La primera vez que escuché hablar de David McCloskey fue de boca de alguien que trabajaba en seguridad internacional y que me dijo que era el escritor de espionaje más auténtico que había leído desde John le Carré. Eso llamó mi atención de una manera que no habría llamado viniendo de un crítico literario. Busqué el libro, lo compré, lo empecé un domingo por la tarde y lo terminé a la una de la madrugada del lunes. Al día siguiente llegué al trabajo con cara de haber dormido regular y la cabeza todavía en Langley.

David McCloskey (Minnesota, 1985) trabajó durante ocho años en la CIA como analista destinado en Oriente Medio. Escribió regularmente para el President's Daily Brief (el informe de inteligencia que se entrega al presidente de Estados Unidos cada mañana), prestó testimonio clasificado ante comités del Congreso e informó a altos funcionarios de la Casa Blanca, embajadores y miembros de la realeza árabe. McCloskey describe las tensiones internas de la CIA recordando, no especulando... 'Langley, séptimo piso' es su tercera novela y acaba de publicarla Salamandra en España. El New York Times Book Review lo describió como "una magnífica serie de espionaje" en la que el autor "aporta un conocimiento impresionante del mundo de la inteligencia a una trama vibrante". The Sun fue más directo todavía: "El mejor libro de McCloskey hasta la fecha". El Financial Times dijo que "consolida a McCloskey en la primera división de los escritores de espionaje". Y The Spectator escribió que es "un juego del gato y el ratón al nivel de John le Carré".

Salamandra 'Langley, séptimo piso', de David McCloskey

'Langley, séptimo piso', de David McCloskey

Salamandra 'Langley, séptimo piso', de David McCloskey

La CIA lee con antelación todo lo que publica, pero el mismo autor ha contado que jamás le han censurado más allá de "pequeños aspectos técnicos". Lo que existe en sus libros es un retrato honesto de cómo funciona una institución enorme y opaca. Las dinámicas de poder, las lealtades personales que complican las decisiones institucionales, la paranoia de trabajar en un entorno donde desconfiar de todo el mundo es una herramienta profesional y, al mismo tiempo, una amenaza para la salud mental.

El general David Petraeus, ex director de la CIA, describió su primera novela, 'Estación Damasco', como "la mejor novela de espionaje que he leído nunca". Petraeus entiende lo que hay en aquellas historias porque él estuvo en el mismo mundo. Cuando el hombre que dirigió la agencia que protagoniza los libros dice eso, debemos tomar en serio sus palabras, ¿no creéis?

Por qué esta tercera entrega es la mejor de David McCloskey

Singapur. Un ruso llega con un secreto valioso para la CIA y es asesinado antes de poder entregarlo. El agente americano encargado del encuentro, Sam Joseph, desaparece. Artemis Procter, coordinadora de la operación, es el chivo expiatorio y es expulsada del servicio. Meses después, tras un intercambio de espías, Sam aparece en la puerta de su casa en Florida con una revelación que lo cambia todo... Hay un topo ruso instalado en las altas esferas de la CIA, alguien que lleva tiempo pasando información a Moscú desde dentro de Langley.

La investigación obliga a Procter a mirar hacia las personas en las que más confía. Sus amigos de décadas. Sus aliados de carrera. Sus enemigos conocidos. Cualquiera de ellos podría ser el topo. McCloskey narra tanta incertidumbre con una habilidad que hace que el lector desconfíe de todo el mundo exactamente igual que Procter y que llegue al final de cada capítulo sin poder decidir de quién fiarse. Artemis Procter es una protagonista que no se parece a casi ninguna otra en el género. Es brusca, impredecible, con un historial en la agencia que levanta suspicacias y respeto. Tiene una manera de resolver los problemas que sus superiores califican de impulsiva y que resulta ser lo que la situación necesita. McCloskey leva tres novelas escribiendo sobre ella y en esta entrega es donde más compleja y más interesante resulta.

McCloskey ha contado en entrevistas que "el villano ruso ha regresado" a la ficción de espionaje y que eso refleja algo real. Tras el colapso de la Unión Soviética, la idea del villano ruso decayó en la ficción occidental durante años. Pero el KGB nunca se disolvió, solo cambió de nombre, y Putin ha llevado a Rusia por un rumbo que hace que esa amenaza vuelva a estar en el centro de todo.

McCloskey escribe sobre personas en situaciones extremas, no sobre las situaciones extremas en sí mismas. Las traiciones que más duelen no son las de los enemigos sino las de quienes uno consideraba de los suyos. La lealtad a una institución y la lealtad a los valores que esa institución dice representar no siempre van de la mano.

Para quien quiera empezar desde el principio, 'Estación Damasco' es el punto de entrada. Para quien prefiera ir directamente a lo más aplaudido, 'Langley, séptimo piso' funciona perfectamente como lectura independiente. Os va a flipar todo, en cualquier caso.