Rabietas en niños: cómo manejarlas y cómo evitarlas

Entre los dos y tres años, los peques llaman la atención a través de las pataletas. ¿Cómo actuar cuando nuestro hijo o hija tiene una rabieta: con firmeza o transigencia?

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    Las rabietas forman parte del proceso evolutivo y madurativo de nuestros hijos e hijas. Surgen entre los dos y los tres años. Según la Asociación Española de Pediatría (AEPED), es la edad de la tozudez, por eso los peques tienen una propensión a las rabietas. ¿Por qué nacen? Estos episodios aparecen, en muchos casos, por una necesidad o deseo de llamar la atención y también por su afán de independencia y por el despertar de la voluntad. La AEPED explica: “Es la época de las explosiones emotivas. Se trata de una edad que implica un importante compromiso educativo de los padres”.

    Emma Pérez, directora del Colegio Europeo de Madrid, recomienda: “Debemos entender que para los más pequeños aprender a controlar sus emociones se convierte en un proceso de aprendizaje sobre el autocontrol. Aquí, la paciencia de los progenitores tendrá un papel protagonista para conseguir que estas habilidades se desarrollen con éxito”.

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    Recomendación experta: el refuerzo positivo

    La experta Emma Pérez aconseja: “No castigar al niño por un berrinche, pues es fruto del malestar. Cuando comience a ceder el llanto podemos atenuar ese buen comportamiento a través de un refuerzo positivo, pero no premiándole, pues el niño debe discernir sus malos comportamientos de los correctos”.

    Aunque nos cueste entre los gritos y los llantos, hay que intentar hablar con él e intentar entender por qué se ha puesto así, pues el niño se sentirá escuchado y comprendido y puede que consigas acabar con la pataleta antes de lo esperado.

    Hay que entender que, en muchas ocasiones, las rabietas aparecen porque el niño está experimentando algún tipo de molestia que no sabe gestionar, ya sea emocional o incluso física, como por ejemplo un incómodo dolor de cabeza. Por ello es importante escucharle para poder saber cómo dar solución a este momento de incomodidad.

    Por ejemplo, si la rabieta ha venido porque el niño se siente frustrado o aburrido en un día en el que, quizá, ha estado mucho en casa o no ha hecho suficiente actividad física, entonces lo mejor es ir a dar un largo paseo o bajarse al parque para que pueda desfogar toda esa energía que utilizando para llorar y gritar. En este caso, estos patinetes para niños ayudarán mucho a que el pequeño disfrute y se lo pase bien.

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    Pautas: ¿Qué hacer?

    Si la pataleta persiste, puede ser buena opción dejarle 5 minutos para que se le pase. Es muy importante actuar con calma y transmitir tranquilidad. Debemos evitar entrar en negociaciones y no ceder al “chantaje”. No hay que olvidar que, a veces, el origen de este episodio puede ser algo tan natural como sueño o cansancio.

    También puede venir dado porque el niño sienta que sus padres no le hacen todo el caso que deberían y es su forma de llamar la atención. Por ello, lo mejor es proponerle actividades lúdicas que podría hacer una vez que se le haya pasado la rabieta y en las que también puedan participar los padres. Por ejemplo, una tarde de cocinar en familia en la que se pueda hacer estas recetas fáciles y sanas que cocinar con niños. O una tarde de esfuerzo y creatividad con estos juegos de manualidades para niños fáciles en los que también pueden participar los adultos.

    Es muy importante saber la diferencia entre hacer un refuerzo positivo o premiarle después de una rabieta ya que puedes dar la sensación a tu hijo de que llorar o patalear puede ser el camino para conseguir lo que quiere. Por ello, lo primero que hay que hacer una vez que has conseguido calmarle es preguntarle cuál ha sido el motivo de la rabieta y darle a entender que te interesa lo que siente y lo que padece para poder buscar juntos una solución que no haga que vuelva a ocurrir en un período cercano.

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