Cuando decoré mi casa, recuerdo pasar horas buscando los muebles perfectos: el de la tele, que fuese grande pero que no se comiese mucho el espacio e imprescindible que tuviese cajones para almacenaje y organización; el sofá con chaise longue y cómodo para las siestas de los domingos; el cabecero de la cama tenía que ser igual que el que tenía guardado en Pinterest desde hacía meses y la mesa del comedor, extensible. Pero hubo detalles a los que no presté tanta atención: uno, fueron los cojines; jamás hubiese pensado el peso que tenían en decoración, y otro, las cortinas. Ambos textiles son capaces de cambiar por completo cómo se ve una habitación. En mi caso, lo dejé para "lo último" porque no lo veía como "algo imprescindible" en decoración, sino como algo práctico para la luz y el calor en casa. Y me arrepiento tanto que cuando alguien me dice que está redecorando su casa o que acaba de mudarse, siempre le digo que preste mucha atención a las cortinas para que no caiga en mis mismos errores, porque aunque no lo parezca, unas cortinas cambian las proporciones de la habitación y pueden hacer que parezca más grande, más alta y muchísimo más bonita.
El plantarme en mitad del salón y ver que las cortinas que había puesto no terminaban de gustarme me llevó a hacerme un 'Máster', como yo lo llamo, en cortinas. Comencé a seguir cuentas de interioristas y decoradores, fabricantes de textiles para el hogar, trucos deco... y reconozco que he aprendido varios tips que me han venido de maravilla. Muchas veces pensamos que basta con cubrir la ventana, pero los expertos recomiendan que la barra sobresalga entre 20 y 30 centímetros a cada lado de la ventana. Así, cuando las cortinas están abiertas, no bloquean la entrada de luz y además hacen que la ventana parezca visualmente más grande. También aconsejan utilizar bastante más tela de lo necesario para conseguir un fruncido bonito. Y sí, el tejido, la caída de la tela también cuenta: el lino fino, la gasa o la organza funcionan cuando buscamos luminosidad y sensación de amplitud, mientras que tejidos más pesados como el terciopelo, el algodón grueso o ciertos linos ayudan a crear ambientes mucho más cálidos.
Aunque el fallo más común, y en el que yo también caí, fue escoger el largo: unas cortinas que terminan a media pared porque la ventana no llega hasta el suelo achican el espacio.
El truco de IKEA para conseguir el largo perfecto de las cortinas sin coser
Los expertos lo tienen claro: las cortinas siempre deben ir del techo al suelo. De hecho, uno de los trucos más repetidos por interioristas consiste en colocar la barra mucho más arriba de lo habitual, casi pegada al techo, aunque la ventana sea pequeña. El efecto visual cambia completamente la habitación porque hace que las paredes parezcan más altas y el salón más acogedor. Sobre el largo ideal también hay tendencias: está el 'Kiss the floor' (beso al suelo), la cortina roza justo el suelo; apoyada, la que se deja unos 3 centímetros extra sobre el suelo; y la efecto suite, que arrastra unos 10-15 centímetros, tipo las que se ven en tiendas de ropa y hoteles.
El más práctico es escoger el primero de los largos; el problema llega cuando dejamos las cortinas 'como vienen' por miedo a coser el bajo, porque una cosa es saber cómo deberían quedar y otra muy distinta sacar la máquina de coser —si es que la tienes—, hacerlo a mano o buscar una modista con un presupuesto ajustado.
Pensando en estos pequeños 'inconvenientes', IKEA tiene el producto más económico y práctico que soluciona el problema en cinco minutos: una cinta adhesiva para hacer el dobladillo sin coser. Y la creadora de contenido Andrea Caaveiro (@petitbyandrea), explica cómo usarlo.
La idea es muy sencilla: doblas la tela hasta conseguir el largo perfecto, colocas la cinta adhesiva entre las capas y aplicas calor con la plancha. Sin agujas, sin máquina de coser y sin complicaciones, tendrás la cortina perfecta.













