Me suena haberlas visto en más de una ocasión, en casas de mis abuelos, en rincones de campo, en recibidores o incluso como simple decoración en algún restaurante con aire mediterráneo. Nunca me pregunté qué eran y no llegué a saber exactamente qué eran, hasta que leyendo un catálogo de decoración vi que se las hacía mención. Ahora que las miro con más atención, reconozco esa forma inconfundible que siempre había estado ahí sin que yo la identificara del todo.
Las damajuanas llevan toda la vida colándose en las casas españolas de los pueblos más castizos. Antes servían para guardar vino o aceite y hoy se han convertido en uno de esos objetos que se reinventan en pleno 2026. Porque sí, estas damajuanas salen de las bodegas de campo. Lo rústico sigue estando de moda y pocas piezas representan mejor ese aire de casa de pueblo que tanto apetece.
Esa estética es justo la que recoge un jarrón de mimbre que vende Primark por tan solo 9 euros. A simple vista podría pasar por una damajuana de toda la vida, de las que podrías encontrar en una casa antigua y también en un apartamento de Menorca. Sin embargo, es una versión actual que demuestra cómo lo tradicional sigue inspirando las tendencias de decoración, incluso en tiendas mucho más accesibles.
El jarrón de mimbre que arrasa en Primark
Aunque ahora, las damajuanas a las que estamos acostumbrados son aquellas que eliminan su forro de mimbre y conservan únicamente su vidrio transparente, que nos permite ver a través de él. La versión tradicional sigue teniendo un peso muy fuerte en la estética decorativa actual. Esa estructura protegida, recubierta de fibras naturales, es precisamente la que ha inspirado muchos de los diseños que hoy reinterpretan lo rústico desde una mirada más contemporánea.
No es una damajuana, pero no me puedes negar que no se parece. Este jarrón está tejido con algas marinas entrelazadas entre sí, creando una silueta redondeada y un cuello estrecho que recuerda inevitablemente a esos antiguos recipientes. Su acabado refuerza esa sensación artesanal que conecta directamente con lo mediterráneo y con esos interiores que buscan parecer vividos, cálidos y sin artificios.
Yo ya he visto por Pinterest e Instagram cómo este tipo de objetos adquieren nuevas vidas y usos. Son floreros, jarrones e incluso lámparas de mesilla, aunque esta última me parece más enrevesada, pero no imposible, y así lo muestra la influencer de reformas y decoración “Diariodeunareforma”.
Me encanta que todo lo viejo vuelva, porque tiene ese algo especial de las segundas oportunidades. Piezas que parecían olvidadas vuelven y se adaptan a nuestro contexto. Encajan perfectamente en casas que no tienen nada que ver con las de antes. Lo rústico, lo artesanal, lo vintage y lo imperfecto vuelven a tener sentido.













