¿Qué quesos se pueden comer en el embarazo?

Durante el embarazo algunos quesos pueden suponer un riesgo tanto para la salud de la embarazada como para la del bebé. Hablamos sobre qué quesos se pueden comer en el embarazo y cuáles se deben evitar.

embarazada eligiendo queso para comprar
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    Cuando una mujer se queda embarazada y acude al médico, además de los controles y las recomendaciones básicas, el profesional también suele advertir y aconsejar a la mujer sobre ciertos cuidados que debe tener en su alimentación.

    Hay alimentos que se deben evitar en el embarazo, como es el caso de la carne o el pescado crudo, pescados como el pez espada o el atún rojo, la leche cruda o los patés, por ejemplo. Otros alimentos se deben tomar con ciertas precauciones previas, como las frutas y las verduras, que deben lavarse bien antes de ser consumidas o la carne, que debe comerse muy hecha, y otros alimentos deben convertirse en habituales en la dieta de la embarazada, como las frutas, los vegetales y las hortalizas.

    Con los lácteos sucede lo mismo: hay que tener especial atención y cuidado para seleccionar los que estén pasteurizados.

    Quesos y embarazo

    Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) las embarazadas deben extremar las precauciones con los lácteos y no deben tomar “leche cruda y quesos frescos o de pasta blanda (Brie, Camembert, tipo Burgos o quesos latinos, mozzarella y quesos azules) si en la etiqueta no dice que estén hechos con leche pasteurizada. Tampoco quesos rallados o loncheados industriales. Se debe quitar la corteza de todos los quesos”.

    El principal motivo de tomar estas medidas ante los quesos es por el riesgo de listerioris o listeria, que "es una enfermedad bacteriana transmitida por los alimentos que puede ser muy grave para las mujeres embarazadas, las personas mayores de 65 años y las personas con sistemas inmunitarios debilitados. La causa más común es comer fiambres inadecuadamente procesados y productos lácteos no pasteurizados", tal y como explican los expertos de la Clínica Mayo.

    Un informe de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) recoge que “la infección por Listeria monocytogenes es poco frecuente. Se debe pensar en ella en cualquier gestante que consulte por un cuadro seudogripal o de fiebre, ya que las consecuencias para el feto o neonato pueden ser muy graves. En todas aquellas pacientes con alto nivel de sospecha de infección por listeria se deben realizar hemocultivos y, si el nivel de sospecha es muy elevado, iniciar el tratamiento con ampicilina para prevenir una afectación neonatal severa. El Centro para el Control de Enfermedades de Atlanta estableció en 1992 las recomendaciones dietéticas para prevenir la transmisión alimentaria de listeria. Son similares a las de otras infecciones alimentarias. Incluyen el cocinado minucioso de los alimentos crudos de origen animal; el lavado de hortalizas crudas; evitar los productos lácteos sin pasteurizar; mantener separados los alimentos crudos y cocinados durante la preparación y el almacenamiento; lavar las manos, los cuchillos y las tablas de cortar después de exponerlos a alimentos sin cocinar; lavar y desinfectar con frecuencia el interior de los frigoríficos. Las personas con alto riesgo de infección, incluidas las mujeres embarazadas, además deberían evitar los quesos blandos, recalentar (hasta que estén muy calientes) las sobras alimentarias y los alimentos precocinados y evitar fiambres si no se está seguro de que hayan sido recalentados adecuadamente”.

    ¿Significa esto que se deban evitar todos los quesos durante el embarazo para prevenir? La respuesta es no. Basta con saber qué quesos no deben consumirse en el embarazo. Tal y como recoge la Dra. en Farmacia y nutricionista Marián García en su blog, más conocida como Boticaria García: “No se deben tomar durante la gestación todos aquellos quesos realizados con leche sin pasteurizar como feta, camembert, brie o los que tienen «moho» como el roquefort. En el etiquetado de todos ellos se indica si están fabricados a partir de leche pasteurizada o no”. También añade “Sin embargo, si los quesos están hechos con leche pasteurizada o se han calentado por encima de los 75º (salsa de roquefort a la que vemos hervir, por ejemplo) su consumo es apto”.

    Los quesos azules, como gorgonzola, stilton, roquefort o el queso azul danés, deben evitarse precisamente por los mohos que contienen. Del mismo modo deben evitarse los quesos de leche cruda, el queso de burgos elaborado con leche cruda, los quesos que contienen en su interior un porcentaje de agua entre el 35 y el 45% (esto se debe a que son elaborados a partir de leche cruda y pasteurizada, y pueden contaminarse) y quesos blandos madurados como el brie o el camembert. En definitiva, se deben evitar los quesos blandos como el brie, el feta y el queso azul, a menos que estén claramente etiquetados como pasteurizados o hechos con leche pasteurizada, tiernos y/o suaves y no pasteurizados.

    Sí podrán consumirse durante el embarazo quesos curados o semicurados elaborados con leche pasteurizada (ya sea de vaca, de cabra o de oveja) y otros tipos de queso que sean pasteurizados.

    En la guía La seguridad alimentaria durante el embarazo de la Consejería de Sanidad y Servicios Sociales de Cantabria apuntan que “la leche y otros productos lácteos son alimentos recomendados en el embarazo, por su contenido en proteínas, calcio y otros nutrientes, siendo aconsejable además que sean desnatados o bajos en grasa”, pero advierten de los cuidados esenciales que hay que adoptar: “Evite el consumo de leche cruda comercializada sin tratamiento térmico, así como de quesos frescos y quesos de pasta blanda (quesos tipo camembert, brie, feta, mascarpone, requesón, madurados con mohos,...) elaborados con leche cruda de cabra, oveja y/o vaca. Consulte la etiqueta de los productos lácteos para saber si han sido elaborados con leche cruda. Si va a consumir estos quesos, asegúrese de que están elaborados con leche tratada térmicamente (pasterizada, esterilizada o UHT) siendo aconsejable adquirirlos enteros y en formato pequeño. Se recomienda no adquirir los quesos en trozos o láminas, pues los cuchillos o cuchillas utilizadas para el corte, así como otras superficies de contacto, pueden haber propiciado la contaminación por Listeria”.

    Por tanto, consumir quesos y otros lácteos en el embarazo sí, pero teniendo muy presentes una recomendación clara: que sean productos pasteurizados.

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