María Dueñas es hoy una de las escritoras españolas más leídas, una autora asociada para millones de lectores a novelas como 'El tiempo entre costuras', 'La templanza', 'Sira' o 'Por si un día volvemos' y cuyas recomendaciones son muy tenidas en cuenta por sus lectores, como, por ejemplo, esta novela histórica imprescindible de 544 páginas, un colosal libro de más de 500 páginas lleno de secretos, un libro que recuerda a 'El tiempo entre costuras' o su novela histórica favorita. Pero antes de convertirse en un nombre imprescindible de la narrativa española reciente, influyendo en otros títulos como este libro que he leído que es una mezcla de 'El tiempo entre costuras' y 'La templanza', su vida profesional estuvo ligada durante años a la universidad y a la docencia y por una faceta suya que muy pocos conocían: "Impone tener que dar clase a 90 tipos derrochando testosterona, que vienen de maniobras y llevan una pistola al cinto", recuerda.
María Dueñas ha sido la protagonista de la sección 'A qué suena la vida', en 'Hora 25', donde conversó con Pablo Tallón sobre la música que ha acompañado su trayectoria vital y literaria. La entrevista pasó por su infancia en una familia de ocho hermanos, sus veranos en Puertollano, sus años de estudiante, su salto a Madrid, su etapa en Estados Unidos y también por una faceta menos conocida: sus años como profesora dando clase a oficiales del Ejército del Aire. Dueñas explicó que estuvo "20 años dando clase en la universidad" y que era una profesora "muy estructurada, organizada, sistemática". Una forma de trabajar que aprendió al empezar su carrera académica. "Es una manera de trabajar a la que yo me acostumbré empezando en la universidad, empezando en Estados Unidos", contó. Allí se enfrentó por primera vez a "las programaciones docentes, a las aulas, al día a día de la vida universitaria".
Esa disciplina la ha acompañado siempre. Primero en la docencia y después en la escritura. "Esa estructura de los tiempos, de los programas organizados, de acuerdo con un calendario, de acuerdo con unos contenidos, de acuerdo con unas pautas muy bien equilibradas, eso yo lo he mantenido a lo largo de toda mi vida profesional", explicó. Y cuando dejó la universidad para dedicarse a la literatura, no abandonó ese método: "Mis novelas también las planifico, las estructuro y una vez que tengo el mapa más o menos completo, arranco a escribir".
María Dueñas: "Impone un poco tener que dar clase a 90 tipos derrochando testosterona, que vienen de maniobras, que cada uno lleva una pistola al cinto"
En ese repaso a su etapa docente, Pablo Tallón le recordó que también había dado clase a militares. La escritora reaccionó con sorpresa: "Oye, pero tú sabes muchas cosas, Pablo". Después explicó que trabajó durante varios años para el Ejército del Aire, impartiendo clase a oficiales en el Centro de Adiestramiento de Seguridad y Defensa. "Estaba vinculado a la Academia General del Aire, donde ha estado estudiando la princesa Leonor este año", precisó Dueñas. Aquella etapa se situaba en los primeros años 90, en un contexto muy distinto al actual. La escritora recordó que entonces "no había casi mujeres en el ejército" y que ver hoy a tantas chicas de uniforme, o a la princesa Leonor realizando su formación académico-militar, habría sido algo casi impensable en aquel momento.
María Dueñas evocó que en aquella época apenas coincidió con mujeres en ese entorno. "Había una teniente médico y poco más", contó. Después entraron "dos o tres chicas soldados", pero ella no llegó a coincidir con ellas, salvo con aquella teniente médico, Paloma, de la que no volvió a saber más y a la que recuerda casi como una figura "mítica". "No había mujeres oficiales, por ejemplo, en la gente con la que yo trabajaba", explicó. "Entonces era un mundo muy distinto. Y bueno, pues impone un poco al principio tener que dar clase a 90 tipos derrochando testosterona, que vienen de maniobras, que cada uno lleva una pistola al cinto", recordó la autora.
María Dueñas defendió su tesis doctoral embarazada de 9 meses
María Dueñas contó también que durante esos años pasó por momentos personales muy importantes. "Yo por ahí pasé por un embarazo, por un parto, por un posparto, entonces a mí me vieron en todas esas situaciones", explicó. El periodista también le recordó otro episodio llamativo de aquellos años: la defensa de su tesis doctoral casi en el noveno mes de embarazo. "Mi hijo Jaime nació un 6 de julio y yo defendí mi tesis justo un mes antes, el día que entraba en el noveno mes de embarazo de un niño que pesó cuatro kilos", contó. La escritora explicó que, visto desde el presente, aquella forma de aguantar hasta el final revela también cuánto ha cambiado la sociedad.
"En aquellos tiempos, ahora me doy cuenta de cuánto hemos avanzado. No se nos ocurría pedir una baja adelantada porque ya el embarazo fuese excesivo. "Aguantábamos hasta el final, hasta el último aliento", recordó. Cuando Tallón lo resumió como una locura, Dueñas no lo negó: "Es una locura y eso ha mejorado muchísimo, por suerte". La autora matizó, eso sí, que todavía queda mucho por mejorar. Pero también quiso reconocer el avance: "Ahora vemos que los embarazos tienen un sistema social que los sostiene con mucha más... Falta mucho todavía, pero de donde venimos ahora se ha dado un gran paso".
















