Esta semana la Feria de Abril ha copiado portadas de revista, perfiles en redes sociales y titulares en las principales cabeceras. Nadie ha querido perder de vista el que se ha convertido en uno de los acontecimientos sociales por excelencia para nuestra sociedad, especialmente para esas influencers que broncean su piel a conciencia y esculpen sus cuerpos a la medida de un traje de flamenca.
De entre todos los elementos que componen el buen hacer de la sevillana, no solo los trajes de flamenca se llevan la atención. El Patio de los Naranjos es, si cabe, un símbolo más grande de la idiosincrasia de esta ciudad andaluza. Y, evidentemente, todas las mujeres sevillanas tienen este símbolo de las naranjas, sea o no la Feria de Abril. Sobre todo a la hora de adecuar su casa con la llegada de la primavera.
Porque si algo ha dejado claro la evolución de la feria en los últimos años, es que no todo sucede bajo el albero ni entre farolillos. Hay una antesala casi íntima, que empieza días —a veces semanas— antes, y que convierte los hogares en una extensión más de la caseta.
El mantel más andaluz de H&M
Dio la casualidad de que el otro día en un H&M de La Castellana descubrí el mantel que bien podría exhibirse en los patios andaluces. Me pareció precioso e indagando sobre él, descubrí que había sido confeccionado en una mezcla de lino y algodón, lo que se traduce en algo muy concreto: buena caída, resistencia al uso y una textura agradable sin resultar rígida.
Por un lado, el lino aporta ese acabado natural y ligeramente irregular que viste la mesa sin necesidad de añadir mucho más, y por otro, el algodón facilita el mantenimiento y lo hace más práctico para el día a día. A nivel estético, funciona especialmente bien si buscas una mesa cuidada pero sin exceso: el fondo en tono crudo combina en cualquier comedor, y el estampado vegetal —ramas, hojas y toques florales en verdes y naranjas suaves— introduce color sin saturar.
Más allá de lo visual, para mí lo interesante de este mantel está en cómo responde cuando se usa de verdad. Porque una cosa es que quede bien en stories y otra muy distinta que aguante una comida larga, varias copas de vino y ese ir y venir constante de platos. Aquí es donde la mezcla de lino y algodón juega a favor: no se arruga en exceso, no resulta delicado en el mal sentido y se puede lavar sin miedo a que pierda forma o color.
También tiene algo importante que muchas veces se pasa por alto: es versátil. Funciona igual de bien en una comida improvisada entre semana que en una mesa más pensada de fin de semana. No resulta imprescindible que estemos en época de Feria para que luzca, sino que puede resultar perfecto independientemente de la ocasión. Con una vajilla blanca queda limpio y luminoso; con piezas más coloridas, hace de base y equilibra el conjunto.
Otro punto a favor es el tamaño y la caída. Cubre bien la mesa sin quedarse corto ni arrastrar en exceso, algo clave cuando hay comensales moviéndose o niños alrededor. Ese equilibrio hace que la mesa se vea ordenada sin resultar rígida, que al final es lo que se busca tras el 'Mírala cara a cara': algo cuidado, pero vivido. Precisamente funciona porque, para usarlo, no hay que dar muchas vueltas.












