El miedo, la pérdida de autoestima o la sensación de vulnerabilidad son algunas de las consecuencias psicológicas más habituales tras sufrir un ictus. El pasado 23 de julio, Kiko Rivera comunicó, a través de sus redes sociales, que había sufrido un segundo ictus —el primero fue en 2022— y que, en esta ocasión, había sido más fuerte. "Tengo que volver a recuperar la movilidad y la fuerza de la parte izquierda de mi cuerpo, pero quiero que estéis tranquilos. Estoy convencido de que lo conseguiré", explicaba el DJ. Con estas palabras, el hijo de Isabel Pantoja transmitía optimismo tras recibir el alta hospitalaria. Sin embargo, la recuperación no se limita únicamente al plano físico. Detrás de la rehabilitación, que, tal y como nos contó el neurofisiólogo Francisco Martínez Pérez, debe comenzarse cuanto antes, también existe un proceso emocional marcado por las dudas y la necesidad de reconstruir la confianza en uno mismo. La psiquiatra Ana Isabel Sanz, directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias y del departamento de Psiquiatría del Centro de Rehabilitación Dionisia Plaza de Madrid, analiza los retos psicológicos a los que suele enfrentarse un paciente joven tras un episodio de estas características y explica por qué el apoyo familiar y un cambio profundo en los hábitos de vida pueden resultar determinantes para volver a empezar. "La recuperación exige un cambio profundo: mejorar el sueño, la alimentación y abandonar las rencillas familiares", explica la doctora.
Ana Isabel Sanz sostiene que un ictus deja una importante huella emocional. "La primera consecuencia psicológica persistente es, posiblemente, el miedo: el miedo a que se vuelva a repetir, el miedo a ser vulnerable y el miedo a sentirse una persona 'menos completa', con menos capacidades para desarrollarse plenamente", subraya la experta. A ese miedo se suman la tristeza y una autoestima profundamente dañada, especialmente cuando el paciente pierde parte de su autonomía. En el caso de una persona joven, la especialista recuerda que el impacto suele ser aún mayor porque el ictus supone una ruptura brusca del proyecto vital y puede dar paso a sentimientos de rabia, ansiedad o desesperanza.
El impacto psicológico de un ictus como el de Kiko Rivera, según una psiquiatra
Ana Isabel Sanz alaba la visión positiva de Kiko Rivera "porque implica un deseo de sobreponerse y de no dejarse vencer por una herida en la fuerza interior", pero le recuerda que "no es necesario ser optimista las 24 horas del día ni todos los días de la semana. Habrá momentos en los que se sienta triste, dolido o incluso sienta rabia. Es bueno admitir las emociones negativas, no negarlas y tratar de sobreponerse a ellas después de haberlas vivido".
La psiquiatra reconoce que enfrentarse a un segundo episodio resulta especialmente difícil desde el punto de vista psicológico. "Cuando se produce un ictus de repetición, todo se hace más cuesta arriba. La sensación de haber perdido lo que se había logrado tras el primer episodio conduce a mayores repercusiones psicológicas, a una visión más negativa del futuro y a una sensación de fracaso, cansancio y temor ante la posibilidad de ser menos capaz de enfrentarse a un nuevo reto que ya se ha vivido", comenta Ana Isabel Sanz.
Es en estos momentos cuando la familia tiene un papel esencial, pero sin "sobreproteger" a la persona afectada. La especialista recomienda escuchar activamente, validar las emociones del paciente y acompañarlo durante el proceso de recuperación sin sustituir su autonomía. "Acompañar, no criticar; reforzar, no alimentar sentimientos de fracaso; y escuchar, más que dar consejos", expone.
La constancia es fundamental en la recuperación de un ictus
Otro de los pilares de la recuperación es la constancia. Ana Isabel Sanz recuerda que el sistema nervioso posee una importante capacidad de adaptación y que esa plasticidad aumenta cuanto antes se inicia la rehabilitación y cuanto mayor es el compromiso del paciente con ella. "No hay vacaciones: la rehabilitación de un problema neurológico es una tarea del día a día. Más allá del cansancio y del desánimo, es importante que escuche y colabore activamente con el equipo que le va a ayudar", asegura la experta.
"En el caso de Kiko, además, es especialmente importante subrayar que su forma de vida va a tener que cambiar radicalmente: en los horarios de sueño, en el tipo de alimentación... Es un reseteo de una vida que tiene que empezar a ser muy diferente de la que llevaba hasta ahora", puntualiza la doctora.
La experta también considera especialmente importante para los pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular reducir los conflictos familiares. "Salir de esas rencillas o enfrentamientos familiares es, en este momento, fundamental. Todo lo que suponga apoyo y una sensación de calma y equilibrio dentro de la red familiar le aportará tranquilidad y favorecerá que su estado de ánimo se mantenga en un nivel adecuado", expone.














