El 12 de junio, la reina Letizia se pasó por la Feria del Libro de Madrid de manera privada. Paseó durante una hora entre las casetas del Retiro y en un momento dado se acercó a la librería La Central, donde Eduardo Mendoza estaba firmando ejemplares de su última novela. Le preguntó: "¿Qué tal está yendo?". Una escena extraordinariamente normal. Normal porque Mendoza es uno de los escritores más queridos de España y porque la reina va todos los años a la Feria buscando libros como cualquiera. Extraordinariamente porque aquel escritor de ochenta y dos años que firma en una caseta del Retiro tiene en ese momento el libro más vendido de España, y lo tiene once años después de su entrega anterior en la misma saga.

Seix Barral ‘La intriga del funeral inconveniente’, de Eduardo Mendoza

‘La intriga del funeral inconveniente’, de Eduardo Mendoza

Seix Barral ‘La intriga del funeral inconveniente’, de Eduardo Mendoza

Crédito: Seix Barral

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) ha sostenido durante cincuenta años una relación de confianza con sus lectores que no necesita ser renovada con cada libro porque está tan bien establecida que sobrevive a cualquier pausa. En 2025 recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras, un reconocimiento que él mismo recibió feliz de comprobar que nadie lo había enviado al "cuarto de los trastos", como dijo con una ironía tan suya, tan presente en cada línea de lo que escribe. Y meses después de recibir ese premio llegó este libro, la mejor demostración posible de que la ironía era completamente justificada.

'La intriga del funeral inconveniente', de Eduardo Mendoza, lo publica Seix Barral y es el sexto caso del detective sin nombre, el personaje que Mendoza creó en 1979 y que desde entonces ha vivido en un manicomio del que sale de vez en cuando para resolver los casos que nadie más quiere resolver. No tiene nombre, no tiene dinero, no tiene el respeto de nadie. Sin embargo, es el único personaje de la literatura española capaz de llenar casetas en la Feria del Libro y de detener a la reina en un paseo privado por el Retiro.

El detective sin nombre resuelve sus casos porque es el único que no tiene nada que perder, lo que lo convierte en el único que puede mirar sin miedo a todos los que sí lo tienen. La es la mecánica que Mendoza construyó en 1979 sigue siendo igual de eficaz en 2026. Asume que los que tienen algo que perder son los mimsos de siempre, solo que con mejores trajes y peores argumentos.

Esta entrega empieza en el aparcamiento de un tanatorio. Un funeral de tercera. La hermana del difunto se va en cuanto le llega una oferta del supermercado al móvil. Un periodista novato cubre el acto como último recurso de una carrera que va de mal en peor y escribe una crónica insignificante que desencadena una reacción en cadena que no esperaba nadie, incluyendo él. La semilla de todo es muy intrascendente... Y resulta ser la punta de una conspiración enorme que mucha gente con mucho dinero preferiría que no saliera a la luz. La Barcelona que aparece detrás de todo eso es la de siempre, una ciudad que se celebra a sí misma mientras sus entrañas funcionan con una lógica distinta.

Si no habéis leído los cinco anteriores libros de Mendoza, que sepáis que podéis leer este sin problema. Mendoza cuida mucho el acceso de los nuevos lectores. Cada entrega funciona de manera autónoma, tiene su caso, sus personajes secundarios, su recorrido por la ciudad. Lo que pierdes si no has leído los anteriores es el placer del reencuentro y la sensación bonita de volver a alguien cuyas manías y cuyas formas ya conoces. Pero lo que encuentras de todas formas es ritmo, humor que no se anuncia, personajes que hacen cosas lógicas dentro de una lógica absurda... Y, por supuesto, la certeza de que el escritor que está detrás de todo es brillante.

Que la reina Letizia se pare en su caseta a preguntarle qué tal está yendo, y que él esté ahí firmando con ochenta y dos años el libro más vendido de España, es probablemente la mejor respuesta posible a cualquier posible duda.