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Mis abuelos se casaron a finales de la década de los sesenta. Les habría gustado poder hacerlo antes, pero la llamada al servicio militar retrasó sus planes casi un año. Él fue destinado a Olivenza, un pueblo de Badajoz, y ella lo esperó desde la casa de su padre hasta que finalmente volvió. No lo hizo con las manos vacías, sino con una auténtica pieza de artesanía.
Se trataba de una vajilla comprada en la frontera con Portugal. Esos bordes delicadamente decorados, los colores vivos pero elegantes, y ese brillo suave de la cerámica bien cocida no podía quedarse allí. Decía él que la había visto en un escaparate y que, sin saber muy bien por qué, supo que tenía que ser para ella, como si en aquellos dibujos y formas estuviera ya la promesa de la familia que construirían juntos.
Una vajilla de tradición lusa
La casualidad quiso que, el otro día, estando en Mango Home, descubriera una vajilla de unas características muy similares. Según supe después, se han inspirado en esas vajillas tan propias de los restaurantes portugueses y ha lanzado una colección de platos de alta decoración. Es idéntica a la que mi abuelo trajo desde Olivenza y ya la hemos incorporado a casa para renovar el menaje.
Más allá de la carga sentimental, esta vajilla destaca por lo que realmente importa en el día a día: su resistencia, funcionalidad y facilidad de uso. Está fabricada en gres 100%, un material conocido por su durabilidad y por soportar sin problema el uso continuo. No es una vajilla delicada que haya que reservar para ocasiones especiales, sino todo lo contrario: está pensada para acompañarte en cada comida, desde el desayuno rápido entre semana hasta una cena con invitados.
El hecho de que esté pintado a mano en Portugal no es solo un detalle estético: implica un proceso cuidado que se traduce en piezas con personalidad propia. Las ligeras variaciones que presenta hacen que cada plato sea único y, por tanto, exclusivo. Eso le da un valor añadido frente a las vajillas industriales completamente uniformes, que a mi parecer, acaban pecando de impersonales.
Además, la técnica “spin wash” con la que ha sido elaborada le aporta un acabado dinámico y con carácter, que rompe con la monotonía de las vajillas tradicionales sin caer en estridencias. En términos prácticos, uno de sus grandes puntos fuertes es que es apta para lavavajillas. No hay que elegir entre estética y comodidad. No todas las vajillas pueden decir lo mismo, pero aquí tienes ambas.
También conviene destacar su capacidad para adaptarse a distintos estilos de mesa. Su acabado colorido pero equilibrado permite combinarla fácilmente con otros elementos, ya sean manteles neutros, textiles más llamativos o incluso otras piezas de vajilla. Es una opción flexible que no te limita, sino que amplía las posibilidades a la hora de poner la mesa.















