En esta nueva entrega de nuestro consultorio de belleza, la doctora Victoria Trasmonte nos explica de manera detallada cómo afecta a nuestro rostro la exposición continuada al sol porque la piel tiene memoria y el daño que le hace el sol, sino la protegemos bien, queda marcada en nuestro rostro. La jefa de servicio de Medicina Estética de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, en nuestra sección Diez Minutos cuida de ti explica que "uno de los grandes perjudicados es el colágeno, el gran la proteína responsable de mantener la firmeza y la elasticidad cutáneas".

Cada verano deja un recuerdo en nuestra piel. Aunque el bronceado desaparezca, parte del daño provocado permanece de forma silenciosa. La buena noticia es que hoy sabemos que sí podemos reparar parte del daño acumulado y estimular los mecanismos naturales de regeneración de la piel.

La exposición continuada al sol afecta al ADN de las células cutáneas. Cuando los rayos UV alcanzan la piel, generan pequeñas alteraciones que, si se repiten con frecuencia, superan la capacidad natural de reparación del organismo. Con el tiempo, estas lesiones favorecen el envejecimiento, las manchas, la pérdida de luminosidad e incluso aumentan el riesgo de desarrollar cáncer de piel.

Otro de los grandes perjudicados es el colágeno, la proteína responsable de mantener la firmeza y la elasticidad cutáneas. La radiación solar activa enzimas que degradan las fibras de colágeno y elastina, provocando flacidez, arrugas y una textura irregular. Este proceso, conocido como fotoenvejecimiento, representa una gran parte del envejecimiento visible del rostro.

woman relaxing on beach enjoying summer sun
SanyaSM//Getty Images


A ello se suma el estrés oxidativo, un desequilibrio producido por el exceso de radicales libres. Estas moléculas dañan las estructuras celulares y aceleran el deterioro de la piel. Nuestro organismo cuenta con antioxidantes naturales para neutralizarlos, pero la exposición solar intensa, la contaminación o algunos hábitos de vida pueden reducir la capacidad de defensa. La medicina estética actual apuesta por tecnologías regenerativas que no solo mejoran el aspecto de la piel, sino que actúan sobre su calidad desde el interior. Entre ellos destacan los tratamientos que estimulan el colágeno, como los bioestimuladores o dispositivos de energía, junto con protocolos personalizados que favorecen la reparación celular.

En este contexto, la sueroterapia, que consiste en la suplementación con antioxidantes, es cada vez más utilizada. Mediante la administración intravenosa de vitaminas, minerales y sustancias antioxidantes, se busca reforzar las defensas del organismo frente al estrés oxidativo, favoreciendo un entorno biológico más saludable para la piel. Siempre debe realizarse bajo supervisión médica y como parte de un abordaje integral que incluya una fotoprotección y hábitos de vida saludables.

La verdadera clave no está en intentar borrar el pasado, sino en ayudar a la piel a regenerarse mejor cada día. Protegerse del sol durante todo el año, incorporar antioxidantes a la rutina y recurrir a tratamientos personalizados cuando sea necesario, permite preservar la calidad cutánea, retrasar los signos del envejecimiento y mantener una piel firme, luminosa y saludable durante más tiempo.

la doctora victoria trasmonte
Cedida
Victoria Trasmonte, Jefa de servicio de Medicina Estética de la Fundación Jiménez Díaz (Madrid)