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Cristina Piaget y su hijo Paul comparten clase de yoga infantil

Actriz y modelo, se ha formado en yoga para niños, lleno de beneficios para aquellos que tienen estrés, ansiedad e hiperactividad y para todos en general, ya que en esta sociedad los más pequeños están cada vez más contagiados del ritmo frenético de los adultos.

Actriz y modelo, se ha formado en yoga para niños, lleno de beneficios para aquellos que tienen estrés, ansiedad e hiperactividad y para todos en general, ya que en esta sociedad los más pequeños están cada vez más contagiados del ritmo frenético de los adultos.

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Sus inicios en el yoga

Hace cuatro años, Cristina Piaget estaba en Nueva York trabajando en moda, haciendo cortos y estudiando interpretación cuando enfermó de estrés, lo que le llevó a iniciarse en el yoga; se sacó el título de profesora de yoga y se especializó en niños.

Hoy, Cristina ha montado junto a su socia, Rocío Moreno, una plataforma a través de la web yogacitynatura.com para enseñar a los más pequeños.

Compartimos con ellas una clase en el centro City Yoga, en Madrid (city-yoga.com), con un alumno muy especial, el hijo de Cristina, Paul, de dos años y medio, y nos explican por qué y para qué se recomienda. Lo hicimos antes de su viaje a Indonesia para dar yoga a niños de un orfanato afectados por el tsunami.

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Beneficios

Los niños cada vez están más estresados, con sus estudios, sus clases extraescolares, y contagiados por el rimo de vida de los adultos. Está comprobado que el yoga ayuda a que eliminen tensiones y se calmen, a aumentar la concentración, a mejorar su autoestima y a activar la imaginación. Además, se divierten.

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Recomendado para...

Para todos los niños, especialmente para los que tienen problemas de comunicación y estrés, ansiedad e hiperactividad. Muchos niños de hoy están alterados, tristes y robotizados en lugar de ser niños felices, creativos y con ganas de aprender.

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A qué edades comenzar

A partir de los tres o cuatro años, que es cuando empiezan a dedicar su atención a algo y pueden estar presentes en la clase, participando.

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Qué técnicas se usan

En las clases de Cristina y Rocío se utilizan elementos naturales como sonidos de agua; se buscan sensaciones, como sentir una pluma o unos pétalos de flores, tocar y oler una hoja de eucalipto, la vibración sonora a través de un instrumento... El objetivo es calmarlos jugando y sintiendo, haciendo que conecten con ellos mismos a través de los ritmos de la naturaleza. 

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¿Es fácil que se calmen?

Hay días que, como los adultos, antes de estar quietos, necesitan expresar todas las emociones que tienen dentro y se consigue con ejercicios de sensaciones. De esta forma, liberan las emociones estancadas, que les afectan en su aprendizaje.

Los niños –que son muy perceptivos y enseguida aprenden a respirar y escuchar su cuerpo– que practican yoga saben mejor que muchos adultos gestionar sus emociones, entenderse y expresarse.

 

 

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Relajación para adultos

El yoga y la meditación son para Cristina Piaget la mejor forma de relajarse, de “parar la mente, porque es como un motor de coche revolucionado, y estas disciplinas te ayudan a ser más consciente de cómo te encuentras en ese mismo momento y a poner distancia a las decisiones que hay que tomar”.

Hay muchas técnicas que te pueden ayudar a parar unos minutos y relajarte. Cristina las explica:

•“A mí me funciona el campo, reconecto a través de la naturaleza. Voy a un sitio donde no se oiga la ciudad (fuera de ella o en un parque, a ser posible donde haya agua. Y, si no, en mi habitación con música de sonidos naturales), cierro los ojos y escucho los pájaros, el viento, las ramas... Me siento en una postura cómoda pero activa (que no sea tan cómoda como para dormirte), visualizo un objeto como la luna; algo que te lleve la atención a un solo punto, te imaginas la luz blanca de la luna por encima del ombligo y centras tu atención ahí unos minutos”.

•Para relajarse, lo que hay que hacer es parar y escucharse: escuchar la respiración, el latido del corazón... por lo que cualquier actividad que te permita eso es válida.

•Un baño de sales con velas, música e incienso es factible y es muy efectivo. Desaparece media hora y ¡verás cómo no se acaba el mundo!

•Prueba a saborear una buena película, un paseo al sol, sin prisas, disfrutándolo, o probar a hacer esas miles de actividades que haces a diario mucho más despacio de lo habitual, como comer, consciente de cada
bocado que das, dejando el cubierto en la mesa entre
bocado y bocado.

 

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