Lo sucedido en un parque de atracciones de Madrid el pasado fin de semana, donde un hombre ha sufrido un accidente, nos hace reflexionar sobre esta situación. Más allá de la investigación sobre lo que haya sucedido en este caso concreto, y de accidentes excepcionales que ocurran en alguna ocasión, nos preguntamos sobre qué le pasa a nuestro cuerpo en una montaña rusa, analizándolo desde un punto de vista médico. Aceleraciones, giros, cambios de posición... Queremos saber cómo responde nuestro sistema nervioso ante estos estímulos, por qué unas personas se marean y otras no, cómo vive nuestro cuerpo este tipo de movimientos. Todo ello, lo analizamos con Óscar Ares, traumatólogo, y con Francisco Martínez Pérez, neurofisiólogo clínico.
¿Qué le ocurre a nuestro aparato musculoesquelético cuando soportamos las aceleraciones, frenadas y cambios bruscos de dirección de una montaña rusa?
-Doctor Óscar Ares: Durante una montaña rusa, nuestro cuerpo se ve sometido a aceleraciones y desaceleraciones muy rápidas, además de cambios de dirección que generan fuerzas en distintos planos. El aparato musculoesquelético tiene que responder de forma casi instantánea para estabilizar la cabeza, la columna y las extremidades. Los músculos se contraen de manera refleja para controlar esos movimientos y las articulaciones soportan aumentos puntuales de carga. En una persona sana, estas fuerzas suelen tolerarse bien porque las atracciones están diseñadas dentro de unos márgenes de seguridad. El problema puede aparecer cuando existe una patología previa, una mala posición corporal o una capacidad muscular reducida para controlar esos movimientos.
-Doctor Francisco Martínez Pérez: Una montaña rusa somete al cerebro a una situación sensorial bastante excepcional. En pocos segundos cambiamos repetidamente de velocidad, dirección y orientación con respecto a la gravedad. Para saber dónde estamos y hacia dónde nos movemos, el cerebro tiene que integrar continuamente la información que recibe de la vista, del oído interno y de los receptores que nos informan sobre la posición y el movimiento del cuerpo. El sistema vestibular del oído interno tiene aquí un papel fundamental. Sus canales semicirculares detectan las rotaciones de la cabeza, mientras que los órganos otolíticos informan sobre las aceleraciones lineales y nuestra relación con la gravedad. En una atracción extrema todos estos sensores reciben estímulos muy intensos y cambiantes, que el cerebro debe interpretar prácticamente en tiempo real. A esto se suma una respuesta muy potente del sistema nervioso autónomo. La emoción, la anticipación de la caída, la velocidad o la sensación de peligro pueden aumentar la actividad simpática, acelerando el corazón, modificando la respiración y aumentando la activación general del organismo. Por tanto, esa sensación tan característica de una montaña rusa no procede únicamente del “estómago que se nos sube”. Es una experiencia simultáneamente vestibular, visual, propioceptiva, cardiovascular y emocional.
¿Qué zonas del cuerpo son las que más sufren? ¿Cuello y espalda son especialmente vulnerables?
-Doctor Óscar Ares: Sí. El cuello es probablemente una de las zonas más expuestas porque tiene que controlar el peso de la cabeza mientras esta recibe aceleraciones y cambios rápidos de dirección. La columna cervical puede sufrir movimientos bruscos de flexión, extensión o inclinación lateral, especialmente si la cabeza no está bien apoyada. La zona lumbar también puede recibir cargas importantes durante las frenadas o los cambios de dirección, aunque normalmente el respaldo y los sistemas de sujeción ayudan a repartir estas fuerzas. También pueden aparecer molestias en hombros, rodillas o caderas, sobre todo si ya existe una lesión previa o una limitación de movilidad.
-Doctor Francisco Martínez Pérez: Hay una variabilidad individual enorme. Uno de los mecanismos mejor establecidos para explicar el mareo por movimiento es la discrepancia entre diferentes fuentes de información sensorial. Simplificando mucho, cuando lo que ven los ojos, lo que detecta el sistema vestibular y lo que percibe el cuerpo no encajan bien entre sí o con lo que el cerebro esperaba que ocurriera, puede aparecer cinetosis: mareo, náuseas, sudor frío, palidez, sensación de calor, malestar o desorientación. No todos tenemos exactamente la misma sensibilidad vestibular ni procesamos esas señales de la misma manera. También influye la experiencia: una persona acostumbrada a determinados movimientos puede desarrollar cierto grado de habituación, mientras que alguien especialmente sensible puede encontrarse mal con estímulos mucho menores. Además, el miedo, la expectativa, la atención que prestamos a nuestras sensaciones corporales o haber tenido previamente una mala experiencia pueden amplificar el malestar. Esto no significa que el mareo sea psicológico, sino que percepción, emoción, sistema vestibular y sistema nervioso autónomo trabajan conjuntamente.
¿Podemos lesionarnos aunque la atracción funcione perfectamente y no se produzca ningún accidente?
-Doctor Óscar Ares: Sí, aunque no es lo habitual. No es necesario que exista un accidente para que se produzca una lesión. Una atracción puede funcionar correctamente y, aun así, un movimiento brusco puede desencadenar una contractura muscular, una distensión o reagudizar una lesión previa. Esto ocurre especialmente en personas con problemas cervicales o lumbares conocidos, artrosis avanzada, cirugía reciente o lesiones musculares o articulares que todavía no están completamente recuperadas. Por tanto, más que pensar únicamente en la intensidad de la atracción, hay que valorar el estado previo de la persona que se sube a ella.
-Doctor Francisco Martínez Pérez: Sí, aunque conviene diferenciar varios mecanismos. Uno de ellos es el síncope vasovagal, el típico desmayo que algunas personas pueden sufrir ante una emoción intensa, miedo, dolor o determinadas situaciones. Se produce una respuesta refleja que puede provocar una caída transitoria de la presión arterial y, en ocasiones, también de la frecuencia cardiaca. Durante unos segundos disminuye suficientemente el flujo de sangre al cerebro como para producir pérdida de conciencia. También pueden contribuir circunstancias como el calor, la deshidratación, llevar muchas horas sin comer o encontrarse previamente indispuesto. Existe además un fenómeno conocido en medicina aeroespacial como pérdida de conciencia inducida por fuerzas G. Cuando se mantienen aceleraciones importantes en dirección de la cabeza hacia los pies, la sangre tiende a desplazarse hacia las zonas inferiores del cuerpo y puede disminuir la perfusión cerebral. Es un fenómeno bien estudiado en pilotos sometidos a aceleraciones elevadas y sostenidas. Sin embargo, no podemos trasladar directamente la fisiología de un avión de combate a una montaña rusa. La magnitud, dirección y, sobre todo, duración de las aceleraciones son diferentes. Si alguien pierde realmente el conocimiento en una atracción recreativa, especialmente si no existe una explicación clara, considero razonable que sea valorado médicamente en lugar de asumir simplemente que ha sido por la montaña rusa.
Las lesiones más frecuentes por movimientos bruscos, según los médicos
¿Qué lesiones pueden aparecer con mayor facilidad?
-Doctor Óscar Ares: Lo más frecuente serían lesiones leves de partes blandas: contracturas cervicales o lumbares, distensiones musculares y dolor provocado por movimientos bruscos. También puede aparecer un cuadro similar al denominado “latigazo cervical”, producido por movimientos rápidos de aceleración y desaceleración de la cabeza. En personas predispuestas pueden reagudizarse problemas previos como una hernia discal, una artrosis cervical o lumbar, una tendinopatía o determinadas lesiones articulares. Las lesiones graves son mucho menos frecuentes y normalmente existen factores adicionales que aumentan el riesgo.
-Doctor Francisco Martínez Pérez: Sí. Por eso las restricciones que aparecen en cada atracción no deberían ignorarse. Las personas con tendencia marcada a la cinetosis pueden presentar síntomas con mayor facilidad. También pueden ser especialmente sensibles quienes padecen determinados trastornos vestibulares o migraña. Por otro lado, están las personas con enfermedades cardiovasculares, antecedentes de síncopes o determinados problemas neurológicos, para quienes algunas atracciones pueden no ser aconsejables dependiendo de su situación clínica. Más que elaborar una lista interminable de enfermedades, la recomendación práctica sería esta: una persona con una enfermedad relevante, antecedentes de pérdida de conciencia o alguna duda sobre si puede tolerar una atracción de alta intensidad debería consultar las restricciones específicas y, cuando sea necesario, comentarlo previamente con su médico.
¿Nuestra musculatura y nuestro estado físico influyen en la capacidad para soportar estas fuerzas?
-Doctor Óscar Ares: Muchísimo. Una musculatura fuerte y con buena capacidad de reacción actúa como un sistema de estabilización de la columna y de las articulaciones. Los músculos del cuello, del tronco y de la zona abdominal ayudan a controlar los movimientos inesperados y a distribuir mejor las fuerzas. Esto no significa que una persona muy entrenada sea inmune a una lesión, pero disponer de una buena fuerza muscular, movilidad y control neuromuscular facilita que el organismo tolere mejor situaciones de aceleración y desaceleración. Es otro ejemplo de por qué mantener músculo y capacidad física es importante a cualquier edad.
-Doctor Francisco Martínez Pérez: Después de una atracción intensa puede persistir durante unos minutos cierta sensación de inestabilidad, mareo, náuseas, ligera desorientación o la impresión de que el cuerpo continúa moviéndose aunque ya estemos quietos. Lo esperable es que sean síntomas leves y que vayan disminuyendo progresivamente. Lo que cambia completamente el panorama es la aparición de síntomas intensos, persistentes o progresivos. Una debilidad o pérdida de sensibilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, visión doble persistente, incapacidad para caminar con normalidad, confusión importante, una cefalea repentina y extraordinariamente intensa, convulsiones o pérdida de conciencia requieren valoración médica urgente. De forma práctica, no preocupa tanto notar algo durante unos minutos después de una experiencia extraordinariamente estimulante como que el síntoma sea intenso, claramente anormal para esa persona, empeore o no tienda a desaparecer.
¿Hay lesiones, operaciones o patologías previas con las que recomendaría evitar determinadas atracciones?
-Doctor Óscar Ares: Sí. Hay que ser especialmente prudente después de una cirugía reciente de columna, hombro, cadera o rodilla, así como durante la recuperación de fracturas, lesiones ligamentarias o lesiones musculares importantes. También recomendaría valorar individualmente el riesgo en personas con inestabilidad cervical, artrosis cervical o lumbar muy sintomática, hernias discales con síntomas neurológicos, osteoporosis avanzada o dolor musculoesquelético importante. En el caso de una prótesis de cadera o rodilla perfectamente integrada, por ejemplo, no puede establecerse una prohibición general por el simple hecho de llevar una prótesis. Dependerá del tiempo transcurrido desde la intervención, del estado funcional del paciente y de la intensidad de la atracción. La recomendación debe individualizarse.
-Doctor Francisco Martínez Pérez: Sí, aunque es especialmente importante no atribuir automáticamente cualquier síntoma posterior a la atracción. Algunas personas pueden mantener durante un tiempo mareo, sensación de movimiento, náuseas o cefalea. El sistema vestibular puede necesitar un periodo de readaptación. Otra situación completamente diferente se produce si durante la atracción ha habido un traumatismo. Algunos síntomas de una conmoción cerebral o de otras lesiones craneales no necesariamente alcanzan su máxima expresión en el mismo instante del golpe y pueden hacerse más evidentes durante las horas posteriores. Una cosa es un mareo leve que disminuye gradualmente después de una montaña rusa y otra muy diferente que, varias horas después de un golpe, aparezcan cefalea creciente, vómitos, somnolencia anormal, confusión o alteraciones neurológicas.
¿Influye la edad? ¿Deberíamos ser más prudentes con las atracciones extremas a medida que envejecemos?
-Doctor Óscar Ares: La edad influye, pero no debería utilizarse de manera aislada. Con los años podemos perder masa muscular, movilidad y capacidad de reacción, y además aumenta la frecuencia de artrosis, osteoporosis y problemas de columna. Por eso, una persona de 65 años con buena musculatura y excelente condición física puede tolerar determinadas situaciones mejor que una persona mucho más joven pero sedentaria y con problemas cervicales. A medida que envejecemos conviene conocer mejor nuestras limitaciones y ser especialmente prudentes cuando existen patologías previas.
-Doctor Francisco Martínez Pérez: En ese momento debemos dejar de pensar en los síntomas propios de una montaña rusa y tratar la situación como lo que es: un traumatismo craneal. Hay que solicitar valoración médica si se ha producido pérdida de conciencia, aunque haya sido breve, amnesia de lo sucedido, vómitos, cefalea persistente o progresiva, somnolencia anormal, confusión, convulsiones, alteraciones del comportamiento o cualquier déficit neurológico, como pérdida de fuerza, dificultad para hablar, problemas importantes de equilibrio o alteraciones visuales. Hay que ser especialmente prudentes en personas que toman anticoagulantes o determinados antiagregantes, presentan trastornos de coagulación o tienen otros factores que aumenten el riesgo de complicaciones después de un traumatismo. Y es importante ser consciente de que haber salido andando de la atracción no descarta por sí solo una lesión relevante.
Cómo se manifiesta una lesión tras montar en una montaña rusa, según expertos médicos
Al bajar, ¿cómo podemos diferenciar una molestia normal de una posible lesión?
-Doctor Óscar Ares: Una ligera sensación de tensión muscular o rigidez que mejora progresivamente durante las siguientes horas suele ser compatible con una sobrecarga muscular leve. En cambio, deberíamos consultar si aparece un dolor intenso o que aumenta con el paso de las horas, una limitación importante de movilidad o un dolor que persiste claramente durante los días siguientes. También son signos de alarma la aparición de hormigueo, pérdida de sensibilidad, debilidad en un brazo o una pierna, dolor irradiado hacia las extremidades, mareo intenso persistente o cualquier síntoma neurológico. Ante estos síntomas conviene realizar una valoración médica.
-Doctor Francisco Martínez Pérez: El primer consejo es probablemente el menos espectacular y el más útil: llegar en buenas condiciones. Evitar montar deshidratado, después de muchas horas sin comer, tras haber consumido alcohol o cuando uno se encuentra enfermo, agotado o excesivamente acalorado. También conviene respetar escrupulosamente las restricciones de cada atracción y no ocultar antecedentes médicos relevantes únicamente por querer subir. Durante el recorrido hay que utilizar los sistemas de sujeción exactamente como indica el personal, mantener una postura adecuada y evitar movimientos voluntarios bruscos de cabeza que puedan añadir estímulos innecesarios, especialmente si sabemos que somos propensos al mareo. Si aparecen náuseas, sudor frío, alteraciones visuales, sensación de desvanecimiento o un malestar fuera de lo habitual, no tiene ningún sentido encadenar inmediatamente otra atracción extrema. Hay que sentarse, descansar, hidratarse y comprobar que los síntomas desaparecen. Y quizá la recomendación más importante sea no convertir el miedo en una prueba de resistencia. Las atracciones están diseñadas para producir sensaciones intensas, pero disfrutar de ellas no exige ignorar las señales que nos está enviando el organismo.
¿Puede una lesión manifestarse varias horas después aunque inicialmente nos encontremos bien?
-Doctor Óscar Ares: Sí. Es bastante habitual que algunas lesiones musculares o cervicales no produzcan síntomas inmediatamente. Durante una situación de excitación, el organismo libera adrenalina y otras sustancias que pueden disminuir temporalmente la percepción del dolor. Además, determinadas respuestas inflamatorias aparecen progresivamente. Por eso, una persona puede encontrarse perfectamente al bajar de una atracción y comenzar a notar rigidez cervical o dolor muscular varias horas después o incluso al día siguiente.
¿Hay alguna postura que pueda ayudarnos a proteger el cuello y el cuerpo durante el recorrido?
-Doctor Óscar Ares: La recomendación más sencilla es utilizar correctamente todos los sistemas de sujeción y mantener el cuerpo apoyado contra el respaldo. En las atracciones con movimientos intensos conviene evitar llevar la cabeza adelantada o separada del reposacabezas. Siempre que el diseño de la atracción lo permita, mantener la cabeza centrada y apoyada ayuda a disminuir movimientos cervicales innecesarios. También es preferible mirar hacia delante y evitar girar bruscamente la cabeza durante aceleraciones o frenadas. Y, sobre todo, si una persona sabe que tiene una patología cervical, lumbar o musculoesquelética importante, la mejor medida de prevención no es buscar una postura determinada, sino escoger una atracción adecuada a su situación física.
Óscar Ares
Traumatólogo especializado en cirugía de rodilla y patología musculoesquelética, con especial interés en la conservación de la movilidad, la fuerza muscular y la prevención de lesiones a lo largo de la vida.
Francisco Martínez Pérez
Médico especialista en Neurofisiología Clínica, dedicado al estudio y diagnóstico del funcionamiento del sistema nervioso y de patologías neurológicas y neuromusculares. Su ámbito de trabajo permite analizar cómo responde el sistema nervioso ante estímulos intensos y qué síntomas pueden requerir una valoración médica.
















