Con las altas temperaturas del verano, el aire acondicionado se convierte en el gran aliado de muchos hogares. Sin embargo, usarlo de forma intensiva también puede traducirse en unaumento del consumo eléctrico. La buena noticia es que mantener la casa fresca no depende únicamente de bajar el termostato: el diseño de la vivienda, la protección frente al sol y algunos hábitos cotidianos pueden marcar una gran diferencia tanto en el confort como en la factura.
Para Roger Gasull, director técnico y de producción de Mercadomotika, empresa especializada en instalaciones integrales para proyectos de construcción y espacios profesionales, la clave está en cambiar la forma de abordar el problema. "La pregunta más importante no es cómo enfriar una vivienda, sino cómo evitar que se caliente", explica. En su opinión, cuanto menos calor entre en la casa, menos energía será necesaria para mantener una temperatura agradable. Una buena orientación, un aislamiento eficiente y sistemas de protección solar, como toldos o persianas, reducen considerablemente la necesidad de recurrir al aire acondicionado. "Al final, la mejor energía es la que no tenemos que consumir", resume. "Buscar estabilidad y no frío", esa es la clave que persigue.
Mantener fría tu casa es mucho más barato de lo que piensas
Cuando el aire acondicionado sí es necesario, Gasull resume su recomendación en una idea muy sencilla: "Hay que buscar estabilidad, no frío". Para ello, aconseja mantener el termostato entre los 24 y los 26 ºC, un rango que ofrece un buen equilibrio entre confort y eficiencia energética. Bajar la temperatura hasta los 20 ó 21 ºC no aporta un mayor bienestar, pero sí incrementa significativamente el consumo. Además, recomienda mantener unas condiciones estables durante las horas de ocupación en lugar de esperar a que la vivienda se recaliente para exigir un mayor esfuerzo al equipo. "El verdadero lujo no consiste en sentir frío en verano, sino en sentirse bien sin pensar constantemente en la climatización", añade.
Otra de las claves para ahorrar pasa por combinar distintas soluciones en lugar de depender exclusivamente del aire acondicionado. El especialista defiende un enfoque integrado en el que cada sistema cumple una función distinta: el aire acondicionado regula la temperatura y parte de la humedad, el ventilador de techo mejora la sensación térmica gracias al movimiento del aire y la ventilación natural aprovecha las condiciones exteriores cuando son favorables. "Cuando estos elementos trabajan juntos, obtenemos más confort con menos energía", señala.
Precisamente, Gasull considera que el ventilador de techo es uno de los sistemas más infravalorados del hogar. Aunque no reduce la temperatura del aire, sí consigue que el cuerpo perciba un ambiente más fresco al favorecer la evaporación sobre la piel. En viviendas bien aisladas y durante episodios de calor moderado puede ser suficiente para mantener el confort, aunque reconoce que durante las olas de calor intensas o las noches tropicales el aire acondicionado sigue siendo necesario. En cualquier caso, lo define como "un aliado extraordinario" que permite reducir la necesidad de refrigeración activa y recuerda la importancia de saber si estás usando el ventilador en modo verano o en modo invierno.
De cara a los próximos años, Gasull cree que el aire acondicionado seguirá siendo importante, especialmente en un contexto de veranos cada vez más cálidos. Sin embargo, considera que el foco estará cada vez más en construir viviendas capaces de convivir mejor con el clima. "Vamos a pasar de una cultura del aire acondicionado a una cultura del confort", concluye. Una filosofía que apuesta por edificios más eficientes, mejor preparados para el calor y capaces de ofrecer bienestar consumiendo mucha menos energía.













