Vivir un amor de verano suele resultar una experiencia intensa que recordamos, incluso, años después. Pero si tienden a ser vínculos pasajeros, ¿por qué los vivimos tan a flor de piel? ¿Y por qué el verano los hace tan proclives? Sílvia Rúbies, directora de comunicación de Gleeden, la plataforma líder en encuentros no monógamos, pensada por y para mujeres, arroja algo de luz a este respecto, y es que, como podíamos imaginar, el verano no tiene poderes mágicos, pero sí incluye una serie de cambios en nuestra rutina, empezando por las vacaciones, que hacen que sea más fácil tener un romance fugaz: "Tenemos más tiempo, menos estrés, más relaciones sociales, rompemos la rutina de las dinámicas diarias… y todo esto es interpretado como bienestar por nuestro cerebro y es el caldo de cultivo para buscar una aventura", afirma. Sin embargo, ese romance apasionado también entraña algunos riesgos, y es ahí cuando las voces expertas como la de Eva Moreno, sexóloga de Gleeden, advierten: "La sensación de que va a durar poco hace que lo queramos vivir con más intensidad".
Una sexóloga advierte sobre la idealización de los amores de verano
Sabemos que las aventuras veraniegas son dinámicas, divertidas y apasionantes, ideales para solteros o parejas no monógamas (ya que si no se entraría en el terreno de la infidelidad), que quieren aprovechar el calor y las vacaciones para disfrutar de la atracción y el sexo. La novedad, la incertidumbre y la intensidad que aportan disparan la liberación de dopamina y, con ella, disfrutamos del placentero enamoramiento: "La sensación de que va a durar poco hace que lo queramos vivir con más intensidad, con mucho deseo, y por eso los amoríos veraniegos son tan adictivos", afirma Eva Moreno. Precisamente por eso, la sexóloga advierte del riesgo de confundir toda esa intensidad con verdadero amor, por lo que es esencial saber disfrutar de estos romances conociendo muy bien cómo se producen y cómo abordarlos: "Con expectativas realistas, evitando la idealización y priorizando el autocuidado emocional y la salud sexual". Las aventuras veraniegas deben ser agradables, cargadas de bienestar y huella positiva, sin importar su duración en el tiempo.
Por eso, lo más esencial es distinguir la emoción del encuentro y la atracción de la auténtica conexión de futuro: "Tenemos que diferenciar entre intensidad y compatibilidad: la primera nos habla de lo que está pasando: el verano, la novedad, el viaje que estás haciendo… pero la compatibilidad te la da la vida real, el día a día. No es lo mismo vivir una aventura con alguien en una playa fantástica que convivir día a día con una persona". Es por esto que lo esencial es dejar claro el tipo de vínculo que se establece entre los implicados, para acotar las expectativas desde el principio, algo en lo que la plataforma Gleeden es puntera: "Sus usuarios tienen unas pretensiones y expectativas similares, y nadie pretende buscar el amor de su vida", destaca Rúbies.
Con este aspecto perfectamente definido, es mucho más sencillo seguir el principal consejo de Eva Moreno para recordar una aventura de verano como ese oasis de felicidad fugaz que debe ser: "Sobre todo, es fundamental haberlo disfrutado cada día, como un episodio de verano, sin cuestionarlo todo, saboreando el momento y viviéndolo como una experiencia de vida más, que te aporta energía e incluso una sonrisa cuando posteriormente te acuerdes de ella", afirma la sexóloga de Gleeden. Solo de ese modo abordar el final se hará fácil y no un duro varapalo unido a la presión de retomar la rutina: "Fue algo que pasó, que disfrutaste y se acabó, como tantas otras cosas en la vida".














