Tengo la suerte de vivir cerca de una librería de barrio que no hace recomendaciones para quedar bien. El librero me pregunta qué fue lo último que me gustó, me escucha durante un par de minutos y entonces camina a una estantería y me pone un libro en la mano. A veces acierta tanto que me quedo pensando cómo lo ha sabido. Este mes me puso 'La pequeña floristería en Tokio', de Yukihisa Yamamoto, publicado por Neko Books en abril de 2026 dentro de su colección Grandes Éxitos de Asia. Me contó que varias clientas habían vuelto a decirle que no habían podido dejarlo. Me lo llevé aquel mismo sábado y el domingo por la noche lo había terminado.

Yukihisa Yamamoto es un autor japonés conocido por su delicadeza narrativa, ambientaciones detalladas y su enfoque emocional, con varios libros publicados en Japón que le han permitido conectar con un amplio público lector. La verdad es que en España su nombre era prácticamente desconocido hasta este año. Neko Books, un sello especializado en literatura asiática contemporánea, apostó por él para inaugurar su colección de grandes éxitos del mercado japonés. En Japón, este tipo de ficción de ambiente cotidiano y emocional tiene lectores millonarios. La editorial ha sabido leer bien qué es lo que está funcionando ahí para traerlo aquí en un momento en que la literatura japonesa contemporánea tiene en España más lectoras que nunca. La traducción, a cargo de Marc Blanco Reniu, fluye con naturalidad y transmite muy bien su tono pausado y delicado, marca de fábrica del género.

Neko Books 'La pequeña floristería en Tokio', de Yukihisa Yamamoto

'La pequeña floristería en Tokio', de Yukihisa Yamamoto

Neko Books 'La pequeña floristería en Tokio', de Yukihisa Yamamoto

Especificaciones

EditorialNEKO Books
Número de páginas360
Año de edición2026

La historia empieza con una chica llamada Kikuko Kimina, de 24 años y completamente agotada. Trabaja en un restaurante con un jefe que la explota, lleva meses sin dormir bien, sin tiempo para nada que no sea trabaja. Cree que su vida ha tomado una dirección que no eligió. Esto es una realidad documentada en Japón. Con nombre. El karoshi (literalmente "muerte por exceso de trabajo") es una expresión propia de la cultura japonesa reconocida legalmente por el Ministerio de Salud japonés desde 1987, cuando se empezó a registrar su incidencia oficialmente y se consideró un problema social grave. Para que una muerte sea considerada karoshi, la víctima debe haber trabajado más de 100 horas extra en el último mes o 80 horas extra durante dos meses consecutivos. El caso más conocido y que sacudió a la opinión pública japonesa fue el de Matsuri Takahashi, una joven de 24 años que en diciembre de 2015 se arrojó por la ventana de su casa después de haber hecho más de 100 horas extra a la semana desde que empezó a trabajar en la agencia de publicidad Dentsu. En su Twitter había escrito días antes: "Mi cuerpo y mente están totalmente destrozados". Kikuko, la protagonista del libro, tiene la misma edad que Matsuri y el mismo nivel de agotamiento.

La noche en que Kikuko se enfrenta por fin a su jefe y se va, conoce por casualidad a Rita Tojima, la dueña de una pequeña floristería de barrio en Tokio, Kawarazaki Flower Shop. Rita le ofrece trabajo temporal y Kikuko acepta, quizás porque no tiene plan alternativo.

La novela se organiza en capítulos que llevan cada uno el nombre de una flor: magnolia, girasol, crisantemo, mimosa, cerezo, lirio de los valles, clavel. Cada capítulo es la historia de un cliente que entra en la floristería buscando cosas: un niño que lleva flores a la tumba de su madre, un adolescente que quiere despedirse de su mejor amiga, un anciano que cada semana honra la memoria de su esposa con las mismas flores. Los encuentros brevísimos con desconocidos le devuelven a Kikuko la capacidad de estar presente.

El subgénero al que pertenece este libro se llama en japonés iyashi-kei, que podría traducir como "literatura de sanación". Es un tipo de ficción muy popular en Japón que funciona como: protagonista que ha llegado a un punto de quiebre, espacio pequeño y tranquilo que funciona como refugio, encuentros con personas con sus historias de pérdida o de duelo y una recuperación gradual.

Flores, clientes con historias tristes, una protagonista que aprende a quererse... Todo en manos de otro autor esto podría ser empalagoso en tres páginas. Yamamoto lo resuelve con una contención muy característica de la narrativa japonesa, donde las emociones se sugieren más que se declaran. Un personaje puede estar llorando sin que el texto lo diga directamente y el lector lo entiende. La discreción emocional es la que hace que los momentos conmovedores del libro (y los hay, varios) cumplan. Mi librero tenía razón, como casi siempre. Si buscas un libro para leer con calma un fin de semana, que te deje con la sensación de haber pasado tiempo en un lugar tranquilo y en buena compañía, este es el libro.