo hicimos sin importar el peso inútil que conllevaría la toma de una decisión tan personal como esa. Yo estudié una doble licenciatura en Filosofía y Ciencias Políticas. Los desentendidos dirán, ‘pero no se dedica a la empresa?’ Y yo respondería ‘que es la empresa sin el estudio exhaustivo del cuadro de emociones, valores, principios y motivos que dictaminan los comportamientos de consumo del ser humano en el siglo XXI.’ Todo está entrelazado y nada se limita, nunca nunca nunca nunca, al contenido de un miserable libro. Parece que nos encantan los malditos libros - léase en términos metafóricos. Detesto la gente que categoriza personas según lo que han estudiado. Todos somos libres de escoger en función de nuestro pulso. Da mucha pena que algunas personas siguen escogiendo en función del pulso de otros. En fin, espero que este texto ayude un poquito a que todos los alumnos que me lean, persigan su sueño académico. Si es el derecho, pues el derecho. Si es la medicina, pues la medicina. Pero si es la música, la ecología, el teatro o la filosofía. Entonces adelante también, a por todas #TomaParrafada @dukeuniversity #2014

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En su vuelta a España siguió demostrando que tenía planes de futuro y montó su propia empresa de marketing digital, Polar Marketing, junto a su amigo y socio Nacho Fernández.

Un poco más tarde decidió salir del hogar de su madre, con la que vivía para independizarse y vivir por su cuenta. Nada hacía imaginar que un joven tan prometedor y con tantas ganas de vivir recibiría con tan solo 25 años la peor de las noticias.

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Otro de los rasgos a destacar de Aless es que era una persona muy solidaria y colaboraba con muchísimas causas, pero sobre todo, con las relacionadas con los animales, del que era un firme defensor.

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De hecho, tenía dos perros: Luna, que ya tiene más de 16 años, y a Boby Puchum, al que adoptó el año pasado. Además, desde que le detectaron el cáncer, lideró junto a su madre varias causas para luchar contra el cáncer y buscar recursos para investigación.

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