Los logros del chef José Andrés (56) son de sobra conocidos, como sus dos estrellas Michelin o su labor humanitaria con su propia ONG (World Central Kitchen, cuyo trabajo le valió el premio Princesa de Asturias de la Concordia en 2021), pero hay una parte de la vida del asturiano de la que se conocen menos detalles: su niñez, su relación con sus padres o de dónde nace su pasión por la cocina. El propio cocinero protagonizó una charla nada menos que en 2012 con DIEZ MINUTOS -en una entrevista con la periodista Rosa Villacastín- en la que entró en detalle sobre sus mejores recuerdos de infancia que, como no podía ser de otra manera, estaban muy ligados a la cocina de sus padres, a sus olores y a sus recetas: "Todos muy de casa y del pueblo donde crecí, Santa Coloma de Cervelló", reveló.
Muchos conocen que la infancia de José Andrés transcurrió en el pequeño pueblo anteriormente mencionado, que por aquel entonces, según el Instituto de Estadística de Cataluña, apenas superaba los 2.500 habitantes, pero no todos saben que realmente nació en Mieres, Asturias, donde vivió hasta los cinco años. Entonces, su familia se trasladó, como tantos otros españoles, cerca de una ciudad más grande en busca de un futuro mejor, y eligieron esta localidad a unos 80 kilómetros de Barcelona para echar raíces. Reconoce que a los 12 años ya cocinaba para su padre (Mariano Andrés), su madre (Marisa Puerta) y sus hermanos pequeños, Mariano Jr (que también es chef y actualmente tiene 11 restaurantes en Dubái) y Eduardo, el pequeño de la familia. A los 15 años ingresó en la Escuela de Restauración y Hostelería de Barcelona, momento en el que comenzó a compaginar los estudios con su aprendizaje en El Bulli, de Ferran Adrià.
La infancia de José Andrés: así era la casa del chef
De familia humilde, contó en DIEZ MINUTOS que en su casa "siempre hemos cocinado porque la alimentación es un acto de la propia supervivencia", y es que en los años 70 y 80 se comía lo que había, y hasta a veces eso escaseaba: "Vivíamos en un primer piso con un medio patio, casi sótano, un poco de césped que plantaba mi padre y una pequeña cocina que teníamos. En el comedor apretaban tanto como podían, y metían a 12 ó 14 personas, pero bien apretados", desveló en su paso por el podcast 'Gastroser', de la Cadena Ser. Una niñez con poco espacio pero con mucho cariño, y que fue el escenario perfecto para que, con unos padres que no paraban de trabajar, José Andrés se pusiera el delantal para dar a todos de comer con solo 12 años.
A diferencia de en otras muchas casas de los años 70, el que más cocinaba era su padre (natural de Teruel), y fue él quien le transmitió el amor por la comida, y especialmente por dar de comer. La cocina se convirtió en todo un laboratorio de pruebas, en parte también porque a su padre le encantaba innovar; un 'hobby' que José Andrés ha heredado, y con el que ha conseguido perfeccionar, por ejemplo, su receta de tortilla sin sartén. "Le encantaba hacer su cóctel de gambas o de langostinos, con esa salsa que a mí me sigue gustando, con ese kétchup con la mayonesa y el toque de brandy, que puede llevar Perrins… madre mía, esos platos. Algunos dirían que es una salsa guarrindonga, pero que es riquísima cuando está bien hecha", recordó con nostalgia en el podcast.
La complicada relación del chef José Andrés con su madre
El asturiano tuvo, en sus primeros años de infancia y adolescencia, una relación compleja con su madre, Marisa Puerta (nacida en Barakaldo, pero criada en Asturias) con la que no siempre llegó a entenderse, pero a la que, sin duda, adoraba. "Mi madre es una persona maravillosa y la quería todo el mundo, pero era muy intensa. También yo soy muy intenso, y sí que tenía cambios importantes, que yo a veces también los tengo, de humor, o en la manera de ser, y eso hacía un poquito difícil la convivencia", aseguró en el citado medio. Sin embargo, también ella fue esencial en su desarrollo temprano como cocinero. Un talento que enseguida desarrolló y que no desaprovechó, y con el que se buscó la vida en cuanto pudo: "Desde tan chiquito yo salía a trabajar a los restaurantes en verano, y me busqué la forma de pagarme una habitación mientras estudiaba en la escuela de Barcelona. Eran formas de adaptarte a una situación que era la que era… ni peor ni mejor, pero que te enseñan a moverte y a crear tus oportunidades", añadió.
Eso sí, gracias a ella aprendió lo que era la cocina de aprovechamiento, y casi de supervivencia, porque admite que su frigorífico rara vez lo vio lleno: "Hacía magia", ha llegado a confesar sobre su madre, que fue todo un ejemplo de resiliencia e imaginación cuando los recursos eran limitados.
Los olores y sabores de su infancia: de la fabada al bocadillo de butifarra
Hay olores y sabores de platos que se quedan impregnados en la memoria de uno, y José Andrés también los tiene, y que de vez en cuando recupera desde la nostalgia: "El olor de las castañas que asaban en la parte vieja de Barcelona; los pimientos asados con un refrito de ajo y un toque de vinagre que hace mi madre; la tortilla de patatas de los bares... Olores todos muy de casa y del pueblo donde crecí, Santa Coloma de Cervelló", contó a DIEZ MINUTOS; una entrevista en la que reveló también los manjares de los que disfrutaba de niño y que aún recuerda con cariño: "La fabada asturiana que hacían mis padres y el bocadillo de butifarra".
La vena humanitaria de José Andrés: "Todo eso viene de tener a mis padres como ejemplo"
Fue en una conversación en el podcast del actor y humorista Hasan Minhaj donde el cocinero desveló que se pasó gran parte de su niñez metido en un hospital, pero no por salud, sino porque sus padres trabajaban en uno: "Mi madre era enfermera. Mi padre también era enfermero. Muchas veces, cada semana, pasábamos tiempo en la sala de urgencias del hospital esperando a que mi madre o mi padre terminaran su turno". Una profesión que vivió de cerca desde bien temprano, y que plantó la semilla de su pasión por ayudar: "Me fascinaba ver a los médicos y enfermeras trabajar, ver cómo ayudaban a la gente que llegaba en ambulancia. Para mí, eso fue un ejemplo muy potente de bondad".
José Andrés, a través de su ONG, ha estado en numerosas catástrofes naturales ayudando a través de la cocina, poniendo un plato de comida caliente a quienes lo habían perdido todo, o que estaban en momentos muy complicados, como ocurrió en la dana de Valencia, en el huracán Katrina o más recientemente en la zona cero de los terremotos de Venezuela. "En la pandemia, los primeros lugares a los que fui fueron los hospitales, para asegurarme de que estuvieran bien [...]. También viajé a India para ayudar a hospitales cuando la situación se volvió crítica. Todo eso viene de tener a mis padres como ejemplo de generosidad y cuidado por los demás", añadió en el podcast. Un compromiso y un duro trabajo que pronto podrían verse galardonados con el Nobel de la Paz, para el que ha estado nominado ya en varias ocasiones.

















